lunes, noviembre 14, 2016

Tu amor es infinito, Maria Peura


Trad. Luisa Gutiérrez Ruiz
Sexto Piso, Barcelona, 2016. 208 pp. 18 €

Ariadna G. García

La narrativa finlandesa lleva unos años pegando fuerte en nuestras librerías. Dejando al margen al mítico Artoo Paasilinna, en el último lustro se han traducido las novelas de Sofi Oksanen (Purga, 2011; Cuando las palomas cayeron del cielo, 2013), Riikka Pulkkinen (La verdad, 2012), Tuomas Kyrö (Vatanescu y la liebre, 2014) y Katja Kettu (La comadrona, 2014). A esta nómina acaba de sumarse otra voz singular, la de Maria Peura (1970). Si hay un denominador común en las jóvenes escritoras finlandesas es la potencia de su estilo, con una clara propensión a la metáfora para ocultar la dura realidad que se describe. A ninguna de estas mujeres le tiembla el pulso a la hora de relatar sus historias, violentas y dramáticas. En el caso de Peura, Tu amor es infinito afronta el tema de la pederastia y la violencia doméstica. La modalización es interna, Saraa –de apenas siete años– nos narra en tiempo presente sus vivencias en casa de los abuelos maternos, cerca de Rovaniemi (Laponia). Su relato es altamente lírico, con tendencia a la evasión surrealista y al buceo dentro del inconsciente. Este rasgo de estilo obedece tanto a la ingenuidad de la narradora como a su desesperado intento de escapar –siquiera por medio de la imaginación– de unas experiencias dolorosas y humillantes. Peura describe a la perfección las contradicciones afectivas de la niña, su rico mundo interno dominado por una naturaleza que cobija y abriga. Los propios lectores sentirán la paradoja de caer bajo el hechizo de unas palabras, a menudo, cargadas de sensualidad, al tiempo de repeler aquello que connotan. La traducción de Luisa Gutiérrez es muy meritoria, pues el juego de imágenes, así como la intrincada red de emociones que teje el relato, suponían un reto de difícil ejecución. Lirismo, oraciones simples y canciones infantiles son la base técnica de un libro demoledor, tremendo por lo que tiene de real, por lo que denuncia de nuestras –en apariencia– modélicas familias y sociedades. Que nadie se fíe, parece decir la autora, del blanco de la nieve: bajo la pulcritud se esconde un lodazal.