miércoles, marzo 16, 2016

El relojero de Yuste. Los últimos días de Carlos V, José Antonio Ramírez Lozano


XIX Premio de Novela Ciudad de Salamanca. 
Ediciones del Viento. A Coruña. 2015. 200 pp. 17,50 €

Ignacio Sanz

En Nogales (Badajoz) la biblioteca pública lleva el nombre de José Antonio Ramírez Lozano. ¿Pero quién se esconde detrás de Ramírez Lozano? Pues, en pocas palabras, detrás de tal nombre se agazapa un escritor con una vastísima obra a sus espaldas que, pese a todo, no deja de ser un escritor periférico o, si se quiere, poco visible.
Y esto es lo paradójico en un poeta, narrador y escritor de libros infantiles que ha conseguido los más prestigiosos premios en los tres géneros literarios. El relojero de Yuste se alzó con el XIX Premio de Novela Ciudad de Salamanca. La historia, como apunta el título se desarrolla en La Vera extremeña de la que se ha dicho mil veces que es un paraíso y allí, primero en Jarandilla y después en Yuste, muy cerca de Cuacos, envejecido por los zurres de la vida, va a pasar sus últimos días el emperador Carlos V, tras tanto batallar. La presencia de tan augusta figura suscita intrigas y expectativas de todo tipo, tanto entre los frailes jerónimos que lo acogen como en la cohorte que pulula alrededor de una figura de tal calibre. De entre todos ellos, por afinidad, descuella el ingenioso Juanelo Turriano, un personaje de proyección histórica que aquí vemos entregado a la fabricación de relojes, una de las pasiones del rey. La complicidad que se establece entre ambos suscita recelos y envidias entre los frailes que llegan a acusar a Turriano de calvinista. Incluso proyectan sombras de dudas sobre el propio emperador que tanto ha combatido a los nuevos herejes. Pero la gran metáfora y uno de los resortes poéticos de la novela estriba en la fabricación de un reloj especial que acompasa su tictac con los latidos del emperador, de tal manera que se crea un paralelismo entre ambos. Y cuando se pone en peligro al reloj, la que empieza a peligrar es la vida quebradiza del propio emperador.
Por lo demás la novela no sólo está magníficamente documentada, tanto en vestimenta, paisajes, costumbres y, sobre todo, en comidas y bebidas. A tal respecto resulta curiosa la controversia que se suscita la apasionada inclinación de Carlos V por la cerveza con el consiguiente desdén hacia el vino. Todo ello da lugar, entre los frailes que combaten esas veleidades, a una divertida batería de argumentos teológicos. Pero donde la novela muestra su mayor fortaleza es en el lenguaje. Da la sensación de que el autor se hubiera pasado años y años inmerso en los clásicos de la época para traernos el regusto del castellano antiguo sin que ello suponga un freno en la fluidez narrativa. Al respecto, al menos este lector, tuvo la sensación de estar leyendo a un hijo legítimo de Cervantes.
En fin, y para ir concluyendo, que quién guste de las novelas históricas, no debiera perderse esta obra de Ramírez Lozano para conocer, no tanto la verdad como el aroma vital que en Yuste pudo respirarse. A veces incluso con licencias audaces, como el encuentro que el emperador mantiene con un fiero personaje femenino salido directamente de lo más truculento del romancero.

lunes, marzo 14, 2016

El acero y la seda, José Abad


Ilust. José Ruanco. Traspiés, Granada, 2015. 96 pp. 12,80 €

Miguel Sanfeliu

José Abad es un escritor granadino quizá más conocido por su faceta de ensayista, pese a que tiene publicadas dos novelas y un libro de relatos. Ahora, en la colección Vagamundos de la editorial Traspiés publica El acero y la seda, un volumen en el que se reúnen cuatro relatos ambientados en el Japón ancestral de los samuráis y las grandes batallas. El libro está bellamente ilustrado por José Ruanco. En estas historias nos encontramos con el Japón milenario plagado de leyendas y magia, de sucesos sobrenaturales, de épica y lances de honor, una tradición literaria no demasiado arraigada en nuestra literatura pero que, de alguna manera, apunta a nuestro corazón y nos llega muy profundo, con una carga emotiva que pareciera apuntar a algún lazo ancestral que ignorara la gran distancia y diferencia cultural que nos separa.
Me ha llamado la atención la riqueza del lenguaje y la precisión de las descripciones, así como el ritmo pausado de la narración, que acrecienta el carácter misterioso de la misma. El placer de la lectura, el gusto de esas leyendas que conectan con nuestros más atávicos miedos, ha conseguido sumirme en una ensoñación que me ha transportado a mi juventud, cuando descubría con asombro el poder de traslación de la literatura.
La indagación en la historia para averiguar cuándo comenzó la enemistad entre los clanes Azuma y Kasuga, germen de "Holocausto", el primer relato, en el que se plantea si debe uno cumplir su palabra aun cuando las circunstancias señalen lo contrario, sienta las bases de este libro. No creo que sea vano que finalice con la frase «Los caminos del escritor y el lector están destinados a encontrarse». Esa persecución sin fin en el cuento "Kagemusha", con la precisa descripción del paisaje y, sobre todo, con la potente imagen de esa cueva que ofrece un refugio seguro en una noche de tormenta, y en cuya entrada parece verse la silueta de un guerrero montado a caballo, un guerrero que parece ser el mismo protagonista, está contada de un modo admirable.
La sobrenatural historia de "El vuelo incierto de la libélula, el vuelo inquieto del gorrión" consigue mantenerte en un suspense tenso, mientras pasan los años y esperamos el desenlace de ese reencuentro entre unos amantes que esperan volver a abrazarse a pesar de la muerte, venciendo al tiempo y al destino.
El destino es sin duda el protagonista principal de este libro. Me gusta mucho la frase «el azar sólo es la máscara que usa el destino para salirnos al paso», del último cuento, el titulado "Un cerezo en flor y un charco de sangre", en el que queda claro que el desenlace es lo de menos, que lo importante es que estaba escrito y que "al abrir un libro, el lector debe estar dispuesto a correr ciertos riesgos".
Y yo animo a que corran el riesgo de abrir este libro y dejarse seducir por estas historias que consiguen activar ese imaginario en el que nos vemos como supervivientes en mitad de un bosque en cuyas sombras acechan los peligros.

viernes, marzo 11, 2016

Nueva York: Historias de dos ciudades, VV.AA.


