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lunes, marzo 10, 2014

Dejar las cosas en sus días, Laura Castañón

Alfaguara, Madrid, 2013. 560 pp. 18,50 €

Ángeles Prieto Barba

En algunas entrevistas recogidas en su Cartografía personal (1997), afirmó don Juan Benet que se puede optar por escribir con frases cortas, chispas apelando a la razón, o con frases largas, esas que sirven para comprender y transmitir la pasión, verdadero objeto de la literatura. Y como son éstas últimas las que proporcionan alimento al espíritu del lector, soy decidida partidaria de las mismas, especialmente tras la lectura de Dejar las cosas en sus días, elaborada mediante largos, amenos y penetrantes párrafos. Novela de sólida estructura, segura y madurada, por la que nos asomaremos a la historia de la familia Montañés desde dos puntos distantes en el tiempo, unidos a su vez por dos vasos comunicantes encarnados en dos personalidades fuertes como serán los venerables aliados de la heroína, una periodista de nuestros días llamada Aída.
Lo que nos puede parecer una historia compleja, pero nada más lejos porque de inmediato nos toparemos con fértiles y eficaces retratos de unos personajes principales muy bien trazados, disfrutando, comprendiendo y hasta intentado adivinar sus futuros comportamientos. Dejar las cosas en sus días apela en todo momento a la memoria, sin la cual nada somos, pero también al olvido necesario para seguir viviendo. Por eso está escrita a dos voces, la del presente con expresiones muy actuales y de corto recorrido como “choni poligonera”, y la del pasado, mediante una voz mucho más evocadora, dulce y poética para encubrir emociones dolorosas y secretas. El resultado por ello es una novela tapiz muy bien elaborada, de lenguaje cuidado, esa que sólo puede salir de la pluma de alguien que ha leído y escrito a conciencia durante toda su vida. Por eso no os extrañe que, aún tratándose de una opera prima, se haya publicado en una editorial de prestigio como es Alfaguara. Pues los argumentos son siempre comunes, ya están todos escritos, es en la forma de presentarlos y de atrapar al lector hasta el final y sin remedio, donde radica el magisterio que esta narración nos proporciona. Por ello es preciso advertir previamente que no estamos ante otra novela que evoca esa Guerra Civil perpetua de buenos y malos, de la que muchos lectores ya estarán más que cansados, sino ante un aplicado ejercicio literario sobre el peso del pasado y las sombras de la memoria en un equilibrio nada sencillo, porque en esta novela presente y pasado tienen distintas lecturas y diferentes ritmos. Y del tema principal, sólo hasta aquí debo contar.
Sí señalaré que el otro gran atractivo de esta novela sin dudarlo es Asturias: paisajes, costumbres, habla y personajes. Porque en los dos tiempos en los que se desarrolla esta novela grandiosa, la autora nos describe un Gijón activo e intenso en el paseo del Muro o en la plaza del Parchís, contrastado con el poblado minero de Bustiello, moderno enclave industrial en su época, sin el cual no puede entenderse la prosperidad del primero. El retrato y la evolución histórica de este último lugar es casi fotográfica, magistral, como si estuviéramos allí sin haber puesto un pie. De hecho, la casa de Pomar tan bien descrita, la podemos hoy día visitar y comprobar con cuánta fidelidad ha sido retratada, considerada como otro personaje más, imprescindible para el desarrollo de la historia.
Aunque al final sí que encontramos un handicap grave a esta novela y es la altura que alcanza, razón por la cual la terminamos todos con los dedos cruzados, esperando que no suponga lastre alguno para una próxima entrega de esta autora tan brillante y de la que ya esperamos tanto.

