viernes, enero 27, 2012

Daisy Sisters, Henning Mankell

Trad. Francisca Jiménez Pozuelo. Tusquets, Barcelona, 2011. 511 pp. 20 €

María Dolores García Pastor

El escritor Henning Mankell es mundialmente conocido por su serie de novelas negras protagonizadas por el inspector Kurt Wallander. Pero no menos relevante es su faceta de hombre comprometido y luchador por los derechos humanos que le ha hecho implicarse en numerosas causas. Mankell entrega parte de sus ingresos a organizaciones solidarias y se implica tanto en esas causas que, en ocasiones, ha llegado a poner en peligro su vida por ellas como cuando formó parte de la llamada flota de la Libertad que pretendía llevar ayuda humanitaria a la Franja de Gaza.
De esa vertiente humanitaria y comprometida han surgido también numerosos libros con transfondo social. Entre ellos podríamos destacar el ensayo Moriré, pero mi memoria sobrevivirá, en el que reflexiona sobre el impacto del SIDA en África, o la trilogía compuesta por las novelas La ira del fuego, El secreto del fuego y Jugar con fuego, en la que nos acerca a la complicada vida de las mujeres africanas. Daisy Sisters, su último libro traducido al castellano, se podría englobar dentro de esa parte de su obra destinada a denunciar y dar visibilidad a la injusticia. Se trata de una historia habitada por mujeres que pelean por sus derechos, que se enfrentan valientemente a sus problemas en un mundo de hombres y que poco a poco llevan a cabo sus conquistas cotidianas en el largo camino hacia su libertad.
El libro se publicó por primera vez en el año 1982 en sueco y está ambientado en la Suecia de la segunda mitad del siglo XX, concretamente entre la Segunda Guerra Mundial y las crisis económicas de finales de los años 70. Cuentan sus biógrafos que la idea de este libro nace a raiz de una reunión de operadoras de grúas celebrada en el municipio sueco de Borlänge en la que se pusieron sobre la mesa la complicada situación y la problemática de estas mujeres en la década de los 80. Mankell estaba allí. En la novela el autor nos muestra la vida de diferentes mujeres de clase obrera que toman sus decisiones condicionadas siempre por la presencia y el poder que ejercen sobre ellas los hombres y por lo que les supone el quedarse embarazadas y tener hijos. En concreto tres generaciones de mujeres de la misma familia que se enfrentarán de diferente manera al mismo problema: un hijo no deseado a muy temprana edad y siendo solteras. Sobre ellas caerá indefectiblemente la presión social y la discriminación por cuestión de género.
La historia se inicia con un breve prólogo y está dividida en cinco capítulos. Cada uno de ellos corresponde a un año, 1941, 1956, 1960, 1972 y 1981. Las elipsis, como se deduce a simple vista, son importantes. El libro se inicia con el viaje, casi iniciático (encontraremos alguno más a lo largo del libro), de dos muchachas a través de la frontera sueca en pleno conflicto bélico. Son las Daisy Sisters, como ellas se autodenominarán. Lo que sucederá en esos días determinará la vida de una de ellas y dará pie a lo que vendrá después. Es el origen de la verdadera protagonista. A partir de ahí van apareciendo diferentes personajes, la mayoría femeninos. Mujeres de clase trabajadora que sufren la discriminación y los abusos de los hombres, que deben luchar por todas y cada unas de las cosas que hacen, por llevar adelante cada una de sus decisiones. Mujeres que se equivocan, caen y vuelven a levantarse en una época en la que la mujer estaba supeditada al hombre, primero al padre y luego al marido, en un tiempo en el que darle una bofetada a la esposa estaba bien visto y la violación dentro del matrimonio no era considerada como tal. Sólo hay dos personajes masculinos que alcanzan cierta relevancia y van más allá de su papel de meros secundarios. Se trata del abuelo Rune y de Anders, el viejo cómico. Ambos destacan por su humanidad entre un elenco formado por hombres machistas y en muchos casos violentos.
Mankell escribe desapasionadamente, como un meticuloso notario que hace constar en acta los hechos y lo hace incluso en los momentos más duros o los más emotivos. No oculta ni minimiza las partes más sórdidas de la historia pero tampoco se recrea en ellas, de igual manera que no pone miel innecesaria. No hay juicios de valor, ni éticos ni morales. Y como suele ocurrir en otras de sus obras se observa un desarrollo de la acción algo irregular; cuando parece que nos encamina hacia un lado da un giro y se va hacia otro. Tardamos al menos dos capítulos en saber quién es la verdadera protagonista o hacia donde se encamina la historia. Y Eivor, la protagonista de Daisy Sisters, no es una heroína al uso sino más bien todo lo contrario, una mujer que se equivoca, que cae en los mismos errores una y otra vez pero que, pese a todo, sale adelante, resurgiendo cual ave fénix de sus muchas tragedias cotidianas.