Trad. Magdalena Palmer. Nórdica, Madrid, 2015. 406 pp. 23 €

Ángeles Prieto Barba

El gran autor de libros de viajes Paul Theroux asegura en su entrega más reciente sobre África, El último tren a la zona verde, que no es posible entender una ciudad visitando solo su centro y que para conocerla bien, hay que acudir a su periferia. Por eso, mientras viajaba hace unos días a Nueva York, teniendo justo al lado a otra persona que leía precisamente este libro de relatos que os presento, pensaba en ello. Ya que iba como turista por primera vez, pero con el propósito de visitar no solo los enclaves más famosos de Manhattan (Times Square, la estatua de la Libertad, el Rockefeller Center, el MET, Central Park, el Empire State), los que todos hemos conocido in situ o por películas, sino también para contemplar la zona concreta donde viven mis amigos en Brooklyn. A toro pasado, creo que fue una decisión sabia. Se trataba de un primer contacto, y esa mezcla de constante bullicio comercial, de prisas, semáforos, metro y nervios, con las grandes zonas de relax y esparcimiento que la parte más amable de Brooklyn proporciona, me resultó muy grata. Porque en Nueva York se vive y se debe vivir con salud, tranquilidad y comodidad,  al margen de ese fastuoso escaparate que para el resto del Mundo hoy es Manhattan.  No pisé, sin embargo, el sur de Bronx, zona residencial donde los ingresos suelen ser muy bajos, la delincuencia permanente y la infravivienda, mal común. Para cubrir esa laguna, está este libro.  
De esta cuestión tan concreta, Nueva York y sus enormes desigualdades sociales, trata esta antología temática curiosa, original y muy dispar en sus entregas. Ya que en ella podemos encontrar autores prestigiosos, traducidos y conocidos por el lector español (Zadie Smith o Junot Díaz), frente a aportaciones de periodistas sin libro publicado o la redacción de una chica de quince años. Del mismo modo, tampoco podemos calificarla como libro de relatos, ya que recoge textos autobiográficos, ensayos, poemas y hasta un curioso noticiero twitter de sucesos neoyorquinos ocurridos en la lejana fecha de 1912, que por cierto produce seguros escalofríos. Y lo que más nos puede llamar la atención, como bien señala Antonio Muñoz Molina en el prólogo, es que las mejores aportaciones no provienen precisamente de las firmas más renombradas.
Una cuestión candente se convierte en la principal protagonista del libro, el tema más repetido: el precio de la vivienda neoyorquina, cuyos alquileres han subido espectacularmente en los últimos diez años, originando con ello una enorme bolsa de pobreza que se demuestra en esas 58.000 personas que duermen en centros de acogida, siendo la mitad de ellos, niños. Esto ha dado lugar a un fenómeno conocido como gentrificación (de gentrification, en inglés), por el cual barrios desfavorecidos han ido renovándose, desplazando con ello a sus habitantes originarios, que no tienen donde alojarse ahora, puesto que los salarios de los trabajadores no han crecido en la misma proporción. Solo los ingresos de los financieros y especuladores en bolsa se han elevado, haciendo desaparecer rápidamente lo que conocemos como clase media. De hecho, el título del libro no proviene de ningún escritor, la comparación con la novela de Charles Dickens la estableció el actual alcalde Bill de Blasio, el primer demócrata en ocupar el sillón del consistorio tras veinte años de mandatos republicanos, prometiendo la construcción de viviendas más asequibles. Y que aún se están esperando.  
Por esta razón precisa estamos ante un libro muy atractivo no solo para todos aquellos aficionados a la literatura, sino también para quien pretenda enterarse o concienciarse de los problemas sociales más acuciantes y, por supuesto, para quiénes pretendan tomarle el pulso verdadero a esta espléndida ciudad de rascacielos inmensos y ratas en el metro, de escaparates lujosos y camas de cartón, de espectáculos fascinantes en Broadway y comida basura. Porque nos guste o no Nueva York, para el resto del Mundo, sigue siendo su mejor espejo.

