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martes, abril 15, 2014

Soy un artista, Marta Altés

Barcelona, Blackie Books, 2014. 30 pp. 14,90 €

Villar Arellano

El título de este álbum ilustrado le queda que ni pintado a su autora. Marta Altés es toda una artista y su talento consigue el prodigio de hacernos sonreír, enternecer, reconocer, imaginar, temer… y deslumbrarnos con una propuesta aparentemente sencilla pero rebosante de ingenio y de impecable factura.
Su envoltorio, en efecto, podría parecer muy básico. El argumento nos presenta a un niño pequeño que se divierte experimentando con el arte mientras su nerviosa madre trata de mantener la calma y el orden ante la onda expansiva de tan desbordante creatividad. Este planteamiento se desarrolla en unas pocas páginas ilustradas a todo color, con un formato de álbum que añade atractivo a la lectura. ¿Eso es todo? Por supuesto que no, por eso la autora es una artista. Altés despliega todo un arsenal de recursos y los utiliza para ejercer su poder y narrar, sugerir y emocionar.
En primer lugar, el texto —un monólogo del protagonista— permite al chaval desahogarse con el lector. Todos los artistas se sienten, a veces, incomprendidos. Es lo que le pasa al narrador con su madre, una mujer llena de arte pero con “una manera muy distinta de ver las cosas” a la de su hijo. El pequeño genio va exponiendo sus dificultades de comunicación, esa falta de entendimiento creativo.
Pero aún hay más. Las ilustraciones dan el genial contrapunto al texto, aportando una nueva perspectiva al relato, un tono irónico que modifica nuestro papel como lectores, haciéndonos pasar de cómplices de las confidencias infantiles a asombrados espectadores de una divertida y catastrófica historia. Así, donde el protagonista habla de su autorretrato múltiple, las ilustraciones nos muestran un espejo roto (supuestamente de un balonazo) que, efectivamente, divide la imagen en cien fragmentos. La falta de entendimiento desvela así todo su disparatado sentido, provocando la risa y la admiración.
El humor preside cada página, proponiendo dos miradas, dos versiones diferentes de una misma realidad: la visión idealizada y sublime del artista frente a la perspectiva prosaica, limitada y un tanto ansiosa de la madre. A lo largo de este recorrido, el lector es testigo del desenfrenado impulso creador del muchacho. Su inspiración no conoce límites: la naturaleza, los colores, el movimiento, las texturas y formas…
El estilo gráfico de Marta Altés subraya este carácter humorístico. De línea naif, las técnicas utilizadas (lápices de colores, convenientemente “enriquecidos” con acuarelas), aproximan su trabajo al lector infantil, efecto que se remarca con el uso de dibujos esquemáticos para las creaciones del protagonista. La ausencia de fondos hace resaltar a los personajes, sus acciones y las consecuencias. El resultado son páginas muy dinámicas, alegres y coloristas.
No faltan en este maravilloso álbum pequeños homenajes a los grandes genios del arte (el bigote de Dalí, la camiseta de Picasso o los móviles de Calder), así como los títulos que parodian el lenguaje grandilocuente de los artistas (La soledad de la zanahoria abandonada) o las etiquetas del arte abstracto (Azul nº 10, 11 y 12).
En resumen, una magnífica obra llena de matices que ejemplifica la profunda riqueza de este género y su largo alcance en manos de ilustradores como Marta Altés. No sabemos si su infancia fue como la del protagonista, pero no tenemos ninguna duda acerca de la madurez de su arte y de su talento para conectar con la inteligencia infantil. Sólo así se entiende esta hábil combinación de inocencia y transgresión, vandalismo y ternura: Arte Altés.