jueves, marzo 06, 2014

La fragilidad del neón, Juan Laborda Barceló

Editorial Alrevés, 2014. 38 páginas. 18 euros

Esther Ginés

Tanto el título como la luminosa imagen que decora la cubierta de La fragilidad del neón dejan intuir que en la segunda novela de Juan Laborda Barceló (Madrid, 1978) las luces y las sombras tienen mucho peso. La vida, en definitiva, es una batalla entre luz y oscuridad, y de eso sabe mucho Ramón Sandoval, republicano exiliado en París tras la Guerra Civil española y protagonista de la novela. Los ideales iluminan mucho, pero a veces están vacíos de contenido, son frágiles. Parecen existir para quebrarse en el momento más inesperado. De ahí el acertado título del libro de Juan Laborda, una historia ambientada en el París de 1961, en medio de la complicada guerra por la independencia argelina, que habla de las ilusiones que se desmoronan, de las derrotas y los perdedores que dejan todas las contiendas. Una trama que desborda humanidad y que está hilada en clave de thriller político, donde destaca el ambicioso ritmo cinematográfico de los capítulos, así como el excelente uso del lenguaje, en especial de la adjetivación.
En medio de una cuidada ambientación histórica donde encontramos personajes como De Gaulle, André Malraux o la estrella del Hollywood dorado Linda Darnell, La fragilidad del neón narra una suerte de partida de ajedrez humana donde el escritor madrileño juega con dos temas que domina y que le apasionan: el cine y la Historia. Buscando curarse las heridas de la guerra, Ramón Sandoval se refugia en la ciudad de la luz. Desea un anonimato que la situación social y política no parece dispuesta a darle. Atrás ha dejado una España por la que combatió y unos ideales en los que creía, y su corazón está dividido entre los pensamientos hacia ese país y la angustia de tener a su hermano menor, Manuel, combatiendo en Argelia contra los franceses. La llegada a París de la famosa y seductora Linda Darnell, estrella ya en decadencia del celuloide estadounidense, lo colocará, inevitablemente, en medio de una trama política, pues se verá obligado a ejercer de chófer y protector de la glamurosa actriz. Su seguridad, al parecer, es todo un asunto de política nacional, y a él le encomiendan ser su sombra.
Junto a la Darnell y a Claire, su mano derecha, Ramón Sandoval recorrerá las calles de una París que, aunque irradia luz desde el Sagrado Corazón al barrio latino, es también una fuente de conflictos y oscuridad. Juan Laborda, además de historiador, es un gran apasionado del séptimo arte, y lo demuestra con el interesante y evocador retrato que hace de “la Darnell”. Su belleza en decadencia, los espectaculares trajes con los que se adorna y sus aires de diva esconden ese juego de luces y sombras que sobrevuela toda la trama. Un personaje que, como otros en el libro, ha perdido su particular guerra y contempla cómo sus ideales se fragmentan. Retratos precisos, ella y los demás, de unos perdedores con los que es fácil empatizar. Otro acierto más de este intenso recorrido por el encanto de la derrota que es La fragilidad del neón.

viernes, enero 24, 2014

Democracia, Pablo Gutiérrez

Seix Barral, Barcelona, 2012. 234 pp. 17 €

Guillermo Ruiz Villagordo

Democracia no es una novela, no puede ser una novela. No lo es porque al contar lo que cuenta su autor sabe que sólo puede aspirar a componer una colección de escenas, imágenes y reflexiones sobre personajes desgajados de una narración sin argumento, en la que representan desde el papel protagonista hasta el extra más inadvertido, amparados por un lenguaje ampuloso y desbordado, a veces alucinatorio, la mayoría de las veces alzado desde un sarcasmo inmisericorde, donde una metáfora puede construirse con tanta fuerza y credibilidad con una marca de juguetes como con un nenúfar. Sí, en este artefacto literario avasallante no ocurre nada y ocurre todo, nada sucede pero todo trama los hilos de su propia historia, entremezclando vidas con un objeto que se desvanece y aportando perspectivas inauditas donde el nexo de unión entre las escenas resulta tan impensable como lo es el de todos los implicados en esta crisis de la que nos ha tocado formar parte.
Por supuesto, soy consciente de que quien lea las líneas precedentes no habrá podido hacerse una idea clara de la obra de la que hablan. ¿Qué tendría que reseñar entonces? ¿Debería desvelar mejor que el despido de Marco, diseñador gráfico de complejos residenciales, coincide con la quiebra de Lehman Brothers, punto de inicio por consenso de la actual crisis económica, y que con él como improbable (en principio) correa de transmisión asistimos a la incidencia de estos hechos tanto en las trayectorias vitales de su mujer, su jefe, su ex-compañera de trabajo..., como en los altos estamentos económicos zarandeados por el profeta falsario, trepa visionario, George Soros, recuperándose en el transcurrir de la narración fragmentos de pasado a modo de flashes desconcertantes, a la vez que nos obliga a examinar las razones y sinrazones de cada uno de los participantes de la amarga comedia democrática de nuestra vida? No, seguramente ésta tampoco es la forma.
Para un novelista hay tres terrenos de arenas movedizas a la hora de escribir: la prosa poética, el tratamiento de lo social y la perspectiva sarcástica. Pablo Gutiérrez es uno de los pocos que ha conseguido mezclarlos sin que nada chirríe, potenciando cada elemento sin que ninguno destaque sobre los demás mediante el uso inteligente del resto de ellos, con un poderío verbal que es de admirar además de disfrutar. Por ello la tercera explicación de Democracia, que es la que tiene auténtico valor, es la que cada lector componga en su cabeza tras la lectura del libro.