miércoles, marzo 09, 2016

El reverso de los demás, Kaouther Adimi


Trad. Aloma Rodríguez. Xordica, Zaragoza, 2015. 96 pp. 11,95 €

Ana Gamero Escudero

El reverso de los demás le ha merecido a Kaouther Adimi, una joven argelina de 30 años, varios premios, como el FELIV (Festival Internacional de la literatura del libro juvenil de Argel) en 2008 y el Premio Vocación en 2011. Esta joven promesa de la literatura francófona narra con tono melancólico un día en la vida de nueve habitantes de un barrio obrero de clase media, más bien baja, de Argel. Esta polifonía de voces se suceden desde la madrugada hasta la tarde de un día cualquiera, y nos cuentan los problemas y dificultades a los que se enfrentan los personajes en forma de monólogos interiores. Cada capítulo está narrado por una persona distinta: los protagonistas, que son los hermanos Adel y Yasmine, su madre, su hermana mayor Sarah, el marido y la hija de esta, Hamza y Mouna (que viven todos, los seis, bajo el mismo techo), y los vecinos, Kamel, Tarek y Hadj Youssef.
Resulta muy interesante la oportunidad que nos brinda este libro de acercarnos a la realidad contemporánea de Argelia, donde conviven varias culturas con sus diferentes ideologías, y poder observar como la más numerosa, la cultura árabe, ha sabido adaptarse (o no) al siglo veintiuno. Sorprende, desde el desconocimiento sobre este país que puede tener el público español, poder identificarse tanto con los jóvenes argelinos y descubrir que su panorama económico y social no es muy diferente al que tenemos ahora en España, sino más bien todo lo contrario: sueños rotos, emigración, desempleo, vandalismo, la lucha moral entre resignarse o luchar, irse o quedarse, tirar la toalla o tener la esperanza de que algún día se acaben las injusticias y las limitaciones. Además, los tres personajes femeninos que aparecen en el libro tienen mucha fuerza y, aunque son muy diferentes, intentan, cada una a su manera, huir del limitado papel que la sociedad musulmana les ha otorgado tradicionalmente y sueñan con un futuro mejor que, tristemente, puede que nunca llegue. Desde luego, Kaouther Adimi ha dado con todos los ingredientes para crear una interesante novela juvenil, donde encontramos diferentes perfiles de antihéroes y personajes sin rumbo que, además, representan minorías y clases desfavorecidas. Sin embargo, este libro va un paso más allá y nos provoca una sensación amarga y una reflexión profunda desde la primera página que, sin duda, no nos deja indiferentes.
Lo que interesa de la novela es el monólogo interior de los personajes, que casi no hablan los unos con los otros, y que buscan ocultar lo que verdaderamente piensan y sienten. No obstante, creo que en algunos casos no han estado del todo logradas estas voces narrativas y no sé si es un problema de expresión de la autora o de traducción del francés al español. Tal vez las narraciones se podían haber distinguido un poco más para hacer más evidentes los contrastes entre hombres y mujeres, jóvenes y mayores. Además, todos y cada uno de los personajes son muy interesantes y tienen mucha fuerza pero, al tratarse de una novela corta, casi un relato, están poco desarrollados y solo se nos presentan pinceladas de cada una de sus personalidades, lo que hace que nos quedemos con ganas de más.
En general, obviando estos problemas de expresión, El reverso de los demás es un libro que ha sabido experimentar con la forma y el stream of conciousness, que empezaron a utilizar grandes autores modernistas como Joyce y Woolf, para trasladarnos a un país cuya literatura contemporánea, sobre todo la escrita por mujeres (que hace muy poco que vienen abriéndose camino en este campo, y en muchos otros), necesita más reconocimiento. La autora ha querido llegar a ese “reverso”, desvelar la verdad individual sin filtros ni normas para contar la historia de una generación perdida, que, por desgracia, si miramos a nuestro alrededor, está más cerca de lo que creemos.

lunes, marzo 07, 2016

Cuentas pendientes, Susana Hernández


Alrevés, Barcelona, 2015, 287 pp. 17 €

María Dolores García Pastor


La escritora catalana Susana Hernández vuelve a la carga con un nuevo título de su serie de las detectives Santana y Vázquez que ya empiezan a ser familiares para los amantes de la novela negra. Primero fue Curvas peligrosas (Odisea Editorial, 2010), después Contra las cuerdas, finalista a la mejor novela Festival Valencia Negra 2013, (Alrevés Editorial, 2012) y la última, de momento, es Cuentas pendientes (Alrevés Editorial, 2015) nominada al Premio Ciudad de Santa Cruz Noir. Algo tiene que estar haciendo bien para contar con la buena acogida de los lectores por tres veces ya.
El tándem de detectives que ejercen de contrapunto uno del otro le va bien a la novela negra, es un hecho, sobran los ejemplos desde los míticos Holmes y Watson, hasta otros mucho más cercanos como Petra Delicado y Fermín Garzón de la escritora Alicia Giménez Bartlett o Bevilacqua y Chamorro de Silva. En el caso de Vázquez y Santana, y a diferencia de lo que suele ser habitual, las dos son mujeres y no desempeñan papeles secundarios como ayudantes del detective protagonista ni ejercen de femme fatal o damisela en apuros, roles reservados a las féminas en la novela negra clásica. Las mujeres de Hernández son de rompe y rasga, tanto las dos protagonistas como Malena, la pareja de Santana. No cabe duda de que parte de la culpa del éxito de la serie la tienen sus protagonistas. Tanto es así que Santana obtuvo el Premio LeerMisterio al mejor personaje femenino de novela negra en 2012. En esta tercera parte se observa una evolución en el personaje a quien parece que el amor le ha dulcificado el carácter y la va alejando de sus muchos fantasmas del pasado.
Pero hay más. La trama se desarrolla en la ciudad de Barcelona, escenario noir donde los haya y los capítulos llevan por títulos nombres de películas, canciones o fragmentos de las mismas. La autora sigue fiel en esta nueva entrega a su estilo ágil y dinámico que viene potenciado por la profusión de diálogos. No se prodiga en descripciones, unas cuantas pinceladas precisas son suficientes para situarnos. Ocurre lo mismo con los personajes para los que nos presenta con unos pocos rasgos y que acaban de caracterizarse gracias a sus conversaciones con los demás. Sólo un pero en este apartado, los personajes infantiles que son las víctimas del nudo central de la trama, no acaban de parecerme creíbles. En cuanto a las protagonistas, en esta nueva entrega evolucionan como personajes, las conocemos un poco más a fondo y Malena cobra entidad para convertirse en algo más que una secundaria de lujo, lo cual se agradece.
En Cuentas pendientes se resuelven algunas cuestiones de la vida personal de las protagonistas que quedaron en stand-by en Contra las cuerdas. Esta vez, además, la autora desarrolla varios hilos argumentales paralelos: el caso de tráfico de menores, la desaparición de la madre de Santana, el caso de Malena, la vida privada de Vázquez… Tramas y subtramas se entretejen, todo ello sin que decaiga el ritmo y encajándolo a la perfección para llegar a la resolución final. Pese a ello, da la sensación de que al menos tres de las tramas darían por si solas para una novela independiente y al unirlas todas en la misma pierden un poco de intensidad en los finales que quedan un poco difuminados. Con todo, no tengo otro remedio que declararme fan incondicional de Santana y Vázquez. Acción, crítica social, alto voltaje en las escenas de sexo… estoy deseando que llegue la próxima entrega.

