Mostrando entradas con la etiqueta literatura juvenil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura juvenil. Mostrar todas las entradas

sábado, abril 20, 2013

Las Eternas, Victoria Álvarez

Versátil, Barcelona, 2012. 352 pp. 17,90 €

Carmen Fernández Etreros

Una de las novedades que más me han sorprendido de literatura juvenil es la última novela Las Eternas de Victoria Álvarez, que ya me había gustado en Hojas de dedalera. Una novela diferente que sorprende en un universo literario juvenil bajo la moda de las novelas distópicas o la última hornada de novelas románticas. Victoria Álvarez combina con gran habilidad en Las Eternas el amor, la fantasía e incluso el horror con un ritmo peculiar e hipnótico.
Victoria Álvarez nos traslada en esta novela a la decadente Venecia de 1908, con sus canales sucios, sus góndolas negras y sus casas húmedas, a la que un día llegan un misterioso juguetero  llamado Gian Carlo Montalbano y su hija Silvana. Ambos se instalan en una casa en ruinas, que reforman, y abren una juguetería, "La Grotta della Fenice". El problema es que enfrente se encuentra la antigua y emblemática juguetería de los Corsini, de Venecia. En la juguetería de los Montalbano las mariposas vuelan sin hilos ni mecanismos aparentes y las muñecas hablan y se mueven, incluso son tan perfectas que parecen de carne y hueso.
Ante la llegada de este nuevo rival para su negocio Mario Corsini decide a averiguar los secretos del arte de los Montalbano e intenta entablar amistad con el juguetero y su hija, la bella y extraña Silvana. Pero Mario sin querer descubrirá que su secreto y sus cualidades artísticas superan los límites de la ciencia y la realidad y no podrá a escapar al misterio de los Montalbano.
Además de una trama diferente y original, que entronca con la historia de Mary W. Shelley y su Frankestein y quizás también con las aventuras del inolvidable Pinoccio, del también italiano Carlo Collodi, destaca el ágil ritmo con que dota la historia la autora, ya logra mantener al lector pegado a las páginas hasta que termina la novela. También los personajes Mario y su hermano Andrea, los dueños de la juguetería Corsini y la hija de Montalbano, una fémina extraña y complicada para las mujeres y los hombres de la época. Silvana sorprende tanto por su belleza como por su extraña actitud, ya que vive recluida en el taller de su padre trabajando en los innumerables juguetes que ambos crean.
El pilar de la novela es el amor entre Mario y Silvana, una pasión incondicional que está lejos de toda lógica y realidad. Uno de esos sentimientos que traspasan las fronteras de la realidad y por el que ambos personajes luchan durante toda la novela y que surge en contadas ocasiones. En suma Las Eternas es una novela juvenil ágil y dotada con una historia y unos personajes originales que atrapa al lector desde el primer momento y que es uno de los grandes aciertos de esta temporada.


Victoria Álvarez: "Los libros son la máquina del tiempo más poderosa que existe»


Con Hojas de dedalera, su primera novela, Victoria Álvarez sorprendió a un buen puñado de lectores, y no sólo aficionados al género fantástico. Ahora lo hace de nuevo con la segunda, Las eternas, una historia de mujeres artificiales, ambientada en Venecia, en que la búsqueda del amor perfecto mueve a los personajes a aventuras sin fin. En esta entrevista, exclusiva para La tormenta en un vaso, su autora nos desvela los secretos de esta nueva y esperada entrega.

Las eternas nos evoca de inmediato el mundo de Hoffman y sus mujeres artificiales. ¿Forma parte este autor de sus referencias literarias o es mera casualidad?
—La verdad es que fue una casualidad. Cuando estaba acabando de escribir la novela una de las amigas a las que les conté a grandes rasgos en qué consistía la trama me recomendó que leyera El hombre de arena porque creía que me resultaría interesante, y efectivamente me llamó mucho la atención, sobre todo por ciertas similitudes que existen entre Olimpia, la protagonista de Hoffmann, y la que yo había creado para Las eternas. De hecho, después de haber leído aquel relato decidí incluir un pequeño homenaje al comienzo del capítulo VII mencionándolo como uno de los numerosos libros que Silvana Montalbano tiene acumulados en su habitación. Dado que nuestros gustos literarios se parecen mucho estoy segura de que le habría fascinado tanto como a mí.



 Entra AQUÍ para leer la entrevista completa



 

viernes, noviembre 16, 2012

Solo con invitación: Sólo tú, Jordi Sierra i Fabra

Destino, Barcelona, 2012. 480 pp. 15,95 €

Carmen Fernández Etreros

Sólo tú es la última novela juvenil del autor Jordi Sierra i Fabra: una obra sobre el poder y la fuerza del amor. Una novela ágil y dinámica en la que nos cuenta la historia de amor entre Beatriz, una estudiante de 17 años que comparte sus opiniones e ideas sobre la música en su blog, y Rogelio un hombre de 38 años, director de marketing en una empresa discográfica y que se encuentra perdido en sus relaciones tras la muerte de su esposa. Un amor que se plantea desde las primeras páginas como imposible y pasajero por la diferencia de edad entre sus protagonistas. Pero ¿entiende el amor de edad y de diferencias? ¿Entiende el amor de lo que opinen los demás? El amor, como llega a decir Rogelio, debe ser absoluto y tiene una fuerza imprevisible que no lo detiene, aunque queramos, ante edades o problemas insalvables.
Lo mejor de la novela para mí es la personalidad de la protagonista Beatriz, una estudiante que está terminando bachillerato y que todavía no sabe muy bien qué hacer con su vida. Una joven que a pesar de su edad tiene muy claras sus opiniones y gustos musicales que plasma todo los días en su blog. Beatriz tiene una familia con problemas desde que su padre se separó de su madre y emprendió una nueva vida. La protagonista además tiene una extraña afición que fotografiar a escondidas a las parejas que se encuentra en el Turó Park de Barcelona, para luego quemar las imágenes de aquellas que están enamoradas y así impregnar el ambiente de ese sentimiento.
El punto de encuentro con Rogelio será su blog donde un día por casualidad leerá Rogelio una crítica a BrainGlobalNoise el grupo que está lanzando su discográfica. Y lo curioso, y bien pensado por el autor, es que Rogelio no tiene tantos conocimientos sobre música como Beatriz aunque trabaja en la industria de la música.
Sólo tú cuenta con una historia bien narrada, con un ritmo muy ágil y unos personajes secundarios interesantes como Gonzalo el amigo cantante de la protagonista y Elisabeth su vecina y única amiga. También que Jordi Sierra i Fabra dibuja el panorama crítico del sector de la música en nuestro país: los cierres de las casas discográficas, la influencia de los blogueros y la importancia del marketing para el lanzamiento de los nuevos grupos musicales.
Una novela Sólo tú en suma que engancha y que va más allá de una novela romántica para adolescentes y que provoca en los lectores