martes, octubre 16, 2012

Letras en los cordones, Cristina Falcón Maldonado

Ilust. Marina Marcolin. Kalandraka, Pontevedra, 2012. 32 pp. 14 €

Carmen Fernández Etreros

Para comenzar este otoño literario os vamos a hablar de un nuevo álbum ilustrado para los pequeños lectores: Letras en los cordones. Un álbum delicado y diferente editado por Kalandraka, que nos recuerda esos primeros años en los que todos empezamos a leer y a escribir en el colegio y un mundo nuevo cargado de letras, números y emociones se abre de par en par ante nuestros ojos.
Su autora Cristina Falcón cuenta en Letras en los cordones la historia de una familia numerosa y humilde en la que la hermana mayor y su abuela se ocupan de organizar la casa mientras la madre trabaja lejos del hogar. La madre regresa los fines de semana pero de lunes a viernes no puede ocuparse de ellos. Un cuento entrañable que está narrado desde la voz de una niña, la tercera entre siete hermanos que se encarga de contar cómo es la vida de su familia.
La mayor de todos los hermanos es Flor que tiene siete años y ya sabe leer. A Flor le encanta la escuela y quiere ser maestra de mayor. Pero Flor se tiene que encargar de cuidar de sus hermanos y de llevarles a la escuela por las mañanas pero sueña todos los días y para nuestra pequeña protagonista la razón de esa tendencia a la fantasía “es por las letras, que a Flor las letras le han metido esas cosas en la cabeza”. Porque Flor dice que “las letras son contadoras de cosas y que cuando aprendes a leer es como si te contaran cuentos”.
Hay que destacar las hermosas y delicadas ilustraciones de Marina Marcolin basadas en un fondo de colores ocres junto a estampas familiares muy realistas, papeles viejos en tonos beis, cuadernos de escritura de pauta, letras de imprenta, acuarelas... Todo con la complicidad de los curiosos dibujos a lápiz que acompañan a las letras del abecedario diseminadas por las páginas de Letras en los cordones.
La historia surgió a raíz de la participación de su autora Cristina Falcón en una campaña internacional organizada por varias ONG’s en favor del derecho de la infancia a la escolarización y la educación. Letras en los cordones es un hermoso álbum ilustrado que nos recuerda que muchos niños y niñas no tienen todavía acceso a la educación y que también muchos tienen que ir caminando a la escuela sin zapatos en muchas aldeas del mundo. Para recordarnos que en algunos lugares todavía faltan cordones y letras.

martes, octubre 19, 2010

El abrigo de Pupa, Elena Ferrándiz

Thule, Barcelona, 2010. 40 páginas. 12 €

Care Santos

El miedo es uno de los sentimientos que más han contribuido a moldearnos como especie. Sin miedo no habríamos sobrevivido. Y tampoco habríamos descubierto la necesidad de huir. Hay miedos pequeños y miedos grandes. También hay miedos de personas pequeñas y miedos de personas grandes. Todos son igual de poderosos. Este libro trata sobre ellos. Más aún: trata de cómo enfrentarse al mundo sin llevarlos a cuestas. Porque, del mismo modo que nos empuja a avanzar, el miedo también puede paralizarnos.
La ilustradora y escritora gaditana Elena Ferrándiz nos cuenta la historia de Pupa, una niña que todos los días se coloca el abrigo de los miedos, que lleva desde que era pequeña, y sale con él a recorrer el mundo. Un mundo que, con ese lastre, sólo puede tener una apariencia inhóspita, de bello apocalipsis, de soledad irremediable. Pupa le teme a todo: a estar sola, a volar y a hundirse, a que la quieran y a que no, a que las cosas cambien y a que todo siga igual, a ella misma y a los demás... Sus temores son brutalmente familiares, terriblemente humanos. También son contradictorios: a menudo se presentan por parejas, en un fascinante juego de contrarios, cargado de símbolos que invitan a la reflexión y que se adentran en el terreno de la filosofía. Las ilustraciones subrayan todo eso con su enorme lirismo y completan el significado del texto con símbolos e imágenes que son historias en sí mismas. La dedicada al miedo a ser querida, por ejemplo, muestra a Pupa caminando por la tela de una araña, una de cuyas líneas maestras se prolonga en forma de registro de electrocardiograma, con un resultado visual excelente que sugiere desde el latido del corazón, la fuerza de las emociones, la posibilidad de la caída, el equilibrio que se necesita para recorrer el territorio de lo emocional sin perder pie, la fragilidad de los sentimientos, la semejanza entre amar y retener...
Los miedos de Pupa crecen hasta que el abrigo pesa demasiado. Entonces la niña decide tomar una decisión valiente y desprenderse de él. Y de pronto descubre algo fascinante. El colofón lo pone la cita de la sobrecubierta, de Lao Tse, que insiste en la poesía que impregna toda la obra: "Aquello que la oruga llama el fin del mundo, el resto del mundo lo llama mariposa".
Un álbum para volver a ser niño y para permitir que los niños se asomen un poco al mundo adulto.