viernes, marzo 04, 2016

Andarás perdido por el mundo, Óscar Esquivias


Ediciones del Viento, A Coruña, 2016. 242 pp. 18,50 €

Ignacio Sanz

Qué hormigueo antes de comenzar a leer este libro de relatos de joven escritor burgalés. ¿Joven? Acaso no lo sea tanto. En todo caso prematuro porque comenzó a escribir con pulso firme hace más de veinte años; le respalda una obra con más de una docena de títulos, fundamentalmente novelas. Tras La marca de Creta y Pampanitos verdes este sería su tercer libro de cuentos. ¿Seguirá el viento favorable soplando a su espalda?, se pregunta el lector que ha seguido con atención sus entregas anteriores. De momento la foto de la portada, obra de Asís Ayerbe, muestra un ciclista pedaleando plácidamente por una pradera con pinos al fondo portando a la espalda un el estuche de un chelo, así parece augurarlo.
El título, nos aclara el autor en una nota final, procede de la maldición lanzada por Yavé contra Caín. Por mi parte, como lector pejiguero, habría preferido “Perdidos por el mundo”, más memorable, pero Yavé dijo lo que dijo. Los protagonistas de estos relatos son tipos desnortados, gente desubicada; a veces no tanto por sus viajes como por su identidad, por su inmadurez, por su menesterosidad. En cualquier caso estamos ante una variedad de personajes, algunos inolvidables, sobre todo cuando los protagonistas son niños como los dos hermanos de “Curso de natación”. Sí, nos arrebatan los niños de estos relatos, incluso los adolescentes como “El Chino de Cuatroca”, un personaje capaz de sobreponerse a situaciones extremas que, al mismo tiempo, parece sacado de una estampa barojiana de buscavidas populares madrileños del siglo XX, pero envuelto por los conflictos latentes en este principio del XXI con tantas oleadas migratorias. Pero vayamos por partes, porque no es fácil hablar de manera genérica de un libro de cuentos en el que hay un estilo poderoso, un dominio absoluto de la escritura, un fluir torrencial sin desbordamientos, pero en el que habría que distinguir los cuentos que beben en la experiencia y la memoria y aquellos que, con un salto de pértiga por medio, se sustentan en mundos exóticos o imaginarios como consecuencia de la lectura. Si tuviera que elegir me quedaría con los primeros. “Todo un mundo lejano” el cuento con el que arranca el libro sería un modelo magnífico. Si hasta parece escrito por un ex alumno de colegio muy religioso de los años sesenta, cuando el autor no había nacido. Qué bien describe el mundillo interior, las reuniones parroquiales, las catequesis, las excursiones, en fin, todo eso que fue, que acaso siga siendo un activo de la Iglesia Católica en las grandes barriadas. Maravilloso y, por supuesto, con un final sorprendente.
Con todo, si tuviera que elegir, me quedaría con “La Florida”. Ya sé que no hay que elegir, pero me ha gustado tanto, tanto, tanto. Qué maravilla de cuento. El protagonista es un niño que describe una visita a un hospital psiquiátrico en Oña, pueblo de la provincia de Burgos, para visitar a un familiar. Hasta es posible que el autor tire de su memoria, es decir, de su experiencia. Lo cierto es que el cuento resulta conmovedor por las descripciones, por el pulso narrativo, por el humor que salpica sus páginas, por el desconcierto final.
“El misterio de la Encarnación” es otro de los cuentos protagonizado por un niño. Y de nuevo asistimos a escenas tiernas mezcladas con la brutalidad descarnada que impregna la vida de los humildes. Y todo salpicado por malentendidos y por ráfagas de humor que hacen que el cuento, por desgarrador que resulte, nos lleve por momentos a la risa más desatada.
No puedo, no debo detenerme en cada cuento. Otros, escritos bajo la influencia de ambientes filarmónicos, cinematográficos, directores de orquesta, profesores maniáticos, Rusia, París, California. En fin, que en esta ocasión, Óscar Esquivias ha subido a sus lectores en aviones imaginarios para sacarlos de su territorio más ancestral, el Burgos de su niñez, el Villandiego de sus veranos o el Madrid en el que lleva viviendo casi la mitad de su vida. Se nota que la música es una de sus pasiones, es decir, que cuenta lo que cuenta con solvencia sobrada, pero a mi me sigue arrebatando el Esquivias que barrena en su memoria infantil. En cualquier caso lo que nos atrae, lo que nos subyuga es su estilo, su elegancia, su precisión. Recuerdo a este respecto lo que decía con pasión Almudena Grandes hace ya diez o doce años: que Óscar Esquivias era el joven escritor español que más la interesaba por la excelencia de su estilo. Han pasado algunos años y Óscar Esquivias sigue fiel al encanto que cautivara a la popular novelista madrileña. Es más, hay pasajes de estos cuentos en los que, tras ser leídos, uno los vuelve a leer por el goce estético que producen. Solo por eso habría que tirar cohetes cada vez que aparece en los escaparates un libro de Óscar Esquivias.

