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miércoles, noviembre 09, 2016

Cada día es del ladrón, Teju Cole


Trad. Marcelo Cohen
Acantilado, Barcelona, 2016. 143 pp. 16 €

Ignacio Sanz

Tengo un desconocimiento oceánico de la literatura africana. Claro que la literatura se ve cada vez más sometida a influencias internacionales. Pero no, pese a todo, cada país tiene unos rasgos, una idiosincrasia que le diferencia. Leí en su día algún libro de Wole Soyinka, el combativo caballero Soyinka, nigeriano como Cole y, como él, muy vinculado con Estados Unidos. Por eso no sabría decir si estamos ante un autor nigeriano o ante un autor norteamericano que nació en Nigeria. Algunos de los capítulos de este libro dejan un aroma que recuerda los relatos descarnados del realismo sucio. Tampoco sabría decir si estamos ante un diario de vacaciones, ante un libro de viajes o ante una novela que rezuma picaresca y bandidaje a pequeña escala. El autor, médico de profesión, tras casi veinte años fuera de su país, vuelve a casa para encontrarse con sus familiares. Antes de regresar, en las oficinas del consulado donde acude para agilizar el papeleo, comienza el calvario, es decir, los pequeños sobornos, las mordidas que prácticamente ya no abandonan el libro hasta el último capítulo. Y todo se produce con cierta normalidad. Como se producían en la España en tiempos de Franco. Los funcionarios ponen la mano porque cobran unos sueldos miserables y todo el mundo acepta que hay que sobrevivir con los pequeños sobornos que tanta desconfianza crean en el ambiente porque nunca se sabe dónde está el tope. Desde el funcionario de aduanas, hasta el oficial del ejército o el guardia municipal. Todo el territorio es un campo minado. Por supuesto que tienen también grandes corruptos como los nuestros, pero esos, cuando se extralimitan en su codicia y les pillan, van a dar con sus huesos a la cárcel. Robar sí, pero en sus justas proporciones.
Me ha venido muy bien leer este libro porque, sin salir de casa, me ha trasladado a Nigeria, a sus costumbres, a su modo de vida, a alguna de sus ciudades superpobladas, especialmente a Lagos que casi alcanza los 13 millones de habitantes, a sus cíclicos accidentes de avión, a sus sistemas de transporte terrestre, a sus comidas, a su hospitalidad, a su religiosidad, a sus ladrones despiadados, de la misma manera que En la Patagonia, de Bruce Chatwin, me llevó a conocer de primera mano una de las regiones más desoladas y literariamente más atractivas del cono sur americano.
Y todo escrito a lo largo de 27 capítulos en los que el autor se hace eco de su vida cotidiana, de sus movimientos, sus paseos por los museos, sus reencuentros con los viejos amigos y familiares. Algunos de estos capítulos podrían funcionar como cuentos breves. Ahí está la gracia para no caer en el costumbrismo, para trasladar al lector la emoción y la sorpresa. Además de escribir, Teju Cole se dedica a la fotografía de manera que intercaladas entre los capítulo del libro ha ido dejando unas cuantas imágenes que nos ayudan a completar la visión de este rompecabezas caótico en trance de transformación que es Nigeria. Sorprende por la amenidad y la eficacia narrativa, pese a que a veces resulte descorazonador saber que hay mucha gente en el mundo que, más allá del clima tropical, no acaba de salir de los pequeños infiernos en los que, por mor del subdesarrollo, se han convertido sus países.

lunes, diciembre 07, 2015

Todos deberíamos ser feministas, Chimamanda Ngozi Adichie


Literatura Random House, Barcelona, 2015. 62 pp. 4,90 €

María Dolores García Pastor

Desde sus comienzos la nigeriana Chimamanda Gnozi Adichie ha mostrado su interés por la cuestión negra y femenina, presente en toda su obra. Su primera novela La Flor Púrpura (Grijalbo, 2004) trataba la cuestión de los malos tratos en el seno de una familia tradicional nigeriana de clase alta. En sus otras dos novelas, Medio sol amarillo (Mondadori, 2007) y Americanah (2014), y su volumen de relatos Algo alrededor de tu cuello (Mondadori, 2010) ha seguido retratando ambos temas. Su activismo en estos dos campos es de sobras conocido, tanto que en el año 2012 dio una conferencia sobre feminismo en TEDx en Euston. El libro Todos deberíamos ser feministas es la transcripción de esa conferencia que actualmente puede leerse a modo de ensayo.
La exigua extensión del libro frente a lo que uno espera del género, apenas cincuenta páginas, no debe llevarnos a engaño. Se trata de una obra que algunos se han atrevido a calificar de imprescindible por su claridad y contundencia. En ella Adichie aúna los datos objetivos a sus propias experiencias cotidianas, detalles, anécdotas muy visuales, lo cual ayuda al lector a empatizar con su discurso, todo ello aderezado con un inteligente sentido del humor y con un estilo claro y directo. A partir del análisis de los micromachismos de cada día, tan arraigados en la cultura que es difícil percibirlos, muestra que el machismo no es algo del pasado sino que las estructuras machistas perviven en las sociedades de hoy día por muy modernas que se crean.
La autora se declara irónicamente «feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres», rompiendo así algunos tópicos sobre este movimiento social, y se plantea la vigencia del feminismo en la actualidad haciendo una defensa más allá de estos y otros tópicos. El feminismo, dice, no sólo es cosa de mujeres.