Jordi Sierra i Fabra: "La mayoría de autores no seguimos modas ni tendencias, vamos por libre, escribimos lo que sentimos"

El escritor Jordi Sierra i Fabra es seguramente uno de los autores más prolíficos de nuestro panorama editorial. Ha escrito por ahora más de 400 novelas, muchas de las cuales han sido traducidas a veinte idiomas diferentes y entre sus innumerables premios figura el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. Cada año publica varias novelas y este 2012 nos sorprende con Sólo tú una novela juvenil romántica que nos sumerge en una historia sobre la fuerza del amor entre dos personajes inmersos en los problemas de la industria musical

Sólo tú es una novela romántica en la que el amor entre sus protagonistas es el centro de toda la trama, ¿vuelve el amor a la literatura juvenil después de tantos años de triunfo del fantasy?
—A mí es que siempre me pasa igual. Tengo una idea, la planifico, hago el guión, escribo el libro, y pueden pasar a veces meses o años entre eso y que se publique. Entonces a lo peor aparece en medio de una tendencia y dicen que me he apuntado a ella. O todo lo contrario, no tiene nada que ver, y alguien dice que no estoy al día. ¿Cuándo entenderá la gente que la mayoría de autores no seguimos modas ni tendencias, que vamos de por libre, que escribimos lo que sentimos, cuando lo sentimos y cómo lo sentimos, que no aceptamos encargos, y que es el azar el que determina estos aspectos? Es más: hay algunos autores que somos los que marcamos tendencias, como hice yo hace más de 20 años con mi forma de entender y escribir el realismo. Tengo al menos dos docenas, o más, de ejemplos ilustrativos. Cuando escribí Casting faltaban seis meses para que apareciera la primer Operación Triunfo, la de Bisbal, Rosa, Chenoa, etc. Menos mal que puse la fecha al acabar la novela. Sin embargo al editarse, en plena fiebre “triunfera”, no faltó quien no se dio cuenta de esa fecha y dijo que yo me apuntaba la moda. Hay que tener siempre en cuenta cuando se hacen las cosas. Enmarcar una novela en su contexto temporal es básico.
Entra AQUÍ para leer la entrevista completa

miércoles, octubre 31, 2012

Solo con invitación: El corazón de Hannah, Rocío Carmona

La Galera, Barcelona, 2012. 452 pp. 17,95 €

Francesc Miralles

De vez en cuando, una novela juvenil cruza las fronteras de su público natural para cautivar a lectores que bien pueden ser padres de adolescentes. Los denominados cross-over suelen tener un o una protagonista joven, pero el ingenio y profundidad de la trama es capaz de seducir a cualquier adulto sin prejuicios. Este es el caso de El corazón de Hannah, la segunda novela de Rocío Carmona.
Después del éxito de La gramática del amor, publicado en siete idiomas ―incluyendo el chino―, podía esperarse que la autora se abonara a una fórmula de éxito parecida. Pero en lugar de eso, nos ha sorprendido con un novelón como los de antes, en el mejor sentido de la palabra. El corazón de Hannah es de estas raras novelas en las que su autora se pone al servicio de una historia arrebatadora con el único fin de guiar al lector por las peripecias, ascensiones y caídas de un personaje inolvidable.
Hannah es una adolescente amish de Pensilvania que, tras enamorarse de un joven fotógrafo que hace un reportaje sobre su comunidad, huye de un mundo anclado en el siglo XVIII para arrojarse ―esa es la palabra justa, vista las desventuras que le esperan― a un Manhattan donde conocerá la miseria, la denigración y el engaño. El viaje de esta heroína de corazón puro está lleno de giros, descubrimientos y sobresaltos. En su camino encontrará unos excéntricos baúles ―neohippies que mendigan de pueblo en pueblo y ofrecen inspiradoras canciones de rock―, un gigante negro que vende respuestas en Harlem, el libidinoso propietario de un hotel donde entra a servir…
A la manera de los grandes autores de folletines ―Dickens entre ellos―, desde los primeros capítulos El corazón de Hannah es una montaña rusa que deja al lector sin aliento y le obliga, con una pistola narrativa en el pecho, a seguir leyendo y leyendo hasta la extenuación.
Una vez seducida por el avispado jovencito de ciudad, que cumple el sueño de echar un polvo con una bellísima e ingenua amish, es imposible no seguir la bajada a los infiernos de un personaje tan memorable. Tras ser duramente castigada en su propia comunidad, que la condena a servir ―prácticamente como esclava― a una ciega colérica, un inesperado vuelco permitirá a Hannah escapar en autoestop al mundo implacable ―por otros motivos― del siglo XXI, donde alberga la esperanza de que su enamorado la esté aguardando.
No diré lo que le sucede a su llegada a Nueva York, porque bastantes spoilers he soltado ya, pero debo decir que las calamidades ―y algunos placeres― que vive la protagonista me han recordado a los de iconos literarios como Oliver Twist o Holden Caulfield. Es difícil no enamorarse de Hannah y escandalizarse con la corte de crápulas que se han propuesto hundirla en el lodo.
En suma, nos encontramos ante una narración clásica y a la vez muy explícita, apasionante e impredecible ―es casi imposible anticipar ese final―, que tiene como trasfondo el choque entre el puritanismo hipócrita del XVIII y los abusos y corruptelas de nuestra época.
Hay que tener valor para escribir un drama tan entretenido y ambicioso como este, no exento de humor y revelaciones, en una era en la que tantos autores del género imitan la corriente de moda sin enriquecer en nada al lector.
Por eso y por muchas otras cosas, Rocío Carmona merece mi más sincero aplauso.


Rocío Carmona: "He sentido que daba un pasito adelante"

Rocío Carmona sorprendió a lectores y crítica con su primera novela, La gramática del amor, un homenaje a la literatura en clave de viaje iniciático. Ahora, publica El corazón de Hannah, una historia en que las tradiciones de la comunidad amish le sirven de excusa para narrar con suspense y emoción un despertar al mundo y, por supuesto, a los sentimientos.
 
Entrevista de Care Santos

Lo primero que sorprende de El corazón de Hannah es que haya elegido a la comunidad Amish como protagonista de la novela. ¿Por qué ellos?
 
