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martes, febrero 10, 2015

Las meninas, Santiago García y Javier Olivares

Astiberri, Bilbao, 2014. 192 pp. 18 €

Fernando Sánchez Calvo

«Maestro: ¿cómo se pinta el aire?», preguntaba allá por 1999 un daliniano Ramón Fontseré en uno de sus delirios a Velázquez, el maestro de maestros, en el montaje que la compañía catalana Els Joglars estrenó sobre el genio de Figueres. «Maestro: ¿cómo se pinta el aire?». O en otras palabras: «Maestro: ¿cómo se pinta el mundo?, ¿cómo se pinta la realidad de la manera más artística posible para convertirla en algo más que realidad?»
Ahí va la pregunta, que no es baladí, y para ello esta vez nos encontramos con una aproximación plástica, la novela gráfica, para desentrañar a partir de la obra cumbre del Barroco español, Las meninas, las ambiciones y dudas que atormentaron al pintor más envidiado de España desde sus primeros pasos hasta su culminación pictórica, humana y espiritual.
Obra de doble sesgo, por una parte el lector puede encontrarse con reflexiones e incursiones metapictóricas que enlazan a los mejores artistas de la historia del arte y el pensamiento, desde Picasso hasta Dalí, desde Goya hasta Foucault, quienes vieron en Velázquez en general y en Las meninas en particular el punto de partida y modelo ideal para empezar su propio camino artístico o intelectual. Por otro lado, la vida del pintor sevillano, con sus luces y sombras, Italia, sus tensiones con el mismísimo Rey de España, su obsesiva ambición por medrar, su anhelada Cruz de Santiago y a la vez convencimientos propios tales como el de que para merecer el perdón primero es necesario pecar; en definitiva, el contexto del siglo XVII, que por sí no sirve para desentrañar los prodigios técnicos de una obra pero sí sirve para intentar comprender por qué un pintor de cámara que comenzó como aposentador real decidió finalmente pintar a Margarita de Austria, un perro y un par de enanos como principales protagonistas de (a la vez) un autorretrato, de (a la vez) un testamento del opulento y pesimista Barroco, de (a la vez) un juego de espejos y perspectivas inversas, de (quizás) una simple reflexión sobre la humanidad y su querencia por dejar rastros y testimonios de su presencia en este mundo. «Todo necio es persuadido y todo persuadido es necio», dijo Gracián y no en balde, pues Santiago García y Javier Olivares han utilizado dicha cita para abrir su aproximación sobre Las meninas, ésas en las que Felipe IV, por aparecer pintado al fondo, reprochó a Velázquez su presencia en dicho cuadro, a lo que el sevillano respondió: «Señor, yo no os he pintado. En el espejo no pinta ningún hombre. En el espejo pinta la naturaleza sin que nuestra mano haga algo».