miércoles, junio 02, 2010

Una vaca, dos niños y trescientos ruiseñores, Ignacio Sanz

Edelvives, Madrid, 2010. 168 pp. 8,50 €

Care Santos

Un buen narrador es aquel capaz de dar vida y sentimiento a cualquier anécdota, por insignificante que sea, de hacernos olvidar el qué en favor del cómo. Ignacio Sanz es un narrador portentoso. En sus manos, en sus palabras, cualquier pequeña peripecia adquiere texturas únicas, matizadas. Si la peripecia es, además, tan original e insólita como la que sirve de armazón a esta novela, el cuento se convierte en un verdadero deleite para lectores de cualquier edad.
Vicente Huidobro, el poeta chileno a quien "su país se le hacía muy alargado y demasiado estrecho" es el protagonista de esta historia que acaba de obtener el Premio Alandar de literatura infantil. Aunque no sólo él: también una vaca, la Jacinta, y tres centenares de pájaros mallorquines y viajeros a su pesar. Una nota advierte al principio del libro que lo que vamos a conocer es un episodio muy bien documentado de la vida del poeta. Es decir: que en verdad Huidobro tuvo la ocurrencia de embarcar en su Santiago natal con rumbo a España llevando consigo una vaca, responsable de la alimentación de sus dos hijos, y de regresar siete años más tarde, requerido por su familia, después de que los hijos hubieran recibido educación en París y Madrid llevando consigo a la misma vaca, ya casi emparentada con su linaje por cuestiones lácticas, y por añadidura trescientes ruiseñores con los que pretendía poblar el nuevo continente.
Los ruiseñores, adalides de la libertad, no soportan el largo viaje. No así la vaca y sus moscas, que gozan de una salud envidiable a pesar de las duras condiciones. Casi se diría que está la Jacinta más contenta que los niños, quienes asisten desolados a la muerte de los pájaros mientras su padre, en pleno arrebato creativo, no sale de su camarote individual y su madre se queja de todo lo que le ocurre.
Habla de muchas cosas esta novela. Del significado y la utilidad de la poesía, una tarea tan inútil e incomprendida que puede permitirse el lujo de ser excéntrica. Del significado de la lealtad. Del valor de los sueños, sobre todo de los imposibles. Del empeño, de la esperanza, de la ilusión. De la construcción de un mundo mejor, donde a lo más menudo -el canto de un pájaro- se le concede la posibilidad de cambiar las cosas. De los sinsabores de la creación literaria, del universo personal y poblado de fantasmas del escritor. Y también de la comprensión de lo ajeno, de la amistad frente a la diferencia.
El libro se estructura en dos partes. La primera, contada por un narrador ágil, con ciertos toques de humor y grandes dosis de ternura, nos cuenta el periplo de la familia Huidobro entre Chile y España, su etapa europea, el capricho ornitológico del poeta y el regreso. La segunda, centrada en la navegación, adopta forma de diario de a bordo y está escrita por los dos hijos del poeta, Vicente y Manuela. El tiempo en ella se detiene, por contraste con el rápido avance al que hemos asistido en la primera parte, y abunda la recreación de los detalles, la pormenorizada crónica del viaje de los trescientos pájaros cautivos. Acaso el autor, pensando que se dirigía a un público joven, ha querido aproximar el relato a sus receptores. No eran tan necesario, en realidad: Sanz es un narrador magnético, que no precisa ampararse en otra voz para cautivar, que encandila con una naturalidad asombrosa.
Cuando el barco -el Tierra de Fuego- atraca en Chile, también nosotros, lectores, formamos parte de esa familia de raros, como la vaca, como los pájaros muertos, como el poeta regresado para siempre, como el capitán Guajardo, que comprendió.
Este libro merece una vida larga. Como la de la vaca Jacinta, la que daba veinticinco litros diarios de leche cremosa y dulce, que volvió a su país a morir y que ahora abraza -gracias a estas estupendas páginas- una merecida posteridad.

martes, mayo 04, 2010

Mi hermano el genio, Rodrigo Muñoz Avia

XVIII Premio Edebé de Literatura Infantil y Juvenil. Edebé, Barcelona, 2010. 182 pp. 7,95 €

