miércoles, septiembre 21, 2016

Alguien debería escribir un libro sobre Alejandro Sawa, Pepe Cervera


Menoscuarto, Palencia, 2016. 192 pp. 16,90 €

Bruno Marcos

No engaña a nadie el autor de este libro cuando lo titula Alguien debería escribir un libro sobre Alejandro Sawa porque, efectivamente, él no lo ha hecho. Por otro lado libros hay sobre Sawa, de hecho el que algo nos haya llegado sobre su figura y peripecia vital se ha debido a que cundieran los escritos sobre él, pues su obra cayó en el olvido.
El gran mérito de Sawa fue servir de inspiración para uno de los personajes más importantes de nuestras letras, el Max Estrella de Valle-Inclán en Luces de Bohemia. Lo que a uno le intriga y le ha llevado a leer este libro y cuanto sale de Sawa es la permanente actualidad que encuentra en esa obra de Valle y, por consiguiente, en la personalidad de Sawa. Seguramente se deba este interés a que lo que se pone en ella a la vista sigue y permanece, la frustración del talento contra la realidad, la ridiculez de la aspiración por la belleza en medio de lo grotesco y la putrefacción social en los bordes mismos de la poesía.
Los retratos de Sawa abundan. Están los de Baroja, no sólo en el Árbol de la ciencia donde lo ridiculiza, sino también en sus memorias, donde sigue ridiculizándolo, aunque antes él lo había calificado de invertebrado intelectual, explicando que el vasco era así porque jamás la escultura soñó hacer cariátides con tuberculosos. Cita Pepe Cervera la biografía de Amelina Correa que es demasiado seria, como si Sawa se la mereciera como un escritor cualquiera y no como lo que es ya, un arquetipo. Se echa en falta en este libro de Cervera, por ejemplo, a Rubén Darío, uno no recuerda que se hable del magnífico prólogo a su libro póstumo Iluminaciones en la sombra, que lo pinta tan bien resumiendo con un esbozo preciso el drama y la gloria de Sawa en página y media. También acusa uno poca presencia de Cansinos Assens que, aunque por edad lo trató poco, lo saca en escenas muy gráficas y habla de la época y de los hermanos de Sawa, también muy pintorescos. Y de su diario, el antes señalado Iluminaciones en la sombra, de donde se extrae que Sawa fue también otra cosa, no sólo un histrión, viéndose una sensibilidad suya no exenta de realismo, de autocrítica o de preocupaciones sociales, y donde sorprende lo moderno que es.
Pero todos estos reproches al autor están fuera de lugar porque el título avisa de que no se trata de un libro sobre Sawa. El título, más bien, exhorta a otro autor, alguien, para que escriba lo que él no ha escrito. Lo que tenemos es el relato del intento por hacer un libro sobre aquel bohemio, es decir un diario de escritura, en el que finalmente Cervera se une a Sawa, no como estudioso sino como autor, un autor acompañado por otro. Cervera, abatido, escribe al final un pensamiento que muestra su preocupación real, la escritura misma: «A lo largo de estos últimos meses, bastante más a menudo de lo que creo oportuno reconocer, he dudado sobre mi propio talento. (…) El libro que pretendía escribir no es más que agua entre los dedos. Yo debería contarme entre esos cien que apunta Montaigne, por inútil y por inepto.»
Con Alejandro anda el autor por las páginas de este libro, pero es difícil estar más abatido que el perdedor bohemio. En sus últimos momentos dejó escrito este estremecedor párrafo: «Vivo en este Madrid más desamparado aún, menos socorrido, que si hubiera plantado mi tienda en mitad de los matorrales sin flor y sin fruto, a gran distancia de toda carretera. Creyendo en mi prestigio literario he llamado a las puertas de los periódicos y de las cavernas editoriales y no me han respondido; (…) ¿Es que un hombre como yo puede morir así, sombríamente, un poco asesinado por todo el mundo y sin que su muerte como su vida hayan tenido mayor trascendencia que la de una mera anécdota de soledad y rebeldía en la sociedad de su tiempo?».