miércoles, marzo 02, 2016

Una historia natural de la curiosidad, Alberto Manguel


Trad. Eduardo Hojean. Madrid, Alianza, Madrid, 2015. 544 pp. 22 €

Luis Manuel Ruiz

Uno sospecha que la palabra polígrafo fue acuñada para definir a Alberto Manguel, nombrado recientemente, no en vano, director de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. De su varia curiosidad dan testimonio, según muestra un examen distraído a su bibliografía, novelas, un memorable ensayo sobre la historia de los libros, una paráfrasis de Homero, una antología de textos eróticos, un diario de lecturas, y la lista sigue. Quien haya recorrido la mayoría de dichos trabajos, como es mi caso, advertirá que todos comparten trazas comunes y arribará, quiera o no, a una evidencia: la de que Manguel ha escrito y sigue escribiendo un solo libro, que es a la vez todos los libros. Devoto de Borges (el otro director de la Biblioteca), de la Cábala hebrea (hebreo él mismo), de Montaigne y de Robert Browning, de la vasta tradición literaria que se dilata a sus espaldas perdiéndose en fronteras griegas, itálicas, europeas y orientales, Manguel ha consagrado su vida entera, que se confunde con su obra, a ese objeto icónico, compuesto de papel y guardas, en que los hombres, generación tras generación, han ido encapsulando su experiencia y sus sueños. Manguel ama los libros, Manguel ama lo que transportan los libros: las historias y los sofismas, sí, pero también la tipografía en que están impresos, el olor de la página, el peso del volumen contra la mano, frente al fuego o la taza de café, en la tarde de lluvia feliz.
En esta Historia natural de la curiosidad, un episodio más de su exploración por el laberinto secular de las bibliotecas, la excusa es el Infierno de Dante. Sus admiradores se lo excusamos sin esfuerzo, pero Manguel trata de convencer al lector, desde la partida, de que su derrotero sigue una línea clara y que esa línea viene marcada por dos polos: el viejo poema del toscano y la curiosidad, esa emoción enigmática que enfrenta al hombre a Dios y le hace concebir máquinas y disparates. A lo largo de diecisiete capítulos encabezados por sucesivas interrogaciones (¿qué es el lenguaje?, ¿quién soy?, ¿por qué suceden las cosas?, ¿qué hay después?), el lector atraviesa, círculo tras círculo, como en el otro mundo de Dante, cuestiones que orillan la psicología, la estética, la metafísica, el urbanismo, la escatología. A la geografía dantesca se superpone otra más nítida, tal vez más inmediata: la del propio pasado del escritor, cuyos episodios sirven para glosar y dar relieve a algunas de las incógnitas que se plantean. Típica de Manguel es la sospecha que acompaña al lector ante estas breves estampas de niñez: que en el fondo él es sólo otro personaje, otro figurante de otro libro entre la muchedumbre con que nos arrastra en cada capítulo, y que su pobre persona, aunque pertenezca al autor, no puede competir con la contundencia de Platón, de Primo Levi, de Kafka, de todos los clásicos de granito de los que se rodea.
Una historia natural de la curiosidad constituye, como el resto de títulos del alemán-británico-judeoargentino, una soberbia Silva de varia lección donde lo de menos es el hilo conductor, donde uno carece de rumbo, por mucho que lo prometa el índice, y es feliz de esa ausencia. Es otro de esos libros gozosos de los que uno puede salir y entrar cuando le apetezca, al que uno puede regresar en cualquier momento, en cualquier página, y retomar sin extravío una conversación ya empezada. Manguel ha logrado, otra vez, una de esas obras preciosas a las que, como las Noches áticas, los Ensayos de Montaigne, las monografías de Ramón Andrés, dan ganas de mudarse para toda la vida. Libros techados, calientes, en los que recogerse al amor de la lumbre, que nos protejan del tráfico invernal de las cosas del mundo.

lunes, febrero 29, 2016

En el polvo de este planeta, Eugene Thacker


Materia Oscura, Madrid, 2015. 192 pp. 17 €

Pedro Pujante

De vez en cuando tenemos la suerte de hallar un libro curioso, perspicaz que consigue apasionarnos. A priori, el tema no podía ser más sugerente: un ensayo que analiza, desde distintas perspectivas, el horror de la filosofía. Y realmente su deliciosa lectura convoca una serie de reflexiones sobre la literatura, el terror y la filosofía de gran interés.
El autor, Eugene Thacker, es profesor universitario y sus estudios están centrados en la filosofía nihilista y pesimista. Cuando se preguntó a los creadores de la serie televisa True Detective, confesaron que esta obra que aquí comentamos fue una de sus influencias. Está el volumen armado mediante distintos ensayos, que van de la demonología al horror en la teología, pasando por la filosofía oculta. Estos apartados, a su vez contienen distintos capítulos. Comentaré algunos de ellos.
La música black metal y su posible relación con lo demoníaco, la imagen de lo satánico a través de la cultura, sobre todo a partir del siglo XIX, cuando se vuelve un concepto antirreligioso. La música black, elemento cultural que actúa como revulsivo en las conciencias aunque formulado de un modo más poético, estético en nuestro tiempo.
Satán y la filosofía oculta en nuestros días. Es curioso atender al desarrollo que la figura del demonio ha mostrado a lo largo de las épocas, desde su manifestación como un artefacto meramente religioso hasta erigirse como un fenómeno más del imaginario cultural de nuestra sociedad. A este respecto, señala Thacker el Infierno de Dante, y comenta su interés, no solo por la «amplia colección de demonios que habitan sus páginas, sino por la forma en la que cuidadosamente estratifica distintos tipos de ser y no-ser demoníaco.»
El autor, para analizar los aspectos antropológicos y culturales de la filosofía subyacente en el satanismo no dudará en convocar a filósofos como Schopenhauer, abanderado del ‘pesimismo cósmico’. El filósofo alemán llegó a escribir: «…lo que queda tras la total supresión de la voluntad es, para todos aquellos que están aún llenos de ella, nada.» Thacker, además, lo emparenta ideológicamente con Lovecraft, escritor oscuro que configuró su teoría literaria en un mundo que evoca el terror cósmico.
Es interesante este lúcido ensayo por las constantes relaciones que Thacker establece entre arte y filosofía, entre la literatura (de terror, sobre todo), el cine, la televisión y el pensamiento. Una de las cuestiones sobre las que el autor se interroga son los límites de la inteligibilidad. Qué somos capaces de percibir, qué hay más allá de nosotros mismos y del mundo en el que vivimos. De hecho, al final, analizando una extinción total de la raza humana se cuestiona si no será esta una mera cuestión especulativa, ya que nadie quedaría para dar testimonio de la misma. Kant, nos explica, cree que por este motivo dicha idea es tan solo una presunción moral, basada en nuestra concepción antropomórfica de la realidad.
El capítulo que dedica a analizar la simbología del Círculo es bastante interesante, ya no tanto por el concepto filosófico en sí mismo, sino también por la utilización de obras literarias en las que se apoya para defender su tesis. Desde el Fausto de Marlowe, pasando por obras menos conocidas de Wheatley o Blish. Y otras más célebres de autores del terror y lo fantástico como Shield, Ballard o el ya mencionado Lovecraft.
El círculo mágico en la literatura es, para Thacker, una puerta, una «delimitación entre lo natural y lo sobrenatural.»
Analiza este concepto y su evolución, dejando de presentarse como tal para llegar a perder su fisionomía y disolverse, convertirse en una niebla o excreción, es decir, algo menos tangible y, quizá, más horrendo.
Los últimos capítulos son ensayos sobre la ecología –el Apocalipsis y los zombis de Romero ya muestran una visión del fin de la naturaleza- y la muerte, y el autor se pregunta si no será la vida la que nos provoca terror. De nuevo, trae a colación la figura de Lovecraft y de Dante, para hablarnos de los infiernos que ambos artistas proyectaron en sus obras.
En este ensayo, el amante de la especulación, del terror como una manifestación del pensamiento, encontrará un lugar de regocijo y descubrirá a un filósofo que conecta con nuestro imaginario cultural para arrojar luz sobre esos espacios de sombra en los que la literatura y el cine nos obliga a sumergirnos para horrorizarnos, es decir, comprendernos a nosotros mismos.