Ignacio Sanz

Lola, la narradora de esta novela infantil, es una chica con gran desparpajo que juega como defensa en un equipo de fútbol masculino. La única chica de entre todos los equipos de forman la liga. Naturalmente ha llegado ahí porque la apasiona el fútbol y pone todo su empeño por ser cada día mejor. Sus padres son profesionales de la música. Ambos. Y su hermano Gracián es un verdadero fenómeno cuando se sienta frente al piano. De hecho ya ha salido en un telediario. Lola, más por imposición del entorno que por verdadera voluntad, acude a clase de violín sin gran aprovechamiento. Porque su auténtica pasión es el fútbol. Su ídolo se llama Messi.
Con estos ingredientes, Rodrigo Muñoz Avia ha escrito una novela a ratos divertida, a ratos dramática, con cierta inclinación verborraica, pero no exenta de momentos emocionantes y que se lee como si nos estuviéramos deslizando por un tobogán.
La pasión por el fútbol que domina la vida de Lola se ve neutralizada por el ambiente musical que reina en la casa, un ambiente que resulta casi excluyente. Ahí comienza el conflicto, un conflicto que se va a revelar al final muy esclarecedor.
El autor, de manera oblicua va salpicando el relato con historias de algunos de los grandes genios musicales, historias que resultan sorprendentes. Así nos enteramos de ciertas excentricidades de Mozart o de John Cage, el autor de 4,33 una melodía originalísima cuyo título alude a la duración de la misma y cuya característica más notable consiste en la incorporación del silencio. No es que la melodía esté salpicada de silencios, sino que toda ella es un prolongado silencio que dura exactamente eso, cuatro minutos y treinta y tres segundos. De modo que el publico incorpora ese silencio a su experiencia musical. Pero ese silencio es distinto cada vez que la orquesta interpreta la melodía porque las circunstancias ambientales alteran su contenido. Una verdadera pirueta propia del arte conceptual.
Más allá de las peripecias y excentricidades de los personajes, la novela retrata esos ambiente obsesivos y cerrados que pueden llegar a ser opresivos en los que viven algunos niños a los que sus padres limitan las posibilidades de desarrollo y de relación social porque desde que les salen los dientes ya les marcan un destino artístico o deportivo que les encapsula de espaldas a la sociedad en la que crecen.
Salpicada de humor, la novela se alzó con el último premio Edebé de literatura infantil lo que representa un aval a su calidad.

martes, enero 05, 2010

Circunvalación. Una mirada a la educación literaria, Luis Arizaleta

Octoedro, Barcelona, 2009. 223 pp. 19,80 €

Ignacio Sanz

La lectura es una profesión especializada en estos tiempos en los que la presión comercial y el márquetin tratan de llevar a los potenciales lectores por un camino que necesariamente ha de pasar por la caja registradora. El autor de este libro ha hecho de la lectura su modo de vida. Y se nota. Para empezar, lleva más de quince años al frente de una empresa, FIRA, que tiene como objetivo fundamental el asesoramiento de lecturas. El equipo lo forman cinco personas, tres socios y dos empleados. ¿Quién podría imaginar algo semejante hace unos años? Una empresa de cinco personas cuyo objetivo esencial es recomendar libros. Casi nada. Claro que la empresa tiene su asiento en Pamplona y ejerce su actividad en Navarra, tanto en Pamplona como en los pueblos más grandes que la circundan, así como en alguno de la próspera Ribera del Ebro. La existencia de esta empresa es un indicio, me parece, de la calidad de vida de los habitantes de esta comunidad. Su actividad se centra, sobre todo, en la comunidad educativa, pues la empresa presta servicios fundamentalmente a los ayuntamientos y a los centros educativos, no sólo sugiriendo lecturas, sino acercando a los autores de los libros o a los grandes narradores orales españoles e hispanoamericanos (Carolina Rueda, Campanari, Pablo Albo, Pep Bruno, Susi Lillo, Luis Felipe Alegre...) para que las historias que cuentan terminen por ser una invitación velada para entrar en los libros.
Lo que básicamente cuenta Luis Arizaleta en este libro son sus memorias, un recorrido pormenorizado por su vida, entreverado con sus lecturas, con el descubrimiento de los grandes autores que han orientado sus pasos erráticos en tantos sentidos y que, de algún modo, se la han salvado.
Hay un párrafo que me llamó poderosamente la atención. Habla Arizaleta de la importancia de las cuadrillas en la conformación de la vida social navarra. Si no tienes cuadrilla no eres nadie o, en todo caso, eres un ser desvalido, solitario. Pues bien, él es, y lo reivindica, ese tipo gatuno, individualista, que ha preferido forjarse una personalidad no a través de los compañeros con los que se canta canciones y se bebe en rondas ruidosas, sino a través de escritores que susurran al oído. Y, sin embargo, esa mirada individual no le ha convertido en un individualista, sino en un ciudadano abierto y solidario. García Calvo, Savater, Juan Goytisolo, Martín Garzo, García Márquez, Cortázar son tan sólo algunos de los puntos de apoyo.
La primera mitad del libro el autor nos cuenta su vida en varios capítulos dedicados a la familia, los estudios, el trabajo, las relaciones sentimentales o al descubrimiento del cine, mientras que en la segunda reflexiona sobre su actividad profesional desde diversos prismas: comprensión lectora, oralidad, imágenes que refuerzan la lectura, adultos que leen colecciones para jóvenes. Cuenta experiencias muy interesantes, anécdotas que pueden alumbrar muchos caminos. En esta segunda parte Daniel Pennac o Juan Mata, grandes teóricos de la lectura, le sirven a apoyo.
Pero, como he dicho, entreveradas con cada capítulo, van las recomendaciones literarias. Se trata de un total de 111 libros infantiles y juveniles, la mayor parte de autores españoles tan clásicos como Juan Farias, Emilio Pascual, Antonio Ventura, Daniel Nesquens, Alfredo Gómez Cerdá, Gustavo Martín Garzo, Pilar Mateos, Pepe Maestro, Antonio Rodríguez Almodóvar, Lucía Baquedano, Gonzalo Moure, Blanca Alvárez o Fina Casaldelrrey. Aunque, cómo no, también están entre los elegidos extranjeros como Saramago o Rodari.
El entusiasmo que pone en la recomendación de estos libros es una reivindicación en toda regla de la literatura infantil y juvenil a la que a veces se observa con cierta condescendencia, cuando no con desdén manifiesto por parte de algunos profesionales o críticos “adultos”. Entren en esos libros, abran sus páginas sin prejuicio y gocen de lo lindo, nos dice Arizaleta. Merece la pena el viaje, como sin duda merece la pena abrir estas páginas y conocer de cerca una vida de un profesional que, contra viento y marea, ha dedicado a la lectura infantil y juvenil, sus mejores esfuerzos.

