viernes, noviembre 15, 2013

Sorgo rojo, Mo Yan

Trad. Ana Poljak. El Aleph, Barcelona, 2012. 520 pp. 20,95 €

Verónica Aranda

El Premio Nobel de literatura 2012, Mo Yan, es uno de los autores más prohibidos y pirateados de la China actual. Sorgo rojo —publicada en 1987—, que se hizo popular gracias a la adaptación cinematográfica del aclamado director chino Zhang Yimou, es quizá su novela más representativa. Encuadrada dentro de la llamada “Literatura de las raíces” y ambientada en la China rural de los años 20 y 30, en la provincia de Shangdong, nos cuenta la historia de una familia a lo largo de varias generaciones. La joven Jiu’er es obligada por su padre a casarse con un leproso que posee una próspera destilería de sorgo. Se enamora de Yu Zhan’ao, un porteador, y ambos se rebelan contra el destino que les han impuesto.
La novela arranca en los años 30 con la guerra chino-japonesa, en la que luchan el abuelo —el comandante Yu Zhan’ao— y el padre del narrador. Maneja dos planos: los grandes acontecimientos de la memoria colectiva y los acontecimientos privados de la saga familiar, en una China legendaria donde aún impera el feudalismo y en las aldeas reinan los señores de la guerra y los bandidos. Gran parte de la narración la ocupa el conflicto bélico, donde se plantea una doble tragedia: la invasión japonesa de China y los desencuentros de los propios chinos, enfrentados entre sí. Se describen sucesos terribles como la quema de la aldea por parte de las tropas japonesas, castigos como el desollamiento, traiciones, violación, muertes violentas… La barbarie del ser humano no tiene límites y conduce a la devastación y la muerte en masa de civiles. Mo Yan plasma esta realidad sin tapujos y no faltan pasajes de una desgarrada crueldad. El hombre se va animalizando y acaba comiendo carne de perro salvaje para pasar el crudo invierno.
Cabe resaltar la técnica magistral del Nobel chino, que narra la historia a través de continuos saltos temporales y cambios de puntos de vista. Hay incluso escenas claves repetidas desde una voz diferente. Las descripciones del paisaje natural y de los personajes están impregnadas de un intenso lirismo donde abundan las sinestesias que despiertan los sentidos. Encontramos pasajes muy cinematográficos, como la escena del cortejo nupcial, en la que contemplamos la realidad a través de la cortina del palanquín de la novia. Llama la atención que el protagonista absoluto de la novela y su hilo conductor sea el sorgo, un cereal fundamental en la vida rural china. Servía de alimento e ingrediente para un vino fuerte y está vinculado a la identidad y al pasado, siendo el símbolo del espíritu tradicional de Gaomi Noreste. En un campo de sorgo rojo se funden los protagonistas y engendran al padre del narrador. En tiempos de guerra el sorgo es testigo de las luchas cruentas, sirve como trinchera y sus tallos se aplican sobre las heridas o sobre el cadáver de Jiu’er, que cae en el campo de batalla, convirtiéndose en una de las heroínas de la guerra sino-japonesa.
«El miedo es lo único que borra la idea de libertad», afirma el autor. Y Sorgo rojo, al fin y al cabo, es una especie de parábola sobre la valentía, o la forma de encontrarla en un escenario donde reinan el miedo y la destrucción. Sus personajes aspiran a liberarse de las tradiciones ancestrales y del sistema de castas.
Puede parecer contradictorio que Mo Yan, pseudónimo que significa “no hables”, escriba una novela tan extensa, plagada de pequeños detalles y tramas. Pero el autor tiene un mensaje claro que lanzar: la búsqueda de las raíces y la identidad. Es necesario volver a la tierra y aprender de la lucha de los antepasados, supervivientes en un mundo hostil. Una novela que deja una profunda huella en el lector.

3 comentarios:

Francisco Concepción dijo...

Busco tiempo para leer algo de este premio Nobel. Está en mi mesa de noche hace tiempo.

Gabino Barrera dijo...

No sólo quien no aprende de su historia está condenado a repetirla, sino que desconocer nuestro origen y carecer de noción alguna de identidad nos condena al errabundeo ontológico. Además, por sí mismo, escribir en China es todo un logro.

Y su comida es rica.

gonzalo dijo...

Leí este libro y me fascinó a pesar de su violencia explícita. Cuando lo terminas se queda dentro mucho tiempo. Pero, ¿ no crees que la traducción es francamente mejorable ? Supongo que traducir del chino debe ser terrible, pero hay frases enteras que chirrían. Un saludo