—Un amigo me trajo una revista alemana donde aparecía un artículo acerca de una mujer amish que había abandonado a su marido y a su comunidad para marcharse a Nueva York. La historia me impactó y ese fue el germen de la novela. Me pareció muy atractivo imaginar qué podría pasarle a una chica que ha vivido toda su vida en una comunidad muy religiosa y cerrada, en un contexto rural y con costumbres más propias de otra época, cuando de repente se ve en una gran ciudad, alejada del mundo pequeño y lento que ha conocido hasta el momento.
 
 
Entra AQUÍ para leer la entrevista completa

jueves, septiembre 06, 2012

No somos los únicos que llevamos este estúpido apellido, Marie-Aude Murail

Trad. Julieta Carmona. Destino, Barcelona, 2012. 208 pp. 11,95 €

Care Santos

Me pregunto qué lectores va a tener esta excepcional novela de Marie-Aude Murail en nuestro país. ¿Lectores desprejuiciados que compren un título de un sello juvenil sin pensar que rebajan su nivel de exigencia? ¿Adolescentes adictos a las librerías que gastan sus ahorros en novelas? ¿Padres de estudiantes de secundaria que no se escandalizan porque uno de los mejores personajes de la novela sea homosexual o que no se ofenden al leer una despiadada crítica hacia la clase media? ¿Estudiantes capaces de leer sin prejuicios, capaces de captar las sutilezas de un diálogo brillante y cautivador, así como los muchos matices de unos personajes seductoramente humanos o los golpes de ingenio de una autora cuyo nombre es garantía de buena literatura?
De todos ellos encontrarán estas páginas, estoy segura. Pero no nos engañemos: los lectores que esta novela necesita no abundan en nuestro país. Ni abundarán si la enseñanza se abarata y permitimos que triunfen ideas supuestamente modernas pero igual de paupérrimas (intelectualmente) como, por ejemplo, el imperio de lo políticamente correcto.
Me preguntaba, con tristeza, mientras leía estas páginas: ¿cuántos profesores de secundaria fascinados por la historia y el modo de contarla no se atreverán a mandarla leer a sus alumnos? Y, a pesar de todo, qué enriquecedor sería que se atrevieran a hacerlo, que la defendieran ante los padres airados, que la explicaran a sus alumnos confusos ante ciertas situaciones. Y no sólo porque nos hallamos ante una buenísima novela, sino porque sus páginas generarían con toda seguridad un debate rico y variado, tan cargado de matices como las propias escenas que viven los personajes, en las que los lectores podrían hacer eso que tanto se desea como efecto secundario de una lectura: tomar postura, reflexionar y, sobre todo, disfrutar.
Marie-Aude Murail siente predilección por contar historias en que los protagonistas viven en la más absoluta desprotección. Quien conozca su anterior entrega, Simple, sabrá de qué hablo. Murail habla de las víctimas más inocentes y más débiles de todas: los menores. Niños o jóvenes desamparados, dejados al cuidado de alguien tan débil como ellos o, simplemente, abandonados. Es el caso de los tres hermanos Morlevent, los protagonistas de esta historia, que en el primer capítulo han perdido a su padre —fugado— y a su madre —suicida después de ingerir un producto de limpieza doméstico— y quedan bajo la tutela del estado y la mirada atenta de una jueza de menores. Será esta jueza, un personaje magnífico ¬—insegura, apasionada y adicta al chocolate— quien se encargará de buscar quien se haga cargo de los niños entre sus únicos parientes: una hija no biológica del padre que resulta ser una pija con deseos de ser mamá de una niñita rubia y guapa y un medio hermano irresponsable y homosexual, que tiene una particular y excéntrica manera de vivir.
Con estos ingredientes y a ritmo de comedia, Murail nos retrata la peor situación a que pueden enfrentarse tres menores desprotegidos. Nos permite llegar comprender a todos los personajes que gravitan alrededor de ellos gracias a su capacidad innegable para matizar, profundizar y analizar. Nos sirve un par de personajes sencillamente inolvidables. Nos obliga a sonreír y a reír en multitud de ocasiones y, al fin, cierra con redobles un argumento que nos ha proporcionado todo lo que se puede esperar de una buena novela.

martes, octubre 25, 2011

Juntos, Ally Condie

Trad. Rosa Pérez. Montena, Barcelona, 2011. 352 pp. 14,95 €

Victoria R. Gil

Después de vampiros, zombis y demás no-muertos, la literatura juvenil se adentra en la ciencia ficción agitando, que no batiendo, una mezcla de romanticismo y sociedades supuestamente ideales que da como resultado un curioso cóctel de amor y distopías. Con menos violencia que la saga de Los Juegos del Hambre, de Suzzane Collins, que abrió el camino hacia ese pluscuamperfecto futuro con protagonista adolescente, Ally Condie toma el relevo y compone una novela más intimista, en la que el impulso de rebelarse que late en este tipo de historias se cocina a fuego lento.
Los aficionados a la ciencia ficción encontrarán —y disfrutarán descubriéndolas— referencias a los grandes maestros del género. Aquí están las drogas para el inevitable control de la población de Un mundo feliz; la muerte por decreto a la edad más conveniente de La fuga de Logan; el odio por la palabra escrita de Farenheit 451, y una omnipresente y todopoderosa Sociedad tan orwelliana que decide desde qué comen y cómo se visten sus ciudadanos hasta con quién deben casarse.
Ally Condie inicia en Juntos la historia de Cassia Reyes, una joven que empieza a preguntarse si el mundo que conoce es realmente el mejor de los mundos posibles, como siempre ha creído y todos le han asegurado. Y digo inicia porque no sabremos en esta novela a qué respuestas llegará la protagonista, ya que éste es el primer libro de una trilogía, Matches, cuya segunda parte se publicará en Estados Unidos el próximo mes de noviembre con el título de Crossed. Habrá que esperar hasta entonces para desvelar algunas de las múltiples incógnitas que la autora deja sin resolver, ya que es previsible que todas no se despejen hasta finalizada la serie. ¿Elegirá Cassia la ternura o la pasión? ¿El riesgo o la seguridad? ¿La libertad o la obediencia? ¿Sabremos por qué la perfecta Sociedad se equivocó precisamente al seleccionar a su pareja ideal? ¿O acaso no se trata de un error y sí de un experimento, una prueba, un sabotaje…?
Lo ignoramos. Como lo ignora la propia Cassia, con quien asistimos, en el día de su 17 cumpleaños, a la que será la ceremonia más importante de su vida, el momento en que conocerá el nombre y el rostro de su príncipe azul, con el que habrá de compartir un futuro con fecha de caducidad. Contra todo pronóstico, el procedimiento que nunca falla esta vez lo hace y la equivocación —¿Involuntaria? ¿Intencionada? ¿Manipuladora?—  es la espoleta que inicia una reacción en cadena en la conciencia de Cassia.
Con una reflexiva morosidad que sorprende en este tipo de narraciones, más hechas a la premura y la ligereza, la autora muestra la evolución que conduce a la protagonista a replantearse todo lo que hasta entonces había tenido por una verdad incuestionable. Un poema, tan clandestino como evocador, será el primer paso hacia la rebeldía que está por llegar. Pero no será hasta las próximas entregas cuando los millones de lectores que ha cosechado esta saga en todo el mundo descubran el camino que finalmente tomará la joven.
Ally Condie, una ex profesora estadounidense de educación secundaria, ha conseguido un éxito inmediato con esta trilogía por cuyos derechos de edición pujaron siete grandes editoriales norteamericanas, que se ha publicado hasta ahora en más de treinta países y cuyo guión ya se está escribiendo para que Disney lo lleve a la gran pantalla.

