viernes, enero 01, 2016

El ocaso de la aristocracia rusa, Douglas Smith


Trad. Jesús Cuéllar Menezo. Tusquets, Barcelona, 2015. 512 pp. 24 €

Ángeles Prieto Barba

Nos estamos acostumbrando a emplear la palabra “genocidio” para aplicarla a cualquier matanza colectiva. Es un error, pues este término jurídico propio del siglo XX, tiene como fin identificar al delito que resulta de la persecución sistemática y criminal de un determinado grupo social, étnico o religioso, buscando su completa aniquilación. Fue el caso claro de judíos y armenios, con sobradas pruebas documentales de lo ocurrido que han sido ampliamente difundidas, muy especialmente en el caso de los primeros: el Holocausto. Pero hubo otros. La Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría y el aislamiento internacional contribuyeron a que sólo después de la glasnost, en la tardía fecha de 1988, comenzáramos lenta y masivamente a conocer en Occidente los salvajes atentados a los derechos humanos ocurridos en la URSS. Poco a poco, llegaron a nuestras manos los testimonios escalofriantes de Solzhenitzyn, Grossman o Shalámov para dejar constancia de lo ocurrido allí de 1934 a 1953, periodo en el que fue masacrado en los campos de Siberia un millón largo de personas. Es por ello que, con toda propiedad, a lo ocurrido con la nobleza rusa, grupo social que fue sistemáticamente expoliado, perseguido y asesinado hasta su completa aniquilación, puede y debe denominarse genocidio.
A esta idea responde el título original del gran estudio historiográfico que aquí analizamos: Former people. The final days of the russian aristocracy. Algo más largo y menos formal que el elegido para su traducción española, pero que sin embargo responde mejor a lo que nos quiere transmitir, puesto que hablamos de personas despojadas no sólo de sus riquezas, sino de todo lo que fueron, de sus vidas y sus cuerpos. A estas alturas de la Historia tomar constancia de lo ocurrido es necesario, aunque nos parezca inconcebible que un Estado, máxime en la situación de analfabetismo masivo y crisis de subsistencia permanente en que se encontraba la recién creada URSS, prescindiera de sus ciudadanos más útiles y mejor formados, con mayor dominio de idiomas extranjeros, médicos, abogados y profesores que fueron asesinados tan sólo por haber nacido en el seno de una familia nobiliaria. Como si uno pudiera elegir donde y cómo nace.
Este libro no es un manual de historia clásico y tradicional, huye acertadamente de macrocifras y generalizaciones, ya que contamos con estudios colectivos serios sobre la época, el estalinismo o el Gulag. Por el contrario, obedece más bien a los criterios de la Escuela de Annales y podemos encuadrarlo claramente en la Historia de las Mentalidades. Elaborado por un historiador norteamericano especializado, analista durante más de treinta años de asuntos soviéticos, el libro nos detalla el destino de dos familias nobiliarias características: los Sheremétev y los Golitzin. Los primeros se cuentan entre los más antiguos, ricos e influyentes representantes de la aristocracia rusa; los segundos conformaron una familia mucho más extensa y modesta pero en cuyas filas se encontraba Serguéi, que nos dejó un testimonio excepcional, e imprescindible para este trabajo, sobre las terribles vicisitudes sufridas por los suyos.
Un aspecto a destacar es la estructuración del libro detallando lo ocurrido a ambas familias por estricto orden cronológico para no perdernos, ya que se inicia con el proceso de descomposición del Imperio desde el Domingo Sangriento (enero 1905) hasta la actualidad. Así, la participación rusa en la Primera Guerra Mundial, donde la nobleza jugó un papel destacado, la crisis de subsistencia inmediata y la generalización de las huelgas, el asesinato de Rasputín, la Revolución de febrero, el fracaso del gobierno moderado de Kerenski, la Revolución de octubre y el inicio de las purgas, el asesinato del zar, la Guerra Civil, la muerte de Lenin, la colectivización agraria y el Gulag se nos presentan por etapas progresivas en la escala del horror, para todos aquellos que no quisieron abandonar su país, despojados por ello de toda riqueza y de todo derecho humano hasta la aniquilación. Historias que nos encolerizan por el afán de rapiña que llevan aparejadas, ya que ni a los cadáveres respetaron, pero que también nos impresionan por las lecciones de dignidad y pundonor de las víctimas, fieles a su tierra en todo momento.
Pasearnos por el impoluto y lujoso metro de Moscú, sabiendo que el marmóreo suelo de sus estaciones más antiguas está conformado por las lápidas arrancadas de las tumbas de estos nobles olvidados, no será lo mismo tras leer este libro. Conocer este episodio sepultado de la historia de la humanidad nos parece primordial para no repetir sangrientos errores totalitarios.