miércoles, junio 22, 2016

Como caminos en la niebla. Los impetuosos días de Otto Gross, José Morella


Stella Maris, Barcelona, 2016. 264 pp. 19 €

Bruno Marcos

Lo que más sorprende al empezar a leer esta novela es que se presenta como un copión cinematográfico, es decir, como una colección de fragmentos o notas sin ordenar cuyo montaje ha de producirse en la mente del lector a medida que pasa las páginas. No está mal pensado este sistema narrativo habida cuenta de que el libro relata la aventura investigadora de un personaje que quiere hacer una película sobre Otto Gross, figura heterodoxa de los inicios del psicoanálisis que avanzó hacia posturas anarquistas y defendió, entre otras cosas, la emancipación femenina, la liberación sexual, así como el consumo de drogas y que, además, puso en práctica buena parte de sus teorías experimentando con su propia vida.
Esta serie de textos breves nos relata la evolución de Otto, pero también la de un sinfín de personajes adyacentes a su historia, todos ellos con peripecias vitales llamativas e ideas sorprendentemente actuales, embrionarias de buena parte de las inquietudes sociales que se pusieron sobre la mesa en el siglo XX y que se mantienen en ella hasta la actualidad. Estos personajes en conjunto, constituyen un auténtico yacimiento de posibles futuras biografías, noveladas o no, apasionantes unas y otras, cuando menos, curiosas. La del progenitor de Otto, por ejemplo, Hans Gross, padre de la criminalística moderna, pero muchas otras como la de Gusto Gräser, el primer «hombre natural», Otto Rank, amante de Anaïs Nin, Rudolf Von Laban, coreógrafo vanguardista que lo acabó siendo del nazismo, o Edward Bernays, sobrino de Freud que inventó la publicidad subliminal usando los descubrimientos de su tío sobre el inconsciente pero al revés. También pasan por estas páginas figuras relevantes que aquí aparecen como personajes secundarios como Franz Kafka, Carl Gustav Jung o el mismísimo Sigmund Freud.
Se ve que Morella ha investigado mucho y que esa investigación le ha absorbido y fascinado hasta el punto de tener que incluir un relato paralelo de todo ese repertorio de raros maravillosos a pie de página. Resulta muy especial el tratamiento que el autor les da porque no cae en lo paródico ni en lo dramático, y eso tiene que ver mucho con cómo pinta a esos personajes, con una pincelada de clínica y otra de comprensión, es decir con mirada aguda y naturalidad, como un médico bueno.
La tesis general del libro sustenta un manifiesto desencuentro entre padres e hijos, entre familias convencionales y ovejas descarriadas que quieren vivir la vida de otra forma y en toda su plenitud, y, en definitiva, se trata de la relación entre represión y patología psicológica. Resulta especialmente interesante la referencia a la vida comunal en la que participa Otto Gross en Monte Verità, al norte del lago Maggiore, que desde 1900 fue lugar pionero del vegeteranismo, el nudismo, el socialismo primitivo y utópico, además de sanatorio innovador en toda suerte de terapias. Por él pasaron muchas personalidades de la intelectualidad europea de principios del siglo XX.
El gran valor de esta novela, para este lector, está en la redacción de un colorido políptico que ensancha nuestra percepción de la condición humana y de las diversas posibilidades de afrontar la vida. Se ve gráficamente, por ejemplo, en la deliciosa enumeración que hace el autor de todos los seres humanos que pasan por los cafés en los que vive Otto, o, a lo largo del libro, en los sucesivos retratos de los dispares personajes desprejuiciados, geniales y disparatados que acuden a Monte Verità.
Meditándolo bien uno se da cuenta de que esta es una novela sobre psicoanalistas pero que, además, es una novela psicoanalítica, una novela que psicoanaliza la cultura y al propio psicoanálisis. Lise, la supuesta nieta de Otto, no le ha contado nada de su historia familiar a su hija resultando esta una persona llena de convenciones y supersticiones religiosas que se escandaliza por todo. Otto Gross, los suyos y los de Monte Verità fueron arrojados fuera de la historia oficial, prácticamente borrados y olvidados, lanzados al inconsciente del inconsciente. Otto, más que como un simple yerro científico, aparece así como una posibilidad solapada por aquellos mismos que pretendían que todo aflorase, que nada quedase oculto, para alcanzar la salud psíquica. El autor de esta novela pone de manifiesto que hay que hablar del pasado ya sea este familiar, social, político o cultural, para poder afrontar el presente.