lunes, febrero 28, 2011

Tempus Fugit. Ladrones de almas, Javier Ruescas

Alfaguara, Madrid, 2010. 296 pp. 14,50 €

Sofía Rhei

¿Para qué sirve la literatura juvenil?, oímos preguntar a veces.
A mí también me gustaría, si no vivir, al menos poder echarle un vistazo a ese lugar donde uno pudiera dejar sobre la mesilla de noche de un niño de nueve años la serie completa de "Fundación", y esperar que al cabo de una semana el niño, entusiasta, hubiera deducido los fundamentos básicos de la sociología y de la psicohistoria pasando un agradable rato. Pero me temo que a menos que uno sea el nieto (intelectualmente malcriado) del mismísimo Isaac Asimov, eso es demasiado pedir.
La literatura juvenil está ahí, misteriosa incluso para quienes la escribimos, a medio camino entre las lecturas con ruedines y las motos de competición. Pero eso no significa que uno deba saltarse el importante paso de probar una bicicleta, helarse los nudillos cuando hace frío, despeinarse en todos los ángulos posibles y dejarse llevar por su incertidumbre y su tambaleo, como hace Hanna.
La libertad extrema, el dominio del espacio e incluso y el tiempo, no son más que la cárcel definitiva en el mundo diseñado por Tempus Fugit. Quien controla los transportes lo conoce todo. Por eso, la diminuta rebeldía de una adolescente que se niega a utilizar las cabinas de teletransporte va cobrando dimensiones más y más preocupantes para aquellos que vigilan desde arriba. Como siempre, son las cosas pequeñas, las grietas imperceptibles lo que hace que se abra una brecha en la roca: un error inexplicable que se intenta enmendar, una desaparición que cobra relevancia.
La excentricidad y la vestimenta de esta adolescente nos recuerdan un poco a la niña Momo, pero su personalidad es distinta porque Hanna es activa en vez de ascética y está movida por inquietudes impulsivas, como buena adolescente, sin que nunca le falten buenos motivos para ello. Los tres protagonistas son un abanico de personalidades y circunstancias con mucho interés: por una parte parece que no podrían ser más distintos, y por otra se acaba descubriendo que lo que tienen en común es precisamente esa parte de la naturaleza humana que merece ser salvada. Este trabajo psicológico implícito hace que el exoesqueleto de desolación tecnológica cobre un alma cálida, ya que es imposible no identificarse con alguno de los tres protagonistas.
Siempre es de agradecer que en un libro no dejen de pasar cosas, y que esas cosas se sucedan a la mayor velocidad posible. Las aventuras de Hanna enganchan desde el primer momento, despertando la curiosidad de un lector que irá desenmarañando al mismo tiempo que ella la compleja red en la que están atrapados los ladrones de futuros.
El mundo que construye Javier Ruescas tiene ingredientes distópicos, pero en mi opinión estos conviven casi con sugestivas imágenes relacionadas con la fábula moral. Quiero decir que lo importante o no es la minuciosa descripción del tipo de tornillos de energía o de paneles de cristal fotosensible, como a veces sucede, sino las causas de esta sociedad contaminada (por elementos que tanto abundan en la nuestra), y las consecuencias de sus errores para el conjunto de la población. El autor indaga en el porqué del futuro.
No cuento más. Merece la pena dejarse llevar por esta fábula de elecciones personales y responsabilidades con uno mismo. Se trata de una ficción científica muy verosímil y bien resuelta, inteligentemente escrita, con cierto regusto poético, que recuerda a Michael Ende o al Brazil de Terry Gilliam en la construcción de sus parámetros. Como todos los libros, describe solo una de las posibilidades que una trama con tantas ideas y potencial podría dar de sí. Para eso sirven las novelas: para despertar cientos de otras posibilidades en la mente del lector.
Ahora tengo treinta y dos años, y después de haber coqueteado con todos los géneros conocidos, ningún tipo de literatura me parece tan satisfactoria y completa como la ciencia ficción, y especialmente, todos sus híbridos: Catherine Asaro, David Brin, Neal Stephenson, Jasper Fforde, Connie WillisDelany, Zelazny, Adams, Stewart… Puedo disfrutarlo mucho ahora, pero ojala hubiera caído en mis manos Tempus fugit cuando era adolescente. Habría cumplido plenamente su propósito de hacer crecer los puntos de vista, de forzar a la imaginación a aplicarse sobre el aquí y el ahora. Este, sin duda, es uno de los mejores regalos para alguien de esa edad. Es uno de esos libros que crean lectores.

miércoles, septiembre 15, 2010

Temblor, Maggie Stiefvater

Trad. Alexandre Casal Vázquez y Xohana Bastida. SM, Madrid, 2010. 429 pp. 15,95 €