viernes, febrero 26, 2016

Cuentos completos, E. L. Doctorow


Trad. Carlos Milla, Isabel Ferrer, Jesús Pardo y Gabriela Bustelo.
Malpaso, Barcelona, 2015. 504 pp. 22 €

Salvador Gutiérrez Solís

La editorial española Malpaso tuvo la suerte de recibir del propio E. L. Doctorow la recopilación de sus Cuentos completos, ordenados por él mismo. Mucho más que una primicia, un auténtico tesoro literario que la desdicha ha convertido casi en un testamento, ya que el escritor norteamericano falleció poco tiempo después de enviar a los editores españoles su obra.
Buena parte de los lectores de Doctorow tuvimos conocimiento de su existencia gracias al cine, a la adaptación de algunas de sus novelas más célebres, entre las que destacan Ragtime y Billy Bathgate. Pero Doctorow es mucho más que es un escritor de películas, cabe considerarlo como uno de los grandes cronistas de la sociedad norteamericana de los últimos cincuenta años.
En estos Cuentos completos recorremos esas interminables carreteras que tan bien nos ha mostrado Wim Wenders, en su filmografía, que suene Ry Cooder, en compañía de mujeres y hombres abrumados por su presente, presos de su pasado y angustiados por su futuro. Parejas que fracasan, familias que se desmiembran como una muñeca rota, hijos que reniegan de sus padres y padres que no tienen respuestas que ofrecer. El relato de un país sumido por los efectos de una guerra en el corazón del odio y de las tinieblas, la corrupción estructural de su clase político y una economía que azota a la clase media.
Descarnado, vibrante, desnudo, certero, preciso, comedido en las descripciones, versátil con los silencios, despojado de cualquier calificación, Doctorow nos muestra una sociedad que se hunde en el pasado y que no atisba una luz en el final del túnel, bien porque nadie se la muestra o bien porque, sencillamente, no existe. O porque nadie la busca. Una sociedad en la indefinición.
Doctorow traslada a sus relatos el latido de su tiempo, lo que llega a provocar en el lector un estado que me atrevería a calificar como de desasosiego, ya que es tal la nitidez, la realidad, de las situaciones y de los personajes que nos muestra, que es prácticamente imposible mantenerse al margen. En la piel de estos Cuentos completos podemos encontrar nuestra propia piel, con sus cicatrices sin curar, con sus quemaduras provocadas por el paso del tiempo. Una descarnada y honesta, y por tanto real, lección de Literatura.

miércoles, febrero 24, 2016

La brújula del universo, Mario de los Santos


Pregunta Ediciones, Zaragoza, 2015. 234 pp. 13,50 €

Miguel Carcasona

Zaragoza. Año 2058. Se celebran los 50 años de la Expo del agua y los 250 de Los Sitios. Alzamora, un antropólogo de segunda, con ayuda de su becario Pierre, encuentra la única jota escrita en francés que se conoce, compuesta durante la Guerra de la Independencia. La presenta en sociedad de un modo efectista: una amiga de Pierre, cantante en un grupo post-punk, completamente ebria, la interpreta ante los congregados en un congreso científico. Sin querer, han dado con la brújula del universo, lo que desencadenará un hecho insólito: al cantar la jota se convoca a la Zaragoza del segundo Sitio, que se superpondrá a la del presente. Como si fuesen espectadores de una película tridimensional, los habitantes del siglo XXI pueden ver y escuchar con nitidez los sucesos del XIX, pero no al revés. Los universos son paralelos, en principio; nada de lo que sucede en uno puede afectar al otro. En principio.
Basándose en la Teoría de los universos múltiples de Everett, Mario de los Santos plantea una novela multidisciplinar: novela de intriga, con la pesquisas para intentar descifrar la letra de la Jota; novela histórica, al narrarse con esmero diversos acontecimientos de Los Sitios, y novela de ciencia ficción, en la línea de Stanislav Lem, con una mezcla de auténtica ciencia, planteamientos sociales, económicos y filosóficos. Todo ello trufado con un constante humor socarrón —a ratos, ácido— que lo mismo alcanza a situaciones cotidianas como a lo social y político, con especial mención para el mundo universitario. Debe destacarse —incluso sorprende— el papel de la Jota y el afán por rescatarla como canto popular, liberándola de corsés un tanto rancios.
De los Santos, doctor en Química, novelista de amplio bagaje cuya trayectoria ha sido reconocida con varios premios, productor de cortometrajes y editor durante una década de Tropo Editores, demuestra dominar los niveles en los que indaga y apuesta sin ambages por el apoyo al débil y la valoración del esfuerzo colectivo, anónimo a menudo, frente a los grandes nombres y hazañas. «Hemos nacido en una época afortunada: la época de la anestesia» dice un personaje, y el autor lucha por despertar al lector de esa anestesia. A la novela le viene como anillo al dedo esta reflexión de Karl Marx, escrita en El 18 brumario de Luis Bonaparte: «Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado.»
Los protagonistas se agrupan en tres parejas que simbolizan otros tantos estados vitales: la juventud impetuosa, el matrimonio estable y la desesperanza que halla consuelo en un amor maduro. Destaca la joven intérprete de la jota: física brillante y cantante en un grupo punk, su iconoclasia puede servir como retrato de la generación a la que pertenece el autor. Desde un comienzo caricaturesco, va creciendo hasta el reconocimiento y la admiración. Quienes hayan visto La gran belleza, de Sorrentino, tal vez hallen un paralelismo con el personaje de La Santa. Junto a ellos se despliega un abanico no muy amplio de personajes secundarios, a través de los cuales se satiriza o enaltece a tipos perfectamente replicables en la sociedad de cualquier época.
De los Santos, en definitiva, plantea que de dos distopías, confluentes en el tiempo y en el espacio, puede nacer una utopía. Aunque la utopía tampoco sea paradisíaca. Y lo hace a través de una novela que conjuga entretenimiento y profundidad. Una novela que, en su momento, mereció el II Premio de Novela Corta Fundación Dosmilnueve.

