lunes, septiembre 10, 2007

El corazón helado, Almudena Grandes

Tusquets, Barcelona, 2007. 933 pp. 25 €

Pedro M. Domene

Almudena Grandes (Madrid, 1960) revisa una época importante de la reciente historia de España y se permite una auténtica lección porque, entre otras muchas, nos descubre las sombras de un dramático pasado familiar en una monumental y ambiciosa novela de casi mil páginas. Julio Carrión, miembro de la División Azul y hombre de negocios durante el franquismo, deja, a su muerte en marzo de 2005, una gran herencia y abundantes episodios desconocidos del pasado que uno de sus hijos y una misteriosa joven tendrán que desvelar. Un relato sobre una de las muchas páginas de nuestra historia reciente que nos devuelven, una vez más, la mirada a nuestra guerra civil, el vergonzoso exilio, la larga postguerra o la España democrática de hoy. Y todo para rescatar de la memoria alguna de esas sombras que asolan a nuestro pasado, para desenterrar —o dejar enterrados para siempre— la miseria y el dolor de tantas generaciones.
El corazón helado (2007) es una novela, como ha escrito la propia Almudena Grandes, «sobre la memoria y la reelaboración sentimental, ideológica y moral de la historia».
El entierro de Julio Carrión desencadena y justifica todo el relato, sobre todo arrojará nuevas luces sobre un conflictivo pasado tras la aparición de Raquel Fernández Perea, una desconocida que junto a Álvaro, hijo del difunto, llevará a cabo la reconstrucción de algunos de los episodios más oscuros en la vida de ambas familias para así saldar las cuentas de una cruel verdad nunca desvelada. Al margen de la anécdota inicial, de la verdadera historia a contar, como telón de fondo, como verdadera trama, con una arquitectónica y majestuosa estructura narrativa por la que Almudena Grandes merece un señero puesto en las letras españolas contemporáneas, sobresalen la crónica sobre la rebelión militar, con abundantes datos y una perfecta ambientación, la defensa y caída del Madrid republicano, la derrota de la capital y las consecuencias posteriores, incluida la venganza, la represión, el expolio, los asesinatos y el exilio como otro de los muchos apuntes interesantes para leer sin descanso El corazón helado.
Dos narradores alternativos tomarán la palabra a lo largo de la narración, y esto fundamentalmente para contar el haz de historias que culminarán en una sola.
Divida en tres grandes partes, los capítulos impares son los narrados por Álvaro Carrión que cuenta cómo se produce su enamoramiento de Raquel y el posterior descubrimiento de su pasado. Los capítulos pares están contados por un narrador omnisciente en tercera persona encargado de reconstruir, fragmentariamente, la historia de los Fernández, con sus avatares en la guerra civil y sus desgracias, su paso por los campos de refugiados en el país vecino, su resistencia en la II Guerra Mundial, la pérdida de sus propiedades en España y su regreso al país como tantos exiliados tras la muerte del dictador. Ambas voces tejerán la densa y compleja historia que Almudena Grandes ha querido contar, permitiéndose esa alternancia narrativa para podamos seguir la vida de ambas familias, el sufrimiento individual de muchos de los personajes retratados y sobre todo, esa visión de las dos Españas, imagen tan denostada durante décadas.
La sombra del realismo más galdosiano planea sobre esta novela río, tanto por la estructura narrativa como la complejidad de las historias familiares y la caracterización de sus personajes: Julio Carrión, oportunista, que muy pronto se apuntó a los vencedores, Ignacio Fernández, íntegro en su actitud humana y política, Teresa González, maestra republicana y mujer luchadora, Paloma Fernández, portadora de esa gran tragedia y, sobre todo, los protagonistas Álvaro y Raquel, salvados, después de todo, por la fuerza del amor.
Almudena Grandes ha escrito una obra de una indiscutible fuerza narrativa, repleta de vida, con esas pasiones y sentimientos opuestos que le otorgan a su desmesurada extensión el valor de las grandes obras, sin que por ello no estemos obligados a señalar que la conveniencia de haber podido aligerar algunas de sus partes para nada hubieran rebajado el auténtico valor de una de sus mejores obras.

3 comentarios:

Miguel Pérez Díaz dijo...

Pues habrá que leerla. Saludos.

gonzalo dijo...

Novelón. Indispensable. Aunque pueda parecer que AG quiera saldar cuentas con el pasado (a veces lo parece y me alegro por ello), la historia de Alvar y Raquel es lo sufcientemente fuerte como para no perder protagonismo frente a los avatres de la república, la guerra y la dictadura.

Anónimo dijo...

Como se le nota el ramalazo "progre"... que pena dan los progres, que se creen, ellos, tan listos, tan buenos ... tan progres, tan "polanquitos" ... qué bonito... qué penoso ....