Rubén Castillo Gallego

Por costumbre, por integridad y por sentido común, odio tener prejuicios. Tanto en mi vida como en mis lecturas. En ocasiones, resulta inevitable dejarse arrastrar o zarandear por alguna de estas pulsiones irracionales y generalmente mezquinas; pero trato de reducir el número de sus influencias sobre mí en la medida de lo posible. Entre otras cosas porque considero que lo más hermoso de la inteligencia es su diario combate contra la estupidez. Y como además juzgo que tienen razón quienes afirman que la literatura está en el cómo, procuro que las etiquetas que se adhieren a los libros tampoco me afecten demasiado. Trato de ser yo (el consejo de Montaigne es brillante) quien construya su propio juicio sobre las obras. Sirva esta introducción para explicar que cuando llega a mis manos una novela como Temblor, de Maggie Stiefvater (que ha sido traducida por Alexandre Casal Vázquez y Xohana Bastida para la editorial SM), pongo entre paréntesis todas las advertencias que llegan a mis oídos y abro sus páginas con voluntad edénica. ¿Que la historia es de adolescentes y licántropos? Bien; resulta absurdo negarlo. ¿Que utiliza abundantes mecanismos folletinescos para atrapar con más eficacia a sus jóvenes lectores? Muchos otros lo hacen, con menos pericia y peores resultados... El argumento que aquí se nos pone ante los ojos es bien sencillo: una chica (Grace) fue atacada durante su niñez por un grupo de lobos, que no llegaron a matarla gracias a la intervención de un ejemplar de ojos amarillos, que pareció protegerla de sus compañeros. Sólo años después descubrirá que ese lobo es un muchacho (Sam) que, mordido por un viejo lobo en su infancia, se transformó en licántropo. La fascinación que Grace siente por estos animales (y en especial por el singular Sam) se va convirtiendo en amor cuando el chico irrumpe en su vida y da muestras de su ternura, su delicadeza y su deseo de volver a la condición humana. El problema es que la mutación que sufrió en la niñez no parece ser reversible. De hecho, todo indica que este invierno se transformará en lobo y no volverá jamás a su condición bípeda. Grace, pese a las dificultades, sigue dándole vueltas al asunto, por si encontrara alguna solución. Añadamos a esta trama a sus dos mejores amigas (Olivia y Rachel); un compañero de instituto que es también mordido y se incorpora a la nómina de los licántropos (Jack Culpeper); la hermana de este último, Isabel, que comienza a atar cabos entre los lobos y Grace y que empieza a moverse para ayudar a su hermano; las rivalidades y celos que surgen entre los componentes de la manada; y, atravesando toda la pieza, las emociones, las ideas y los diálogos esperables en un grupo de jóvenes, magistralmente reproducidos por Maggie Stiefvater. Cuando se termina la obra (el crescendo de las últimas treinta páginas es particularmente memorable), no queda más remedio que reconocer el mérito de esta obra. Si Crepúsculo (S. Meyer) era una obra que daba gusto leerla, no menor placer depara Temblor. Mi hija María, que me aconsejó ambas, tiene un olfato literario estupendo, que puede servir como termómetro para su generación. Si tienen que regalar una obra a una persona lectora de 12 a 16 años no lo duden: ésta es una opción espléndida.

miércoles, junio 23, 2010

Mi vida es un cuento, Janet Tashjian

Macmillan, Madrid, 2010. 207 pp. 14,90 €

Care Santos

Ay, ¿recordáis las vacaciones escolares? Los días laaaaaargos, la playa inmensa, los malditos cuadernos de vacaciones... Cada vez estoy más convencida de que uno de los secretos para disfrutar la literatura para jóvenes es conservar intacta la memoria. La autora de este libro, la estadounidense Janet Tashjian (Providence, Estados Unidos, 1956), dice que a veces se siente como una joven de catorce años atrapada en un cuerpo de señora. Ajá, eso es. Y acaso resulte saludable, no sólo para escribir, que así sea.
A partir de esa frase deduzco que Tashjian tiene mucho en común con el personaje principal de esta estupenda novela, Derek. También él está atrapado en un verano que no desea vivir y en unas circunstancias que le son hostiles y muy desagradables. A saber: unos padres sin sentido del humor que no entienden nada de lo que hace y sólo se empeñan en que lea y repase; un horripilante campamento de repaso donde se ve obligado a convivir con la empollona de la clase; la obligación de leer libros que no soporta y hacer un resumen de cada uno de ellos; una ciudad que sin su mejor amigo -de vacaciones en la playa- le parece un desierto...
Aunque Derek no es un chico corriente. Se le ocurren las cosas más peregrinas, como estrellar aguacates contra el coche de su padre, o ponerle espuma de afeitar en la boca al perro de la familia. Es aficionado al dibujo y amante de las historietas de Calvin y Hobbes -la autora dedica significativamente el libro al creador de esas tiras cómicas, Bill Waterson- y curioso por naturaleza. Será su curiosidad la que le lleve a un descubrimiento inquietante relacionado con el pasado familiar y con la muerte de una niñera que nadie le ha explicado. Sus ganas de conocer lo ocurrido le animarán a comenzar una investigación cuyos resultados serán agridulces: la verdad no siempre es agradable de conocer, pero a veces puede cambiar las cosas, incluso a mejor.
En definitiva, Derek cumple con la principal obligación de un preadolescente: crecer. Llevado por la curiosidad y por el afán de conocer sus orígenes, de saber más de sí mismo. El verano le servirá para demoler algunas ideas preconcebidas y para comprender un poco más el mundo adulto. Y todo ello sin perder la sonrisa.
Una novela para lectores jóvenes de cualquier edad. O para señoras -y señores- que conserven la memoria de sus vacaciones infatiles. Ay.

lunes, marzo 15, 2010

Perdona pero quiero casarme contigo, Federico Moccia.

