Mostrando entradas con la etiqueta Literatura bélica y de aventuras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura bélica y de aventuras. Mostrar todas las entradas

martes, octubre 28, 2014

La calavera del sultán Makawa, Rudolf Frank

Trad. Miguel Jiménez Bravo. Ediciones del Viento, A Coruña, 2014. 336 pp. 18,95 €

Ángeles Prieto Barba

Con motivo del Centenario de inicio de la Primera Guerra Mundial, Ediciones del Viento ha tenido el acierto de publicar esta novela antibelicista. Una delicia narrativa que recoge con detalle todas las lacras de la guerra de modo convincente, en variados escenarios y con distinto armamento, a través de los ojos de un jovencito. No un niño cualquiera, sino un muchacho avispado y milagroso, dueño de una profunda carga simbólica, que nos sirve de espectador, testigo y acompañante especial en este recorrido por los campos de batalla germanos.
No por casualidad nuestro protagonista, Jan Kubitzki, es polaco, aunque de habla germana para poder entenderse con los soldados. Pues sin lugar a dudas, el país víctima por excelencia de la Gran Guerra fue Polonia, estado que perdió todo su territorio por la acción bélica de alemanes, rusos y austriacos. Devastación con la que se inicia el libro, pues el punto de partida de la narración será este joven como único superviviente, junto a su perro Flox, de un bombardeo que devasta todo un pueblo. Por otra parte, otro eje singular y brillante de la novela se encuentra en su mismo título, La calavera del sultán Makawa, cuyo mensaje se nos irá desvelando a lo largo de la misma para que podamos entenderlo. Primero como metáfora, pues después como cruda realidad.
En las primeras páginas captamos ya que nos encontrarnos ante una novela muy inteligente, escrita con ese magisterio de los relatos cortos que conlleva no dejar ni un hilo suelto. Así ocurrirá. Pero también muy veraz, demasiado. Y es que fue escrita muchos años después, y no en el pleno fragor de la batalla, por un soldado alemán que se presentó voluntario a esa Guerra que todos presentían corta, pero que se alargó mucho más de lo necesario, circunstancia que deja su peso en la novela. Por ello, cuestionar no sólo la acción bélica, sino a uno mismo metido en ella haciendo balance, otorga a esta novela verdadera altura moral, además de estética. La identificación del autor con las ingenuas reflexiones del personaje testigo, Jan Kubitzki, será también inevitable porque Rudolf Frank además de alemán, era judío. Y esta novela, publicada en 1931, le acarrearía no pocos problemas dos años después de ponerla en circulación con el ascenso nazi al poder, circunstancia por la que le retiraron el pasaporte, revocaron su título de doctor de leyes y le obligarían a iniciar un largo exilio en Suiza donde permanecería hasta su muerte.
Tras conocer al personaje de Jan Kubitzki, una no puede menos que recordar a Oskar Mazerath, el niño del Tambor de Hojalata (1959) del premio Nobel Günter Grass, en el que sin duda está inspirado. Ya que la personalidad, el mensaje y el propósito de ambas narraciones son similares, no podemos pasar sus coincidencias por alto. La denuncia en esta novela de la sinrazón, la locura, el absurdo y los tintes macabros que caracterizaron a la Primera Guerra sirvieron también para condenar a la Segunda. Pero mucho más a sus impulsores. En mi opinión, La calavera del sultán Makawa es una obra maestra que puede quedar sepultada por el trasiego de libros conmemorativos que hemos tenido este año. De ahí que haya querido realizar esta advertencia para que de ninguna manera se la pierdan.