jueves, enero 26, 2012

El erudito de las carcajadas, Jin Ping Mei II

Trad. Alicia Riquelme. Atalanta, Girona, 2011. 1620 pp. 48 €

Ignacio Sanz

A los chinos, tan comedidos y circunspectos, tan protocolarios, también se les calienta la sangre. Cómo no. Aunque, a veces, nos cueste creerlo desde nuestra perspectiva. Todo lo que nos ha llegado de Oriente ha venido filtrado por el peso de los rituales. Tanto en Japón como en China. Esas inclinaciones de cabeza tan ceremoniales que nos hablan de respeto y distancia. Por ello, nos creíamos que no perderían el control y mucho menos las formas. Pero no. Por suerte, cuando un chino se desata la coleta, se olvida de los viejos protocolos y obedece a las viejas pulsiones de la sangre, que nos igualan como personas.
El erudito de las carcajadas es una novela erótica, la primera novela erótica china. Antes de ser publicada en 1617, sus capítulos circularon sueltos de mano en mano para escándalo de algunos bienpensantes. Es, por tanto, una novela coetánea de El Quijote. Mucha aventura y mucha intriga recorre sus páginas descaradas y descarnadas en las que el sexo juega un papel fundamental.
Pero no solo el sexo abierto recorre sus páginas. También las costumbres. Era inevitable. En ese sentido la novela refleja una sociedad estamental muy jerarquizada. Cada personaje está muy marcado en función de la procedencia o del cargo que ejerce. Es decir, que nadie puede saltarse a la torera las normas. Aunque se las saltan. Por ahí comienzas los conflicto que derivan en una intriga riquísima. Hay muchas pendencias y mucho pendenciero salpicando las páginas de esta novela gigantesca en la que los personajes entran y salen como en las clásicas comedias de enredo.
«Este bribón es un monje. ¿Cómo puede ser que, en lugar de observar las reglas de la prudencia, pases las noches con una prostituta y bebiendo vino, alterando el orden de mi territorio? Asistente, lleváoslo y dadle veinte bastonazos. Queda revocado el certificado de ordenación y deberá regresar a la vida laica. En cuanto a la prostituta de la familia Zheng, que le apliquen el aprieta-dedos cincuenta veces y que regrese al prostíbulo, donde quedará al servicio de este tribunal.»
Es un párrafo elegido casi al azar, pero cuyo contenido supongo que sonará a los lectores familiarizados con cierta obras de nuestra tradición occidental, especialmente con La Lozana Andaluza o con La Celestina.
A veces el lector se pierde entre tanto enredo, entre tantísimo personaje como entra y sale, pero la lectura deja un regusto amigable y la certeza de que, pese a las formas, los hombres tenemos las mismas pulsiones y parecidos afanes, ya vivamos en Dinamarca o en Guinea Ecuatorial.
Buena parte de la narración está salpicada de poemas de aliento lírico que nos sitúan en una sociedad que muestra gran respeto por la naturaleza. Las ilustraciones muestran, a veces de manera descarada, las posturas que adoptan los amantes en los momentos de la coyunda.
En definitiva, El erudito de las carcajadas es una rara joya, una obra caótica, traducida y anotada puntualmente por la profesora Alicia Riquelme Eleta, un libro que tiende puentes entre dos culturas que han vivido de espaldas durante siglos y que ahora, por lo que parece, comienzan a mirarse de frente y hacerse cosquillas. Sea bienvenida.