Trad. Patricia Orts. Planeta, Barcelona, 2010. 672 pp. 18,90 €

Carmen Fernández Etreros

Segunda parte del éxito indiscutible para lectores juveniles, y no tan juveniles, Perdona si te llamo amor. Novela que abrió en Italia una controvertida polémica desde su publicación, ya que plantea una relación entre un pareja con veinte años de diferencia de edad: Niki una joven estudiante de 17 años y Alessandro un publicista triunfador de 37 años. Ambos superan todos los prejuicios sociales, vitales y emocionales en aras de su incomprendido amor, y en esta segunda parte tras un año de relación se les vuelve a plantear otro reto: el matrimonio. Cuarto libro del autor italiano Federico Moccia tras A tres metros sobre el cielo, Tengo ganas de ti y Perdona si te llamo amor.
Perdona pero quiero casarme contigo es una novela de lectura y estructura sencilla, apoyada en un lenguaje fresco y espontáneo. Escrita para desconectar y dejarse llevar por los ágiles diálogos y la falta de descripciones largas y complicadas. Una novela ligera sobre el poder irresistible del amor. Un cuento moderno en el que sobrevive un príncipe azul y triunfador que se la juega pidiendo matrimonio en un helicóptero a la princesa estudiante y descalza. Una novela a veces predecible pero cuyos recursos se enmarcan dentro de una trama lineal y esperada.
Esta vez la novela de Moccia se centra menos en la relación amorosa de los protagonistas y más en la influencia de los agentes exteriores a la pareja: los familiares, las hermanas posesivas que quieren controlar todo en la boda de su hermano, los amigos cuarentones desengañados de sus relaciones, las amigas veinteañeras que no comprenden la prisa de su amiga por casarse, las tentaciones que les pone la vida en el camino... La relación de Alessandro y Niki se queda apartada por todo lo que les rodea y les coloniza. A la vez se siente palpitar en la novela el ambiente de este siglo la música, la moda, las fiestas... Problemas incluso como el divorcio o las infidelidades conyugales de sus amigos cuarentones como Enrico, Flavio y Pietro o los embarazos no deseados juveniles como el de Diletta, son tratados en la novela de Moccia sin dramas ni graves debates.
Una novela como he señalado ligera y entretenida, sin grandes reflexiones ni honduras pero bien escrita y que refleja los problemas de ciertos sectores de la sociedad y que triunfa sin duda entre los jóvenes lectores.

martes, enero 05, 2010

Circunvalación. Una mirada a la educación literaria, Luis Arizaleta

Octoedro, Barcelona, 2009. 223 pp. 19,80 €

Ignacio Sanz

La lectura es una profesión especializada en estos tiempos en los que la presión comercial y el márquetin tratan de llevar a los potenciales lectores por un camino que necesariamente ha de pasar por la caja registradora. El autor de este libro ha hecho de la lectura su modo de vida. Y se nota. Para empezar, lleva más de quince años al frente de una empresa, FIRA, que tiene como objetivo fundamental el asesoramiento de lecturas. El equipo lo forman cinco personas, tres socios y dos empleados. ¿Quién podría imaginar algo semejante hace unos años? Una empresa de cinco personas cuyo objetivo esencial es recomendar libros. Casi nada. Claro que la empresa tiene su asiento en Pamplona y ejerce su actividad en Navarra, tanto en Pamplona como en los pueblos más grandes que la circundan, así como en alguno de la próspera Ribera del Ebro. La existencia de esta empresa es un indicio, me parece, de la calidad de vida de los habitantes de esta comunidad. Su actividad se centra, sobre todo, en la comunidad educativa, pues la empresa presta servicios fundamentalmente a los ayuntamientos y a los centros educativos, no sólo sugiriendo lecturas, sino acercando a los autores de los libros o a los grandes narradores orales españoles e hispanoamericanos (Carolina Rueda, Campanari, Pablo Albo, Pep Bruno, Susi Lillo, Luis Felipe Alegre...) para que las historias que cuentan terminen por ser una invitación velada para entrar en los libros.
Lo que básicamente cuenta Luis Arizaleta en este libro son sus memorias, un recorrido pormenorizado por su vida, entreverado con sus lecturas, con el descubrimiento de los grandes autores que han orientado sus pasos erráticos en tantos sentidos y que, de algún modo, se la han salvado.
Hay un párrafo que me llamó poderosamente la atención. Habla Arizaleta de la importancia de las cuadrillas en la conformación de la vida social navarra. Si no tienes cuadrilla no eres nadie o, en todo caso, eres un ser desvalido, solitario. Pues bien, él es, y lo reivindica, ese tipo gatuno, individualista, que ha preferido forjarse una personalidad no a través de los compañeros con los que se canta canciones y se bebe en rondas ruidosas, sino a través de escritores que susurran al oído. Y, sin embargo, esa mirada individual no le ha convertido en un individualista, sino en un ciudadano abierto y solidario. García Calvo, Savater, Juan Goytisolo, Martín Garzo, García Márquez, Cortázar son tan sólo algunos de los puntos de apoyo.
La primera mitad del libro el autor nos cuenta su vida en varios capítulos dedicados a la familia, los estudios, el trabajo, las relaciones sentimentales o al descubrimiento del cine, mientras que en la segunda reflexiona sobre su actividad profesional desde diversos prismas: comprensión lectora, oralidad, imágenes que refuerzan la lectura, adultos que leen colecciones para jóvenes. Cuenta experiencias muy interesantes, anécdotas que pueden alumbrar muchos caminos. En esta segunda parte Daniel Pennac o Juan Mata, grandes teóricos de la lectura, le sirven a apoyo.
Pero, como he dicho, entreveradas con cada capítulo, van las recomendaciones literarias. Se trata de un total de 111 libros infantiles y juveniles, la mayor parte de autores españoles tan clásicos como Juan Farias, Emilio Pascual, Antonio Ventura, Daniel Nesquens, Alfredo Gómez Cerdá, Gustavo Martín Garzo, Pilar Mateos, Pepe Maestro, Antonio Rodríguez Almodóvar, Lucía Baquedano, Gonzalo Moure, Blanca Alvárez o Fina Casaldelrrey. Aunque, cómo no, también están entre los elegidos extranjeros como Saramago o Rodari.
El entusiasmo que pone en la recomendación de estos libros es una reivindicación en toda regla de la literatura infantil y juvenil a la que a veces se observa con cierta condescendencia, cuando no con desdén manifiesto por parte de algunos profesionales o críticos “adultos”. Entren en esos libros, abran sus páginas sin prejuicio y gocen de lo lindo, nos dice Arizaleta. Merece la pena el viaje, como sin duda merece la pena abrir estas páginas y conocer de cerca una vida de un profesional que, contra viento y marea, ha dedicado a la lectura infantil y juvenil, sus mejores esfuerzos.

