lunes, enero 23, 2017

Solo con invitación: De la vida vulgar, Fernando Sánchez Calvo


Triskel Ediciones, Sevilla, 2016. 178 pp. 13 €

Fernando García Maroto

Aparecida casi simultáneamente junto con su segundo libro de cuentos (no olvidemos que Los nombres propios de la pared vio la luz en la primavera de este mismo año), De la vida vulgar es la primera novela, y esperemos que no la última, del madrileño Fernando Sánchez Calvo.
Dani, el singular protagonista de esta historia familiar, vive esperando la muerte de su padre, enfermo terminal; pero en su cuaderno de notas, como anticipación evidente de lo que va a suceder, y también como catarsis tal vez estéril, su padre ya ha muerto. Y es que Dani será incapaz de soportar y hacer frente a esta muerte tan crucial en su vida, como también lo es en la vida de todos.
Egoísta, misógino, quizá misántropo, despreciable e incapaz de comunicarse o entablar cualquier tipo de relación afectiva no sólo con sus semejantes (ente colectivo muy abstracto) sino también con el resto de sus familiares o amigos, Dani va cayendo por un precipicio de autodestrucción y miseria del que difícilmente podrá escapar.
Su vida real no le parece suficiente, no le parece satisfactoria; y en su cuaderno de notas es donde va teniendo lugar esa otra vida que Dani quiere llevar, sin saber, o tal vez intuyéndolo en el fondo, que ni esa vida ni otra le servirán, porque, como él mismo dice, “no es de este mundo”.
Las mujeres de su vida, que son muchas y todas más fuertes y decididas que él, no conseguirán salvarlo. Estos personajes secundarios, que para Dani no son otra cosa que satélites atrapados en su hipnótico campo magnético, orbitan alrededor del protagonista constantemente, como contrapunto indispensable a semejante personaje, del que no esperamos otra cosa que su merecido castigo (aunque habría que comprobar la capacidad y la autoridad de cada uno de nosotros para lanzar la primera piedra que dé el pistoletazo de salida), pues el gran oficio del autor consigue que el personaje principal de la historia no inspire ternura ni piedad, pero siempre queremos saber más de él.
Y todo esto, que es tan duro y doloroso, que sería complicado soportar en otras circunstancias no tan literarias, Sánchez Calvo nos lo cuenta como mejor sabe hacer: la novela fluye sin apenas darnos cuenta, con tres capítulos iniciales fantásticos que constituyen un punto de partida inmejorable; los personajes, gracias a sus palabras, parecen estar vivos, y de este modo es mucho más sencillo comprender sus motivaciones y sus penas; los guiños y los símbolos, amén de ese gusto por el juego y las reglas que le son propias; el sentido del humor (marca de la casa) trufa el texto con pinceladas justas y necesarias, como las que podemos encontrar en los delirios de Dani en varios capítulos de la novela; y los diálogos, siempre los diálogos, donde sobre todo, aunque no única y exclusivamente, nuestro autor demuestra sus tablas y su oficio.
En definitiva, una novela no tan breve ni, desde luego, tan vulgar como para que no podamos disfrutarla como se merece, con calma, con perspectiva, con la seguridad de que pasaremos un rato divertido mientras dure el viaje de la lectura y también después, porque Dani y las demás, aunque esto pueda ser casi una amenaza dadas las circunstancias, formarán ya parte de nuestra familia.


Fernando Sánchez Calvo: «Una cosa es ser sentimental y otra un llorón literario»


Llega a nuestras manos la primera novela de Fernando Sánchez Calvo, De la vida vulgar(Triskel Ediciones, 2016); donde volvemos a encontrar la voz singular de este autor madrileño, así como buena parte de los temas que le son tan caros. Una vez más, y ya van dos, desde este blog, le agradecemos que nos dedicara un poco de su tiempo para responder a este breve cuestionario.

Esta novela, De la vida vulgar, supone su primera incursión en este género narrativo. ¿Se ha sentido más cómodo, ha disfrutado más con ella que con los cuentos?
—Se puede decir que he disfrutado de la incomodidad de la primera vez. Más habituado al cuento, cuya estructura y trabajo es más implosivo, parecido a un poema, me he deleitado con el “dulce sufrimiento” que supone enfrentarte a un técnica, una extensión, que en principio no dominabas. Aun así, tenía la estructura de ésta ya trazada, lo cual ayuda, y mucho. No es que el cuento no necesite una planificación, pero con que te ronde diez días por la mente es suficiente. En cambio, en la novela me he tenido que poner a dibujar, como si fuera un arquitecto, la estructura previamente.


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