miércoles, mayo 14, 2014

La iniciación de un hombre: 1917, John Dos Passos

Trad. Elena Sánchez Zwickel. Errata Naturae, Madrid, 2014 168 pp. 12,50 €

Ángeles Prieto Barba

Dada la gran cantidad de libros conmemorativos, destinados a analizar la Primera Guerra Mundial publicados el año anterior y éste, es preciso orientar al lector para no perderse. Pues el mercado editorial nos está proporcionando sobre el tema un catálogo de títulos tan amplio, que hace aconsejable que tengamos previamente una idea clara de lo que estamos buscando. Si queremos un análisis de las causas o que nos detallen las consecuencias, si pretendemos encontrar un manual complejo de historia bélica o un sencillo resumen, si lo queremos bajo la perspectiva de sus propios actores o si optamos por encontrar un juicio o balance justo desde la época actual. Pues bien, para todos aquellos que necesiten enterarse de cómo fue dicho conflicto y que además pretendan que esta narración venga de la mano de una pluma excelente, con valores literarios, esta será una opción excelente. Con la debida advertencia de que encontrarán también otra Iniciación por parte de la editorial Gallo Nero, publicada tan sólo un mes antes. Distingan.
Antes que nada, vamos a situarnos. Aunque escrito en tercera persona, este es un libro autobiográfico que relata las andanzas de un joven Dos Passos, quien con sólo 21 años y sin estar de acuerdo con la entrada de Estados Unidos en el conflicto, se enrola voluntariamente en la Cruz Roja como camillero y de este modo acude al frente. En el libro, tomará el nombre de Martin Howe quien, a través de tomas cinematográficas, pequeñas escenas distanciadas en el tiempo, nos narrará perfectamente lo que está observando, escuchando y viviendo. Por ello estoy convencida de que estas memorias encubiertas agradarán a aquellos lectores con cierta solera literaria, desde el mismo momento en que éstos constaten que estamos en los inicios de lo que luego desarrollaría magistralmente en el Manhattan Transfer, estructura que más tarde copiaría Camilo José Cela en La Colmena.
Esto en cuanto a los valores literarios de un libro publicado en 1919, terminada la Guerra y con tiempo suficiente para la revisión y corrección de un manuscrito muy descriptivo, donde abundan las adjetivaciones. Respecto al contenido y su trascendencia histórica, hemos de tener en cuenta que los lectores actuales tenemos una concepción de muy cinematográfica de la guerra. Es decir, si pensamos en ella, de inmediato se nos viene la imagen de soldados corriendo y gritando a bayoneta calada mientras a su alrededor estallan los obuses. Pero esto es un error, lógico y propio de quiénes no hemos estado en ninguna, por lo que este volumen de Dos Passos nos puede servir mucho para que la contemplemos de una manera más amplia y exacta, siendo conscientes de que el enfrentamiento bélico es de corta duración y mientras no se produce hay tiempo para otras actividades: paseos, charlas, reflexiones y bromas incluidas en el libro. Todo esto lo vamos a encontrar en este volumen que se inicia a bordo del barco que lo trae hasta Europa y que indudablemente, desde esas primeras páginas, constituye un alegato contra la guerra que podemos percibir no sólo en las valoraciones personales: «¿Acaso aceptaba toda esta pestilencia, inmundicia, degradación y esclavitud como parte del orden divino de las cosas?», sino también en el propio trabajo del autor-protagonista que, como camillero, consiste en recoger en heridos en muy mal estado, prácticamente muertos. La compasión hacia los prisioneros, el sueño del socialismo liberador y el deseo de un mundo mejor no faltan tampoco en estas páginas donde se resguardan un tanto las esperanzas de cara al futuro. Hoy sabemos que otra guerra, la nuestra en concreto, se encargaría de abrir los ojos a Dos Passos y arrebatárselas definitivamente. Es por ello que felicitamos a Errata Naturae tanto por la edición como por ese brillante epílogo añadido que nos hace cerrar este libro aún con más satisfacción y provecho.

miércoles, enero 15, 2014

Almirante en Tierra Firme, José Vicente Pascual

Áltera 2005, Barcelona, 2013. 258 pp. 17,50 €

Ángeles Prieto Barba

Si nos acordamos del Capitán de mar y guerra de Patrick O'Brian, con ese apuesto pero inventado Jack Aubrey, interpretado en la película de Peter Weir por el guapísimo Russell Crowe, no podemos menos que contrastarlo con este Almirante en Tierra Firme: don Blas de Lezo y Olavarrieta, el más brillante y capaz estratega de la historia de la Armada Española. Con la particularidad de que este “mediohombre”, tras cumplir con su deber de militar, ya no era hermoso. Mucho antes había dejado ojo, brazo y pierna por su patria. Por lo que también concluimos que la Rule Britannia y sus ciudadanos otorgan honores y reconocimientos a sus héroes.
Tanto, que hasta llegaron a acuñar en 1741 una medalla conmemorativa donde Blas de Lezo aparecía arrodillado (imposible, cojo como estaba) e implorante ante Edward Vernon, haciendo el ridículo por completo porque el almirante británico, con su impresionante flota de 186 naves y 28.000 hombres, recibió la del pulpo en resumidas cuentas, teniendo que volverse sin poder tomar Cartagena de Indias, defendida por 3.600 hombres y solo 6 navíos. Hay diferencia. Después de esto, a Blas de Lezo tuvieron que rehabilitarlo porque el virrey Eslava incluso llegó a pedir su ajusticiamiento por incompetencia, mientras que Vernon aún sigue enterrado en la abadía de Westminster. Así somos y esta es la historia verdadera. Vayamos a la novela de José Vicente.
En primer lugar, es preciso destacar su claro enfoque didáctico, porque relatarnos el asedio a Cartagena de Indias, episodio crucial de la llamada “Guerra del Asiento” o “Guerra de la oreja de Jenkins” (1739-1748), respectivamente, no es fácil. Debemos tener en cuenta que no se resolvió en una única batalla naval, sino en tres ataques sucesivos en tierra que fueron rechazados con notable valor. Es por ello que el autor se sirve de un personaje sencillo para relatarnos de manera clara todos estos episodios, en flashback: Miguel Santillana, un criado que surge de la propia calle, simpático, parlachín, espabilado y contrabandista, que aprovechará su servicio a Lezo para rehabilitarse y también, para comparecer como testigo en su causa veinte años después, donde relatará todas las hazañas. Una estratagema narrativa que resulta eficaz en su desarrollo, ante todo porque surge de un novelista no solo bien documentado, también muy curtido tras dos grandes premios y una veintena de novelas publicadas con éxito, históricas principalmente.
En segundo lugar, disfrutaremos también de un lenguaje muy cuidado, pero rico y ameno, sugerente y evocador. En la antítesis total de quiénes pretenden pasar de la televisión o las revistas del corazón a la literatura en raudo tránsito mágico, y a los que descubrimos por el empleo abusivo de diálogos cortos e inanes y por la constante presencia de tópicos y lugares comunes en sus redacciones. En este sentido tanto b, como su voz narradora o alter ego, Miguel Santillana, se contagian sin dudarlo del pundonor de Blas de Lezo para llevar a cabo ambos esta novela, su trabajo bien hecho. Pues al fin y al cabo en ese, y en ningún otro propósito, se encuentra la forja de los héroes. Concedámosle pues una lectura atenta y respetuosa, emocionante. Nuestro mejor Almirante, el de Tierra Firme, lo merece.