lunes, marzo 23, 2009

El libro negro de los secretos, E.F. Higgins

Trad. Mireia Terés Loriente. Puck, Barcelona, 2008. 253 pp. 13 €

Sofía Rhei

Es posible que, ante la gran cantidad de libros juveniles con portadas parecidas, llenas de elementos posiblemente mágicos, oscuros, intrigantes y anacrónicos, pueda ser difícil distinguir unos libros de otros, e identificar cuales son los más adecuados para cada lector o cada edad. Bien es verdad que la estela rowlingniana ha dejado una profunda huella en el diseño (no sólo gráfico) de los libros, y que esa presencia de elementos comunes puede dar lugar a error. Por ejemplo, ¿es El libro negro de los secretos un libro de fantasía o solo de ficción? ¿Trata elementos oscuros, satánicos, criminales? ¿Es una lectura de calidad o un nuevo golpe de efecto? ¿Se trata de un libro juvenil, como sugiere su aspecto?
Respuestas: no es un libro de fantasía, aunque lo pueda parecer. Tiene elementos criminales, pero poco oscuros, y desde luego no satánicos (aunque la trama incluya una pequeña reflexión acerca de las advertencias clericales). Su calidad literaria es alta, y el objetivo del autor es conseguir una escritura atemporal, con reminiscencias victorianas. Y solo se trata de un libro juvenil en la medida de que no contiene temas que habitualmente están poco recomendados para los jóvenes, pero tampoco es un libro modelado para adolescentes, de esos que persiguen satisfacerles a cualquier precio. De hecho, el libro sólo contiene en un grado muy pequeño la famosa «tensión sexual no resuelta» tan importante en esa franja de edad. Se trata de un buen libro, a secas; no busca los golpes de efecto, pero los encuentra gracias a la solidez de su trama. Absolutamente cualquier lector puede disfrutar mucho de él, pues el motor principal de la acción son los secretos privados de las personas, y esto quiere decir sus pasiones, sus errores, sus debilidades y sus crímenes.
En un entorno decimonónico y rural, en esa Inglaterra casi abstracta, un viajero aparentemente errante se instala en un pueblo perdido, y se anuncia como prestamista. Pero poco a poco sus habitantes van descubriendo que la verdadera mercancía que él compra no es otra que los secretos de las personas. Cada noche, una persona del pueblo se acerca a la casa del prestamista y le confiesa uno de sus secretos a cambio de dinero… y hasta ahí podemos contar. El narrador es el joven aprendiz del prestamista, un pequeño pícaro procedente de La Ciudad (versión algo expresionista de los barrios bajos del Londres de la época), que sufre una evolución personal al conocer al prestamista, y que también tiene sus propios secretos.
Esta reflexión sobre la naturaleza humana, sobre los tipos psicológicos y las situaciones extremas en las que las personas pueden verse forzadas a actuar en contra de su voluntad, sobre las desigualdades, las mentiras y las verdades, se deja leer estupendamente (gracias a la acertada traducción) y tiene algo de novela policíaca y psicológica envuelta en la bruma inglesa, algo de ese ambiente en el que cualquier cosa parece posible tan apreciado por los amantes de la fantasía y algo de aventura clásica en plan La isla del tesoro, tono proporcionado por el punto de vista del joven ayudante.
Para regalar y disfrutar.

viernes, febrero 06, 2009

21 relatos contra el acoso escolar, edición de Fernando Marías y Silvia Pérez

SM, Madrid, 2008. 262 pp. 7,80 €.

Juan Pablo Heras

Ya sabemos que la violencia en la escuela no es un accidente de nuestro tiempo. Nos lo recuerda, por ejemplo, el dibujo que aporta Carlos Giménez a esta antología, y que replica los ya sobradamente conocidos de sus álbumes de Paracuellos, recordándonos que el acoso escolar no siempre fue «entre iguales». Como tema, tampoco ha escapado a la atención de la literatura, quizá porque en las situaciones de acoso se revelan a la vez la crueldad primaria del hombre y las perversiones implacables de la civilización: recordemos, por ejemplo, el terrible relato de Roald Dahl Galloping Foxley. Pero la razón por la que Fernando Marías y Silvia Peláez han convocado a 21 autores para escribir estos relatos es la misma que, entiendo, justifica la subvención con la que el Ministerio de Cultura ha apoyado su edición: que la sociedad se ha puesto en guardia, y que ha llegado la hora de no mirar hacia otro lado cuando observemos a niños haciendo sufrir a otros niños. Por eso estos 21 relatos se presentan contra —y no sobre— el acoso escolar.
Antes de abrir el libro, a mí me sedujo la idea de ponerme en el lugar de los autores que habían recibido el encargo, de imaginarles ante una página en blanco que de pronto se hace encrucijada: ¿dónde focalizar el relato? ¿En el maltratado? ¿En el maltratador? ¿En los testigos? Por suerte, la compilación aporta todo tipo de puntos de vista, como prueba de la vocación exploradora con la que muchos de estos autores han enfocado la cuestión palpitante.
La colocación del primer y último relato está sabiamente estudiada. Comienza el libro con Chico omega, de César Mallorquí, un relato básico y fundamental, una suerte de grado cero del acoso, una instantánea desoladora y certera del corazón encogido de un niño que se despierta todas las mañanas para encaminarse al infierno en el que se ha convertido su colegio. Se cierra con Marcar un gol, de Care Santos, una tranquila mirada al pasado de una mujer adulta que ha dejado atrás el sufrimiento, que ha sido capaz de aprovechar su talento para salir adelante, pero que ni olvida ni perdona.
Entre los demás relatos merecen ser destacados aquellos que se atreven a penetrar en la mente oscura del maltratador. Aprende, de Espido Freire, para mi gusto el mejor del libro, consigue alumbrar, con una admirable economía expresiva, el trasfondo de maltrato que se esconde tras cada maltratador, la espiral maldita que se enrosca entre generaciones sucesivas y que lacera todo lo que toca. Entre los otros relatos que se colocan en esta perspectiva, merecen especial mención los de Ricardo Gómez —quizá el más adecuado, por ritmo y lenguaje, para el lector joven— y Gonzalo Moure, que opta por una mirada lírica. Lola Beccaria, por su parte, consigue reunir el doble punto de vista de acosador y acosado en un solo relato.
Otros autores han optado por incluir como personajes a los padres y sus dificultades para detectar lo que sus hijos callan. Ana Alcolea y Elena O’Callaghan i Duch coinciden en contraponer los puntos de vista de madre e hija ante una situación que, con demasiada frecuencia, cae en el olvido de los secretos inconfesables. Las dos caras de la misma moneda, de O’Callaghan, se fundamenta en un hecho real y suma a su valor literario el de testimonio ejemplar.
Al margen de otros tres relatos —los de Lorenzo Silva, Montserrat del Amo y Alfredo Gómez Cerdá—, que divergen de la temática predominante y cuyo contenido no puedo desvelar sin chafar su lectura, también merece la pena destacar la presencia de varios testimonios autobiográficos (o al menos así lo parecen) que nos retrotraen a épocas pasadas, a situaciones que resultarían exóticas a los lectores jóvenes si no fuera porque el acoso es una misma forma de miedo con distintas máscaras. Es el caso de los relatos de Jordi Sierra i Fabra, Carlo Frabetti y Gustavo Martín Garzo. El de Frabetti, Fidel Castro y el general Moscardó, aporta una refrescante nota de sentido del humor; Memoria, de Jordi Sierra i Fabra, resume en pocas páginas la experiencia que ya recreó en su novela Sin vuelta atrás, la misma, por otro lado, que le convirtió en escritor. Quizá en todo escritor se esconde un niño inadaptado, un espíritu incómodo que se refugia en otros mundos —los libros— para escapar de los lobos. Y es por eso que el acoso escolar no es, simplemente, un tema de moda, ni este libro un título oportunista, sino, en cambio, una muestra más del valor social de la literatura.