miércoles, enero 25, 2012

Generación Tch!, Benjamín Escalonilla

Planeta-Booket, Barcelona, 2011. 334 pp. 8,95 €

Miguel Baquero

Antes de entrar en los aspectos literarios de esta novela, la primera de Benjamín Escalonilla (Barcelona, 1970), es preciso referirse a su parte “técnica”, a lo que la hace diferente respecto a otras obras que se editan en la actualidad. Publicada por primera vez en formato e-book, y concebida en gran parte para explotar las inmensas posibilidades de este nuevo modelo, Generación Tch! es una novela que, por ejemplo, presentaba en su primera edición electrónica numerosos hipervínculos a lo largo de las páginas para que, por medio de estos “links”, el lector digital pudiese acceder a contenidos visuales, musicales y de otro tipo. Al hacer su trasvase al papel, se han procurado conservar estas posibilidades. Así, el lector digamos “tradicional” o “gutenberguiano” se encuentra, al pie de algunas páginas, con direcciones web que teclear (si es su deseo, por supuesto) en el ordenador (si lo tuviera, también por descontado), a cuyo conjuro entrará en una páginas donde no solo se le muestran temas musicales, canciones o grafismos relacionados con la novela, sino también un blog en el que se mantiene la ficción se podría decir de forma ilimitada, porque dicho blog es, en la ficción, el diario o pseudo-diario que el protagonista sigue una vez concluida la acción de la novela. En resumen, es una muestra, quizás la primera, la más adelantada, de cómo la literatura puede llegar a cambiar no sólo en su práctica sino también en su concepción debido a las nuevas tecnologías. En este sentido, no hay duda de que Generación Tch! tiene un valor indiscutible.
Pero, evidentemente, este aspecto “técnico” apenas si tendría valor, más allá de lo curioso, si no estuviera acompañado por un componente “literario”. Y ateniéndonos solo a esto (evidentemente, el lector puede transcurrir a lo largo de la novela, en papel y en e-book, sin la necesidad de recurrir a estas herramientas tecnológicas) el lector encuentra que al fondo de ese despliegue novedoso hay una historia con sustancia y contenido, una historia, incluso, contada con el buen estilo y la sutileza psicológica de las novelas de siempre. En Generación Tch! se nos habla de un grupo de jóvenes a punto de dejar de serlo que discurren por la treintena pensando difusamente en “hacer algo”, en actuar u organizarse de algún modo contra los excesos del mundo comercial e industrial que nos rodea. Pero en el fondo, quizás, es también una rebeldía contra el tiempo que pasa, contra las viejas amistades que tienden a disgregarse, contra los gustos y las aficiones, que ya no tienen la frescura de otros tiempos. Incluso las relaciones amorosas caen ahora en unos largos silencios incomprensibles, en unas actitudes más tenues y calmosas que no son a las que los protagonistas estás acostumbrados. Y como recurso ante esta opresión indefinible surge un colectivo de lucha, de acción, de pegada de carteles, escándalo en los mítines, sabotaje de actos públicos… lo que sea que, de cualquier forma, los pueda redimir.
Es curioso que, debido a los avatares editoriales, Generación Tch! haya coincidido casi en el mes de su publicación con otra novela, como Ejército enemigo, que trata también de esto, de la reacción contra el sistema mediante la organización de un colectivo, colectivo que en la novela que nos ocupa no es tan violento y radical como en la de Alberto Olmos, sí en cambio más emotivo, ingenuo y esperanzado. Pero, por supuesto, lo que más asombro causa es que ambas obras coincidieran, durante el tiempo de su escritura la una, y ya editada la otra en formato e-book, con el movimiento 15-M, que, en gran manera y de una forma masiva como ambos autores nunca hubieran imaginado, vino a plasmar en la realidad toda esa inquietud.
No tengo duda de que en ambos casos estamos hablando de la existencia de un “signo de los tiempos”, de una fiebre en el aire que los escritores interesados en su realidad y sensitivos, creadores que andan con las antenas desplegadas, saben captar de una forma asombrosa. En el caso de Generación Tch!, esa recepción ha dado lugar a una novela viva, divertida, muy bien elaborada, con unos personajes de gran carga psicológica, una creación que no deja de causar sorpresa, aún más teniendo en cuenta que se trata de una primera novela, por la forma en que el autor ha conseguido dar forma a ese ambiente sociológico y hacerlo creíble y literario a través de sus personajes.

