jueves, septiembre 03, 2009

El día antes de la felicidad, Erri de Luca

Trad. Carlos Gumpert. Siruela, Madrid, 2009. 130 pp. 13,90 €

Recaredo Veredas

Los difíciles días de la cándida adolescencia (Dinesen dixit) han sido tratados, con desigual fortuna, en cientos de novelas. La cuestión, obviamente, reside en la capacidad del autor para trascender, para crear un nuevo edificio con tan viejos cimientos. Erri de Luca lo consigue sobradamente. Los dos protagonistas de El día de antes de la felicidad son un adolescente y un vividor, ambos supervivientes en tiempo de guerra. Como en todas las obras de este frecuentado subgénero, el protagonista, después de encontrarse —más bien enfrentarse— con el hambre, la pobreza, la muerte y el amor, consigue superar una de las etapas más complicadas de la vida. La causa del éxito reside en la calidad de la escritura y en la complejidad de los sentimientos. Porque los personajes, como expresa magistralmente el título, viven en el día de antes de la felicidad, en aquella jornada, definida por la tristeza, que precede a un júbilo anhelado pero que nunca termina de llegar.
Encontramos una magnífica combinación de lo real y lo lírico, muy cercana a los clásicos neorrealistas, con quienes comparte una profunda preocupación social: «Los señores tienen una vista distinta a la nuestra, que tenemos que verlo todo. Ellos solo ven aquello que quieren ver». No es la suya una prosa deslumbrante sino certera, plenamente implicada con lo narrado. Acelera el ritmo cuando es necesario, cuando la escena requiere sequedad o brutalidad, y lo ralentiza en las zonas más reflexivas. Como todos los grandes escritores, Erri de Luca sabe qué ha dicho y cuándo lo ha hecho. Es, por lo tanto, plenamente consciente del valor de lo omitido.
La auténtica razón de ser de la novela, por encima de la sucesión de peripecias, es la descripción de la cotidianeidad de una sociedad destrozada, de la dureza de su día a día y la permanencia de sentimientos que, en buena lógica, deberían desterrarse por la búsqueda de la supervivencia. Muestra también una genuina mirada sobre el mundo: «Lo primero que hace un pobre con dinero es comprarse ropa. Se echa por encima una tela buena y ya se cree otra persona. Pero eso es lo único que el dinero puede hacer por ti, hacer que parezcas». Incluye también una profunda reflexión sobre la guerra, sus efectos sobre el individuo y cómo consigue que lo imprescindible se convierta de repente en superfluo. Crea, por lo tanto, una auténtica historia de la vida privada, de aquélla que surge al margen de lo reseñado, décadas o siglos después, en los manuales. También contemplamos el núcleo central de la sociedad italiana que, pese al transcurso de las décadas, parece permanecer inalterable: vemos a un pueblo que vive al margen de los desmanes de sus políticos, centrado plenamente, lo consiga o no, en la construcción de una sociedad civil plenamente autónoma.
Cuenta con un desenlace sobrio y bello, que utiliza con maestría el difícil método de la mot juste: conseguir las palabras exactas, aquellas que, con la mayor elegancia posible, conducen al lector hacia la emoción o la reflexión deseada.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bienvenido, de nuevo, Erri de Luca.

Me sorprende que la portada de El día antes de la felicidad sea la misma que la de Montedidio:

http://www.amazon.fr/exec/obidos/ASIN/2070762688/nathalibouy09-21

Saludos.
cm.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Me gusto las palabras finales de tu reseña.