viernes, diciembre 05, 2008

El ladrón mago, Sarah Prineas

Trad. Matuca Fernández de Villavicencio. Montena, Barcelona, 2008. 304 pp. 18,95 €

Carmen Fernández Etreros

Sorprende en el panorama de la literatura para jóvenes este libro, El ladrón mago, y resulta un buen ejemplo de la lozanía de la literatura fantástica juvenil. Si bien se pueden encontrar ciertas coincidencias con el admirado mago internacional Harry Potter, el joven Conn, el protagonista de El ladrón mago, tiene una personalidad arrolladora y unas manos extremadamente ágiles. Ya avanzo que la aventura que cuenta la escritora Sarah Prineas es original y sorprende en un panorama colonizado por grises magos y magias “pseudopotter”.
El ladrón mago, que ha sido publicada en nuestro país por Montena y ya se encuentra en la lista de más vendidos de Gran Bretaña, cuenta la historia de un joven ladrón cuyo oficio es robar a los transeúntes despistados. La casualidad y la suerte hacen que Conn tropiece en su camino con un poderoso mago, Newery, y le robe una piedra que resulta ser su amuleto. En una situación normal el joven Conn debería haber muerto calcinado nada más tocar la piedra, pero milagrosamente la piedra brilla tranquila en su mano.
“¿Matarme había dicho? ¿La piedra locus iba a matarme? Me llevé la mano al bolsillo. Entonces me vi sacar la piedra. Sobre mi palma, parecía un trocito de noche con contornos suaves. Parpadeé y la piedra empezó a crecer, y de repente mi mano estaba cubierta por una masa oscura y pesada. El fuego de la chimenea tembló y se apagó” (pág. 15).
El huraño y solitario mago Newery, sorprendido por el prodigio, lo convence para que se convierta en su aprendiz, y desde ese momento comienza la poco creíble conversión del pillo ladrón en mago. El joven Conn tendrá que adquirir ciertos conocimientos como conjuros mágicos, pero además para ser un mago verdadero necesitará descubrir cuál es su piedra mágica, su “locus magicalis”. La búsqueda de la misteriosa piedra le llevará a descubrir un secreto mayor, con el que el joven aprendiz de mago podría salvar la ciudad.
Un libro curioso que se complementa con el original diario del mago Newery con el que termina cada capítulo, por el que el lector puede conocer los verdaderos pensamientos y dudas de Newery sobre su aprendiz. Además cuenta con las mágicas ilustraciones de Antonio Caparro que van registrando con destreza paso a paso las aventuras del joven Conn dotando la aventura de realismo y acción.En suma una nueva saga de novela juvenil prometedora, que destaca en este primer título por la agilidad y el ritmo que imprime la autora, con el que con seguridad disfrutarán los numerosos adictos al género de la literatura fantástica juvenil.

viernes, septiembre 05, 2008

Zara y el librero de Bagdad, Fernando Marías

Ediciones SM, Madrid, 2008. 256 pp. 15,50 €

Mercedes Cebrián

Sabemos de sobra que uno de los temas más difíciles de abordar en la literatura para niños y jóvenes es la guerra, y por ende el odio y la violencia entre los humanos. Quizá no hayamos reparado tan a menudo en el que probablemente sea el segundo más difícil en los tiempos que corren: el valor de las palabras, y todo lo relacionado con ellas, entre otras cosas la literatura y, por oposición, el silencio.
Zara y el librero de Bagdad se impone la compleja misión de abordar estos dos aspectos de la existencia humana «explicada a los jóvenes» y supera muy decentemente la prueba. La novela tiene además sus toques metaliterarios, pues, además de un narrador en primera persona, incluye dos textos escritos por personajes de aquella, Max y Khakim, ambos apasionados por los libros y lo que estos contienen.
La principal intriga que nos mueve a seguir leyendo (y que, confío, hará aparcar la playstation a los menores de dieciocho al menos por un rato) tiene que ver con las últimas cinco palabras pronunciadas por Antonio Machado antes de morir. Ese enigma, tan alejado de uno al uso tipo «¿quién se hizo con las armas robadas?» o «¿quién mató al magnate del acero?», es motor y a la vez combustible de una historia poblada por personajes variopintos y dibujados con precisión: iraquíes, españoles, ancianos, de mediana edad y, por supuesto, la adolescente que da título al libro.
Zara y el librero de Bagdad también sale airosa a la hora de introducir dilemas morales —¿existen malos y buenos? ¿Es lícito atentar contra otros por causas nobles?—, y todo esto lo consigue moviéndose en terrenos realistas, situando las acciones contemporáneas en el mundo en el que nos toca vivir (es decir, los nombres Aznar y Bush aparecen de refilón). El único y pequeño reproche que le haría a esta novela es el de tratar de simplificar, entiendo que por exigencias “didácticas”, las complicaciones del amor cuando va unido al deseo. Si bien el texto nos hace ver sabiamente que el mundo es un lugar muy complejo, tanto hoy como en pleno comienzo de la Guerra Civil española, Max, uno de los protagonistas (quien dice haber huido del amor durante toda su vida), da por segura su felicidad vital si no hubiese huido de aquella parisina con la que se cruzó en los Campos Elíseos y que tanto le gustó cuando era un joven soldado:
«Muchas veces me he figurado la decepción de aquella muchacha al verme correr. Casi siempre me consuelo pensando que esa misma noche me habría olvidado, y que ahora será una abuela feliz. Pero otras veces imagino que hoy es una anciana solitaria que, casi sesenta y cinco años después, sigue preguntándose por qué aquel joven soldado huyó de ella cuando era tan obvio que habrían sido inmensamente felices juntos».
Para explicar por medio de la ficción que la felicidad de esa o de cualquier otra pareja es algo que hay que construir con esfuerzo, y que no está en absoluto garantizada por más que los tortolitos sean jóvenes y estén de buen ver, haría falta otro libro del doble de grosor que Zara y el librero de Bagdad. Pero esa sería otra historia…