martes, enero 24, 2012

Sólo para gigantes, Gabi Martínez

Alfaguara, Barcelona, 2011. 408 pp. 18,50 €

Amadeo Cobas

Conocí la escritura de Gabi Martínez al leer (y reseñar para este mismo blog) su obra Sudd, y descubrí a un narrador talentoso, con gran pericia a la hora de graduar la tensión narrativa, sabiendo interpolar giros inesperados e imaginando situaciones casi inverosímiles, muy bien resueltas. A la par me sorprendió la estructura de su obra, sólida sobre una trabazón muy bien armada e inatacable partiendo de los rudimentos más básicos en esto del escribir. En Sólo para gigantes hay más oficio aún. ¿Por qué? Porque trazar la biografía de alguien es un camino delicado y largo que amenaza con volverse un páramo, un desierto jalonado por media docena de acontecimientos fundamentales en la vida del biografiado, que es la esencia única que alcanza a retener el lector. Magro premio tras muchas y tediosas páginas…
Esto no sucede aquí, desde luego. Porque Martínez utiliza una amalgama de géneros para diversificar y dar interés a su texto. Recrea pasajes transcribiéndolos como le fueron contados, y no por ende desdeña ficcionar para dar vida a lo oscuro; narra con omnisciencia al tiempo que recaba las opiniones de quienes conocieron a Jordi Magraner, el biografiado (no faltan entrevistas con la madre y hermanos del fallecido, sin ir más lejos); poetiza y engalana con citas el libro, mas no olvida la furia causada por un asesinato todavía impune (para lo que se vale de revolver entre las cartas que enviaba a la familia, el diario que escribía Magraner, a la sazón que intenta rescatar confesiones directas de sus allegados en tierras asiáticas). En resumen, para dar una visión más plural sobre los pensamientos de este naturalista se mete en la piel del escritor que investiga aunque no le asusta arriesgar su propia vida en esta investigación. ¿Qué logra con ello? Traer luz a la historia y un homenaje más que merecido.
Y es que en esta biografía Gabi Martínez nos traslada el mundo convulso en el que le tocó vivir al protagonista, en una región a caballo entre las tradiciones y desconfianza de las tribus pakistaníes y el ascenso fundamentalista de los talibanes en Afganistán. Un mundo y un proyecto de búsqueda al que casi siempre le sobraba ilusión y le faltaban recursos económicos; un mundo extraño para un occidental tildado de «cazabarmanus», aislado y con necesidad de fijar alianzas afectivas para combatir la inmensa soledad que oprime en las montañas a quien no tiene más compañía que sus perros alaskan malamute.
«Tendimos la lápida sobre el cemento y adornamos el contorno con piedras bien escogidas. No hubo discursos. Permanecimos dos, quizá tres minutos en silencio frente a la tumba. A las 18.59 abandonábamos la necrópolis.» Así de sencillo es a veces un recuerdo, así de lejano en la distancia; por eso es tan importante dar a conocer esta biografía y a este estudioso ya desaparecido: Jordi Magraner.
«Gorilas de montaña, grandes babuinos, elefantes pigmeos, caballos remotos…, cada cierto tiempo se descubren especies animales que se creían extinguidas o que sencillamente eran ignoradas». Desde esta premisa, sumada a una inquietud científica se puede partir a la búsqueda del barmanu, el hombre salvaje, el hombre velludo, el hombre de las nieves, el yeti («en tibetano, yeh significa bestia salvaje, teh, lugar rocoso»), llamémosle como queramos. Conociendo este dato podemos partir de la mano de Jordi Magraner, el investigador de origen español que se instaló en Pakistán, en concreto en las montañas del Hindu Kush, para localizar a este ser, vestigio de tiempo pretérito, eslabón más que perdido en el mundo actual, «reliquia» (según definición del científico ruso Boris Porchnev). Homínido del que se encontró un ejemplar, homo pongoides, denominado comúnmente hombre congelado por ser éste el estado en el que fue hallado, estudiado por el zoólogo Bernard Heuvelmans (quien inventó el término criptozoología para definir la disciplina que versa sobre el estudio de los animales ocultos). De estos antecedentes se nutre Magraner y se lanza a la aventura para lograr pruebas científicas de su existencia.
Tiene la obra de Gabi Martínez la virtud de despertar el interés por estos temas. En mí lo ha hecho. Si quieren saber más les recomiendo una visita a la página www.jordimagraner.com, creada por su nieta como un reconocimiento a este valiente, a este intrépido que arriesgó (y perdió) su vida por desvelar uno de los misterios zoológicos más tiznados de controversia. ¿Existe o es una fábula? Opine cada cual como quiera. Lo que es impepinable es que especies animales nuevas son descubiertas hoy en día: tiburones de un solo ojo, ranas dentadas, murciélagos, hormigas… En fin, para más información escriban en el buscador de www.nationalgeographic.com lo siguiente: «Halloween pictures: 9 spooky new species found».
Se sorprenderán…