lunes, febrero 22, 2016

Yoro, Marina Perezagua


Los libros del Lince, Barcelona, 2015. 320 pp. 19,90 €

Miguel Sanfeliu

Yoro, misterioso título el de la primera novela de Marina Perezagua, tras los muy recomendables libros de relatos Criaturas abisales y Leche. ¿Qué o quién es Yoro? Yoro es el nombre de una niña, una niña que no es la protagonista de la historia, pero que canaliza todo lo que aquí se cuenta. La narradora es una mujer identificada como H, que va desgranando una historia terrible ante los ojos del lector con frialdad y precisión. Marina Perezagua, hay que advertirlo, no es una escritora amable, de tramas ligeras o intrascendentes. Uno debe estar preparado para enfrentarse a una prosa dura, a unas situaciones que duelen. Aquí vendría a cuento reírnos un poco del típico debate que enfrenta una supuesta literatura femenina y otra masculina, pero lo dejaremos para otra ocasión.
H es una mujer que ha sobrevivido a la explosión atómica que asoló Hiroshima, una mujer compleja, atormentada, que en las primeras páginas se dirige a alguien a quien identifica simplemente como "Señor", alguien que parece ha de juzgarla por un crimen. A partir de aquí, la historia comienza con un incendio en un campo de refugiados en el que H está con Yoro, un incendio que es, nos dice, el final de una búsqueda que ha durado cincuenta y cinco años. Y entonces sí, un tercer salto atrás para contarnos la historia de esa búsqueda, su amor por un americano llamado Jim que fue prisionero de los japoneses, su sexualidad traumática, su amistad con S, el transcurso, en fin, de un periplo incierto que sirve para repasar un periodo lleno de crueldad y sordidez.
Marina Perezagua se ha embarcado en un proyecto de gran ambición, una novela de más de trescientas páginas, con aspiración totalizadora en cuanto a las inquietudes e intereses de la autora. Ha urdido una trama desde la que poder hablar de los horrores de la guerra, de la crueldad del ser humano, pero también de la esperanza de la redención, del amor incondicional como motor de heroicidades.
Su estilo resulta fluido y muy eficaz, al servicio de una descripción aséptica y, por tanto, cargada de fuerza. Una muestra de la precisión de la autora a la hora de enfrentarse a imágenes atroces la encontramos en el siguiente párrafo: «La presencia de tantos hombres amontonados hizo que las maderas del barco comenzaran a absorber la humedad, rezumando gotas compuestas por el sudor de los prisioneros. La sed empezó a ser tan insoportable que los hombres comenzaron a lamer en las maderas esas perlas de agua hechas del sudor colectivo».
Se suceden las escenas con un aire casi onírico, imágenes perturbadoras por las que transcurre esta sucesión de horrores, de rabia, de denuncia. Un periplo que tiene su inicio en la explosión de la bomba atómica sobre Hiroshima y llega hasta las minas africanas donde se extrae el uranio, el principal componente de aquella bomba. Un catálogo de situaciones espeluznantes que dejan claro que a la autora no le interesan las tramas amables sino los gritos que surgen de la indignación ante la sinrazón de la crueldad.
Yoro es un libro interesante y, sobre todo, la prueba de que Marina Perezagua es una escritora que va a seguir dando que hablar y de la que se pueden esperar aún obras de gran calado.

