lunes, octubre 12, 2015

Poesía completa (1980-2015), Luis García Montero


Tusquets, Barcelona, 2015. 923 pp. 26,50 €

Pedro M. Domene

A nadie le cabe la menor duda del compromiso contraído por Luis García Montero (Granada, 1958) durante sus años de juventud en las aulas universitarias de su ciudad natal, una actitud que se prolonga hasta hoy tras una dilatada trayectoria como el poeta representante de la intensidad sentimental, o de la ironía, que aun se sustenta por una proyección biográfica gestada en la política y la cultura convulsa de los ochenta.
Esta Poesía Completa (1980-2015) reúne todos los libros escritos bajo ese largo y dilatado período de treinta y cinco años, un todo que se concreta en un “ejercicio de memoria y de conciencia”, según el propio García Montero. Y a esta edición, prologada por José-Carlos Mainer, se añade, Además, que reunía en 1994 esas composiciones que el autor calificaba fronterizas en su producción; es decir, versos que convierten su mundo en una explicación, en una visión de lo más irónico y, sobre todo, un amparo; y, también, esos otros poemas nunca publicados en libro que formarían parte de ese carácter fronterizo.
¿Qué va a encontrar el curioso lector en esta voluminosa Poesía Completa? El seguidor de García Montero se reencuentra, con toda seguridad, con el poeta de la vida, del amor, del dolor, alguien que ha sido capaz de dignificar la conciencia individual y el diálogo con sus semejantes, y desde siempre ha reivindicado la conciencia humana y la certeza de haberse dedicado a una noble tarea; y quien apenas lo haya leído, o solo degustado y parafraseado alguno de sus versos, casi la totalidad del magno conjunto de su obra. Un somero acercamiento por algunas de sus inquietudes temáticas, acercará al lector a un García Montero en su perfil lírico. El volumen empieza con uno de sus primeros libros, Poemas de Tristia (1982), una obra del apócrifo Álvaro Montero, un seudónimo con los rostros de Álvaro Salvador y Luis García Montero, una auténtica reflexión histórica, una introspección emotiva, o ese firme compromiso con lo inmediato que se intensificaría en El jardín extranjero (1983), premio Adonais de 1982, y que muy pronto se convirtió en referencia de la joven poesía española a comienzos de los años ochenta. Diario cómplice (1987), se convierte en un cancionero amoroso que desgrana la cotidianidad de un yo poético y construye su discurso en es línea capaz de separar la sinceridad y el artificio, la vida y la literatura. La variedad de registros es ahora mayor, y la pluralidad rítmica tendrá un desarrollo más amplio en Las flores del frío (1991), el siguiente poemario, publicado en un momento en el que convergen importantes cambios en el mapa político internacional, la caída del telón de acero, la disgregación del comunismo, o las tesis neoliberales sobre el fin de la historia. Las vacilaciones ideológicas posmodernas se prolongan en las estancias de Habitaciones separadas (1994), donde un sujeto-viajero transita entre la evocación amorosa, la memoria familiar y el apunte civil. A lo largo de su itinerario, el poeta defiende una racionalidad de ecos neoclásicos, en sintonía con el retorno a la Ilustración, y en Completamente viernes (1998), la presencia del tema amoroso impregna todas las facetas del personaje poético, desde un paseo por la ciudad o una llamada telefónica hasta el propio acto de escritura, y es a sí como extrema el ámbito de complicidad definido anteriormente en su poética, y añade a la epopeya subjetiva del enamorado ciertas dosis de ironía y unas gotas de escepticismo finisecular. La intimidad de la serpiente (2003) disuelve las fronteras entre el sujeto lírico y el sujeto real; el deliberado mestizaje del libro se extiende a su mezcla de tonos, tiempos narrativos y argumentos, materiales sometidos a una cosmovisión unitaria donde se dan cita su visión sobre la identidad, el enlace entre la historia pública y la historia privada, además de una profunda reflexión acerca del sentido de la poesía. Vista cansada (2008), es un libro que evoca las distintas etapas vividas por García Montero, y dedica algunos poemas a la defensa de la política, visto el descrédito absoluto del momento, cuando confundimos política con electoralismo, partidismo, sectarismo y corrupción. Y para una mejor definición, lo que el poeta mismo ha subrayado, «en última instancia, si crear es inventar un mundo y reflexionar sobre él, la creación es inseparable de la conciencia crítica», e insiste, Gla poesía crea preguntas, interroga, busca el matiz, y los panfletos no entienden de matices». Lírica de la cotidianidad contemporánea sería una definición acertada para Un invierno propio (2011), un intento para demostrar que el individualismo es la única opción a la que nos aboca el desamparo generado por nuestra actual sociedad deshumanizada. El carácter autobiográfico es evidente, García Montero reflexiona sobre su labor como escritor, y muchos de sus textos tendrán cierto carácter metaliterario combinado con el tema principal: la melancolía, con un poso de tristeza e incluso de nostalgia.
El resto de estas casi mil páginas de poesía de combate, o de actitud vital, se lo dejo al lector que sabrá sacar, sin duda, partido de uno o mil versos del granadino.