lunes, enero 23, 2012

Richard Yates, Tao Lin

Trad. Julio Fuertes Tarín. Alpha Decay, Barcelona, 2011. 229 pp. 19 €

Cristina Consuegra

Richard Yates, el popular autor norteamericano responsable de Revolutionay Road (1961), da nombre a la última novela de Tao Lin, el jovencísimo escritor neoyorquino que tiene despistado a medio planeta con su inestabilidad literaria y sus singulares (auto)promociones. En Richard Yates, su autor nos presenta una historia que se debate entre la ambigüedad literaria y el agnosticismo de todo pelaje, y cuyo argumento resulta tan sencillo —chico conoce chica y poco más— que te hace desconfiar de lo leído, incluso de la finalidad de las palabras. Y es que cuando pensábamos que este escritor ya lo había hecho y dicho todo por captar la atención de los medios –espero que también piense en los lectores- con actos promocionales de singular extravagancia, Tao Lin lanza toda su artillería pesada para ofrecer un artefacto literario, otro juguete más con el que poder especular y experimentar.
En la que es su segunda novela, el ejercicio de la ficción queda reducido a la mínima expresión, depuración excesiva que se debate entre la premeditación, asunto que abordaré al final de esta crítica, o el abuso de la célebre goma de borrar borgiana. Richard Yates cobra vida gracias a los diálogos, mejor dicho, al intercambio de emociones y situaciones a través de un chat de Gmail entre una adolescente, Dakota Fanning, y un joven, Haley Joel Osment (sí, el niño de El Sexto Sentido), emociones a través de las cuales transcurren las vidas anodinas, aún por exprimir, de ambos protagonistas, y que abarcan todo el espectro posible de estados de ánimo, sus temores, inseguridades y frustraciones. La ausencia de descripción irrumpe en la historia como consecuencia del uso efectista del chat como motor narrativo, y las referencias, totalmente previsibles, no aportan mucho a la construcción de los personajes estereotipados.
Por lo tanto, qué decir sobre este libro, recurrir a una lectura lógica afirmando que es un título plano que no aporta nada al panorama narrativo, o hacer una parada en esta travesía Lector-Richard Yates-Escritor para reflexionar en torno al hecho creador. Desechando opciones inertes, la lectura en torno a la creación permite considerar la premeditación y sus circunstancias como latitud expresiva a la que Tao Lin intenta llegar. Consciente quizá de la época que vivimos, un tiempo en el que la cultura del esfuerzo no se valora, ni el conocimiento, en el que las habilidades sociales merman y el análisis crítico se diluye entre miles de palabras lanzadas al ciberespacio, Tao Lin, ofrece un libro acorde a esta realidad, por lo tanto, el debate no creo que deba centrarse en si es o no un mal libro, sino en torno a esa extraña pericia que el autor ha demostrado al facturar un objeto que parece hacer suya la teoría crítica de Baudrillard sobre el arte, según la cual dicha disciplina, como la escritura abyecta de Tao Lin, se edifica sobre la impostura y cuya intención reside en reivindicar el sinsentido de un tiempo.