viernes, febrero 19, 2016

La camisa del marido, Nélida Piñón


Trad. Roser Villagrasa. Alfaguara, Madrid, 2015. 162 pp. 16,90 €

Ignacio Sanz

Nunca había leído a Nélida Piñón, popular escritora brasileña de origen español, concretamente gallego, que ha recibido todo tipo de premios y reconocimientos; además de escritora ha desempeñado tareas de responsabilidad en instituciones culturales, academias y universitarias. Por todo ello sí había leído alguna entrevista en la que opinaba sobre diversos aspectos relacionados con la escritura y el periodismo. Recuerdo en concreto una respuesta que me impactó. Decía que no salimos de casa cada mañana a nuestro trabajo únicamente para traer el pan, el queso o el vino y compartirlo luego con los nuestros en la mesa. También salimos para recabar las historias que nos cuentan en el camino y compartirlas junto con los alimentos con los miembros de la familia. Porque esas historias acabarán orientándonos y dando sentido a nuestra vida.
Nélida Piñón reúne nueve cuentos en este volumen que comienza por el que da título al libro. En todos presenta un trasfondo complejo a partir de una situación particular. Podría decirse que se trata de cuentos que tienen como nexo la pasión, la sensualidad o la añoranza. También la soledad. Pero no hay un fondo doctrinario, eso se percibe con claridad. Quiero decir que los personajes resultan contradictorios, que a veces cojean, que el lector quisiera verlos más rebeldes o menos pusilánimes. Pero son así, posiblemente como correlato de los personajes reales en los que pudo inspirarse la autora. Mujeres colgadas de amoríos imposibles, mujeres apasionadas hasta el delirio, mujeres dominantas e irracionales, mujeres celosas, estúpidas y traidoras. El elenco de mujeres es variado. Como el de hombres, algunos machistas y castradores; otros tiernos, dejándose arrastrar por pasiones irracionales. Y, al fondo, la geografía exuberante de Brasil. Pero también bebe de la propia literatura. De ahí que la planicie manchega tenga protagonismo a través de don Quijote, Sancho, Dulcinea y Maritormes, personajes que juegan en un salón con espejos deformes que los reflejan. El emperador Carlos V es el personaje central de otro de los relatos. Y Camoens, autor de Os Luisiadas protagoniza el último, “La desdicha de la lira”, un relato de corte poético, precioso, en el que vemos al gran poeta portugués sobreviviendo en una Lisboa miserable que lo ignora acompañando por el mendigo indio que se arrastra a su lado. El poeta, creador de la grandeza de un pueblo, es ahora ignorado por todas esas familias nobles a las que ha dado, como Homero en la Odisea, un aliento definitivo.
En general me quedaría con los relatos escritos en primera persona, aquellos relatos en los que la subjetividad se acentúa. Lo digo porque algunos de los escritos en tercera resultan más distantes. Pero, en cualquier caso, qué gusto leer a una escritora culta que utiliza las pasiones, la propia literatura y la historia de cómo fuente de inspiración.

miércoles, febrero 17, 2016

Diarios 1956-1985, Jaime Gil de Biedma


Ed. Andreu Jaume. Lumen, Barcelona, 2015. 672 pp. 24,90 €

Bruno Marcos Carcedo

La poesía de Jaime Gil de Biedma cada vez se sitúa en una mejor posición dentro de la historia de nuestras letras y, ya superados los últimos escollos de las dominancias poéticas y agotadas las sangrías epigonales, se le percibe distinto a todos. A medida que pasan los años se entiende mejor su lugar dentro de la literatura y se le ve no como una anomalía sino como un producto singular, fruto de enlazar determinadas ascendencias poco habituales entre nosotros como la del romanticismo o la del modernismo inglés.
El resultado de su labor poética es una obra muy breve, muy decantada, muy atada a la vida, con una gran intensidad que alberga el canto a la plenitud al mismo tiempo que la elegía sin solución. Su tema principal es la juventud, encarnada en el erotismo, con las fascinaciones, urgencias e inquietudes que se tienen a los veinte años y con el lastre de la angustiosa amenaza de su fin. Gil de Biedma añadió a su experiencia vital su propia genealogía literaria y tomó de la época que vivió, tan marcada por el realismo social, y también de su tradición familiar un total coloquialismo que vuelve sus poemas prácticamente oralidad, textos para ser dichos, aspecto clave de su éxito comunicativo y hasta de su popularidad creciente.
De lo que ofrece esta edición de sus diarios lo mejor no es nuevo. Sin duda para este lector el preferido sigue siendo el primero, que ya se pudo leer hace años. Este contiene el relato de su primer viaje a Filipinas y plasma la algidez de su juventud, la libertad que encuentra en aquella antigua colonia, las descripciones de lo exótico de las islas, la vida de la alta burguesía colonial y empresarial en contraste con su actividad noctámbula, sus encuentros sexuales, la miseria que los rodea, la sordidez prostibularia, así como el final enredo con sus “novios filipinos”.
Es también interesante el diario posterior que recoge su convalecencia en un pueblo de Segovia para curar la tuberculosis. En esta parte vemos al poeta liberado de su vida urbanita y su trabajo de ejecutivo, entregado a la lectura y a la reflexión, a la creación literaria y al reposo contemplativo. Un periodo de tres meses que le marcó y que añora al comienzo del diario del año 1978, en el que cree falsamente haber recaído en la tuberculosis y experimenta un extraño sentimiento de ilusión por poder vivir otro tiempo como aquel de 1956 enfermo. Seguramente veía en esa etapa el ensayo de lo que habría sido su vida como poeta exclusivamente, aislado de la obligación laboral, las pasiones amorosas o las urgencias sexuales.
En los siguientes, coincidentes con la elaboración de su libro Moralidades se suceden sobre todo apuntes de utilidad para el estudioso de su obra, bien acompañados por las notas del cuidador de la edición, que ha tenido el buen tino de añadir cartas y fragmentos de entrevistas o artículos que ubican cada asunto de los que Biedma habla.
Es revelador el arranque del diario correspondiente a 1978 que ocurre durante una estancia en su casa de la costa, en el pueblo de Ultramort. Ahí hace una doble afirmación bastante dramática. En la primera reconoce que aunque es feliz ya no desea vivir mucho más y en la segunda asegura que, como escritor, no tiene ya nada que decir, ni a los demás ni a sí mismo. No en vano había ya escrito el poema “Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma”.
Finaliza este volumen el inicio del diario correspondiente al año 1985 que describe los primeros momentos del tratamiento médico poco después de ser diagnosticado de sida, enfermedad que le causaría la muerte cinco años después.
Los Diarios de Gil de Biedma constituyen una lectura fascinante en asociación a su obra poética pero, no obstante, dejan una sensación extraña. Aunque el lector tiene una gran impresión de ser confidente del autor percibe algo raro, probablemente, la sustitución de la sinceridad por el exhibicionismo en demasiadas ocasiones, operación que produce un juego de superposición de máscaras cuyo fin es la automitificación. El caso es que esta automitificación se convierte en la herramienta clave para lograr el objetivo de su obra, salvaguardar lo que perece por el paso del tiempo en el seno de la literatura. El problema es que este mecanismo hace perder, en pago, parte de la verdad con lo cual se extiende, tanto sobre sus diarios como sobre sus poemas, cierto velo de falsificación.