viernes, diciembre 12, 2014

La Enciclopedia de la Tierra Temprana, Isabel Greenberg

Trad. Olalla García. Impedimenta, Madrid, 2014. 176 pp. 24,95 €

Fernando Sánchez Calvo

Decía Borges que la Biblia era el mejor libro de ficción que había existido nunca. Conociendo su historial de ironías, estoy seguro de que lo dijo para hacer daño y a la vez por puro convencimiento. Unos cuantos siglos después, y sin ser la primera, Isabel Greenberg ha escrito otra biblia, en esta ocasión ilustrada, laica y adaptada a nuestros tiempos. El argumento, sencillo: el hombre del Polo Norte y la mujer del Polo Sur se encuentran, se enamoran, pero debido a una extraña y poderosa razón no pueden abrazarse, besarse, darse de la mano, sentir la piel y el escalofrío que nace debajo de ésta. A tan sólo un metro de distancia pueden verse, pero no tocarse: es como si un dios despiadado hubiera construido un muro de metacrilato entre los dos.
Con este punto de partida, y un trazo y dibujo sencillos, la autora nos introduce en una espiral de narradores que narran las historias que acontecieron a otros narradores que a su vez vuelven a contarnos las historias que otros, de nuevo, decidieron lanzarse a contar. Y todo para explicar por qué una mujer y un hombre pueden amarse pero no corroborar dicha potencia con el acto del abrazo. La palabra en su estado más puro y como creadora del mundo, el mundo como mitología y la mitología como esencia del mismísimo mundo.
La historia es fabulosa. La simple idea de un narrador que no puede dejar de contar fábulas, cuentos y leyendas porque, si se detiene, su vida corre peligro, es ya de por sí magnética e introduce al lector en una sucesión de círculos concéntricos que, como si de hipnosis estuviéramos hablando, le llevan hasta el corazón del asunto, que no es otro que el más sencillo y viejo de los asuntos, el que siempre ha acompañado al hombre y la mujer desde la noche de los tiempos: el amor como origen de todo, y cuando digo todo, es absolutamente todo.
Para colmo, en un alarde de genialidad, la novela gráfica se cierra con unos anexos que amplían algunos datos sobre protagonistas, secundarios e incluso espacios previamente citados. Con ello, la autora consigue convencer al lector de que quizás esos dioses, esos hombres, esos gigantes, pudieron existir de verdad. La única pega, el dibujo, que posiblemente no llegue a la altura de autores como Dave Gibbons, Eddie Campbell o Kelley Jones, pero pensándolo bien, quizás sea sencillo, discreto y revelador como la misma vida que se recoge en los capítulos de esta enciclopedia. Para leer en dos horas, del tirón, sin pausa ni prisa.

miércoles, abril 23, 2014

Los surcos del Azar, Paco Roca

Astiberri, Bilbao, 2013. 328 pp. 25 €

Fernando Sánchez Calvo

En un célebre artículo publicado en El País, Javier Cercas respondió a todos aquellos que abominan de las historias ambientadas en la Guerra Civil (por manidas, sectarias y previsibles) con una sentencia que me pareció, cuanto menos, interesante: «La Guerra Civil es nuestro western». O dicho de otra manera: al igual que los americanos basaron parte de su cultura literaria y cinematográfica en las luchas entre indios y vaqueros, España hace lo mismo con aquellos tres fatídicos años todavía no superados ni siquiera por aquellos que no han vivido ni la Transición.
Y como el tema no está superado, una nueva incursión, esta vez en el terreno de la novela gráfica, aparece publicada con un título que toma prestado un verso de Antonio Machado, poeta, español, exiliado a Francia como nuestro protagonista, Miguel, republicano que lo último que vio de España fue el puerto de Alicante y que, trasterrado, luchó en África y en Europa para liberar a la Francia ocupada a las órdenes de Dronne.
Esta vez, con una línea de corte realista y muy alejada de títulos como Las calles de arena, Paco Roca indaga en la Historia con la técnica del contrapunto o las líneas paralelas. Por un lado el mismo autor viaja a Francia en busca de Miguel, quizás el último superviviente de una columna, la 9, cuya gloria fue quitada por los historiadores para dársela literalmente a los aliados. Por otro lado, el pasado de Miguel recuperado a golpe de recuerdo gracias a las preguntas que el autor va disparando en la discontinua entrevista que tiene lugar en casa del héroe.
De esa manera va avanzando la trama, sencilla, irremediable, recuperando compañeros, amores y familiares (todos ya muertos) que el mismo protagonista, encerrado en el silencio del destierro, no quería recordar. A medida que la memoria fluye, la relación entre documentalista y entrevistado estrecha los lazos de la comprensión. En ocasiones duro (tanto el contenido como el trazo del dibujo), en ocasiones distendido. En general, grandes dosis de documentación y pequeñas porciones de sentimentalismo bien entendido que cumplen con los dos objetivos que recomendaban los clásicos: instruir y deleitar.