miércoles, noviembre 16, 2016

Las chicas, Emma Cline


Trad. Inga Pellisa
Anagrama, Barcelona, 2016. 342 pp. 19,90 €

Salvador Gutiérrez Solís

Cada cierto tiempo nos anuncian a bombo y platillo el nacimiento de una nueva estrella literaria que ha de convertirse en el faro del futuro, y en demasiadas ocasiones el queroseno dura mucho menos de lo previsto y la estrella deja de brillar, hasta desaparecer en el agujero negro del olvido. Es una historia frecuente, recuerdo estrellas que no soportaron el big bang, abrasadas por la artificial y premeditada llamarada inicial. Jamás volvimos a saber de ellas. Esa primera luz también fue la última.
No sé si Emma Cline será en el futuro una estrella sin luz, un nuevo agujero negro olvidado, un juguete roto por la mercadotecnia y las excesivas y abusivas expectativas, puede que sí, quién sabe, pero también puede que suceda justamente lo contrario. Esa respuesta la tiene el tiempo y las futuras obras que esta escritora pueda ofrecer. Lo tangible, lo real, lo evaluable es este presente que encontramos en Las chicas (The girls), una formidable novela, brillante hasta lo inolvidable en algunos pasajes, estructuralmente perfecta y de una original tal que la convierte en una pieza única, desde un punto de vista argumental.
Es difícil abstraerse a toda la onda expansiva que rodea a esta novela: vertiginoso y vitoreado debut literario, críticas de inusual grandilocuencia, mareantes cifras, adaptación cinematográfica –apuesto por Sofía Coppola-, juventud de la autora, etc, pero aún así, teniendo presente tan amplia y descomunal carta de presentación, Las chicas muestra a una autora, Emma Cline, muy habilidosa, rigurosa, profunda, cuando así lo requiere la situación, y con mucho talento. Ese talento que se siente a la primera y que el artificio es incapaz de recrear. Hay mano, buena mano, hay pulso, hay Literatura en esta su primera obra.
Es fácil deducir, en Las chicas, que bajo Rusell se esconde Charles Manson, ese líder mesiánico, lisérgico y atroz de finales de los sesenta que pasó a ocupar un lugar destacado en la Sala de los Horrores tras el asesinato de siete personas, la actriz y modelo Sharon Tate entre las víctimas, pareja del director de cine Roman Polansky. Sin embargo, Rusell ocupa en Las chicas un lugar secundario, ya que son las chicas que le rodean, especialmente Suzanne, cabeza visible, las relaciones que establecen, el día a día de la secta, la vida en el rancho y el tránsito de la adolescencia a la juventud los grandes protagonistas de la novela.
Narrada en dos tiempos a través de su protagonista, Evie, adolescente en 1969, madura en la actualidad, Las chicas alterna la poética sensualidad con el desgarro feroz de la violencia, así como la explicación de los hechos mediante la exposición de sus protagonistas, todos ellos propietarios de vidas desestructuradas, con la turbadora representación de una realidad descarnada y macabra.
Curiosamente, coincide el lanzamiento de Las chicas con la emisión de la teleserie Aquarius, protagonizada por David Duchovny (el legendario agente Mulder de Expediente X), donde se recrean los últimos meses de Charles Manson y su secta, desde una perspectiva policial. Y mientras la serie recorre la primera superficie de lo acontecido, Emma Cline se atreve a descender a las alcantarillas, a las raíces, de esas chicas greñosas y felices que danzaban alrededor de Rusell. Una deslumbrante novela construida a partir de una historia formidable, mediante una narración tan hermosa como precisa.