jueves, junio 19, 2014

Michel Foucault y el poder. Viajes iniciáticos 1, Gilles Deleuze

Trad. Javier Palacio Tauste. Errata Naturae, Madrid, 2014. 168 pp. 18 €

Fernando Ángel Moreno

En este mes en el que se cumplen treinta años de la muerte Michel Foucault, acaecida un 25 de junio de 1984, aumentan las publicaciones sobre su obra. Entre todas ellas, una de las más interesantes es sin duda la que edita las transcripciones de las clases que el filósofo Gilles Deleuze impartió sobre el pensamiento del «historiador del poder» al poco tiempo de su muerte.
Cabe por tanto hablar aquí del autor de quien Foucault dijo: «Algún día el siglo será deleuziano». Deleuze es uno de los filósofos más influyentes de la segunda mitad del siglo pasado. Entre otras líneas de pensamiento, defendió una visión rizomática de la búsqueda del conocimiento, es decir, mediante asociaciones no jerárquicas, sino horizontales. Esta visión era complementaria en cierta medida a la manera en que Foucault pretendía que se estudiara la historia. No es, por tanto, casualidad la influencia de ambos en movimientos políticos y sociales, muy activos en nuestros días, que defienden la horizontalidad como base de su funcionamiento.
Por otra parte, se ha llegado a afirmar que Deleuze fue tan buen intérprete como teorizador. Desde luego, aquí se comprueba esa cualidad, pues sus explicaciones sobre la teoría del poder de Foucault no dejan de ser una muestra de lucidez o, al menos, de fructífero diálogo con el pensamiento de su compañero.
En este primer volumen se recogen tres clases. Se puede hacer un poco árida la primera, en cuanto a las referencias a diagramas que no vemos y al conocimiento matemático que se nos exige a los iletrados de letras. Recordemos que son meras transcripciones de un discurso en un aula. Pero si se hace el esfuerzo o, sencillamente, se pasa a las dos siguientes, habrá recompensa. Deleuze desgrana la manera en que el saber (y todo cuanto lo rodea) mantiene problemáticas e inevitables relaciones con el poder: «No existe saber sin poder y no existe poder sin saber». Para ello, explica ambas categorías desde un punto de vista abstracto. Ahondar en estas relaciones implica entender todo un microcosmos de las relaciones humanas, imprescindible para comprender las grandes tendencias sociales. Todo empieza en los individuos y termina en los individuos, aunque nos hayamos acostumbrado perniciosamente a pensar en términos generales.
En este sentido, se describen con dureza algunas de las bases y de las consecuencias de «Mayo del 68», muy interesantes para leer nuestra propia situación política actual. Así, ahonda en los tipos sociales de lucha y los juegos de poder que estos originan, a partir de «una triple cuestión: las nuevas formas de lucha, el nuevo papel del intelectual y la nueva subjetividad». Deleuze defiende con ello el papel de la singularidad sobre el de la universalidad, de la acción sobre el concepto: «Un campo social no se define por una estructura. Se define por el conjunto de sus estrategias».
Por otra parte, incide en la necesidad social de las leyes. En este sentido, realiza una interesante contraposición entre legislación y normativación. Esta división lleva a una crítica clave en el libro de Foucault Vigilar y castigar: el problema más complejo es el de la normativización de individuos, de separarles entre lo «normal» y lo «anormal» sin verdaderos sustentos reales.
Como aglutinante de todo ello, encontramos la idea de que nadie tiene el poder, sino que se ejerce y se deja o no que ejerza. Son los principios básicos de la teoría del poder de Foucault, aquí explicitados, desglosados, aplicados a una realidad social que nos toca directamente.
Al fin y al cabo, Deleuze y Foucault no se limitaron a explicar el mundo, sino que intentaron transformarlo a partir de estos principios con su París VIII, la Universidad de Vincennes, que fundaron en 1968 y que prescindía de exámenes y de todo tipo de control académico o reconocimiento oficial de títulos. Por desgracia, ciertas diferencias enturbiaron su amistad, aunque no la mutua admiración.
Para quien disfrute del pensamiento abstracto y de las relaciones entre el poder, la sociedad y el individuo, resulta imprescindible profundizar en las palabras de ambos pensadores.