viernes, agosto 14, 2009

Este cuerpo es humano. Anatomía escrita y dibujada, Grassa Toro y José Luis Cano

Thule, Barcelona, 2009. 40 pp. 14,33 €

Ignacio Sanz

La anatomía es, en principio, una materia árida. Pero si cae en manos de un pathafísico puede resultar desconcertante. Este libro destinado a los niños con afanes científicos tiene un planteamiento riguroso, es decir, se adentra en todas y cada una de las partes que conforman la anatomía humana: los órganos genitales, el sistema nervioso, el cerebro, el sistema endocrino, el cráneo, el esqueleto, el aparato respiratorio, el aparato fonador, el aparato circulatorio, el corazón, el aparato digestivo, el aparato urinario, el pelo, el sistema muscular y las manos. Cuenta, además con un prólogo del autor y con un capítulo final sobre “higiene y curiosidades” lleno de hallazgos pathafísicos. «Al cráneo le sienta mal la guillotina». Perlas como ésta recorren buena parte de las páginas, pero se concentras, sobre todo en el último capítulo.
Uno tiene el barrunto de que para escribir un libro así hay que leerse grandes tomos estudiantiles y luego eliminar mucha paja para que el conocimiento llegue quintaesenciado a los lectores menudos a los que se dirige la colección.
«El amor no nace en el corazón, el corazón es un músculo hueco que se llena y se vacía con sangre, se llena y se vacía con sangre, se llena y se vacía con sangre y que no tiene materia con la que fabricar amor.»
«Los seres humanos orinamos a menudo y sin pensarlo mucho: 10.500.000.000.000 litros de orina por día en el mundo, entre todos, aproximadamente. Un enorme lago, un mar pequeñito y dorado.»
Creo que los profesores van a encontrar en este libro un apoyo ineludible a la hora de explicar el cuerpo humano. Y, como digo, riguroso, porque no hay nada fundamental que haya quedado fuera de esta indagación atravesada también por el sentido lúdico.
Grassa Toro bebe en fuentes tan diversas como Ramón, Cortázar, Atxaga. Y se nota. Porque de este modo no solo aligera la densidad del conocimiento sino que ese conocimiento le llega al lector con una carga de deleite. Ilustrar deleitando.
«Al sistema fonador le sientan mal el frío, los lugares comunes y la censura.»
Si de algo se huye aquí es precisamente de los lugares comunes, pese a que, ya lo hemos dicho, el autor no se desvía un ápice del conocimiento científico.
Como es lógico el libro está profusamente ilustrado, profusa y rigurosamente ilustrado siguiendo el espíritu del contenido literario. Pero también lleno de guiños hacia los chavales que pone de manifiesto el corrosivo humor de José Luis Cano, un clásico de la pintura, de la ilustración y del humor; descendiente directo de Goya, los lectores menudos se van a encontrar con escenas que no por familiares, les van a resultar menos chocantes y divertidas.
Estamos, pues, ante un libro para leer y releer, en clase y en casa, para comentar entre padres e hijos, para iniciar el aprendizaje de esas zonas enigmáticas del cuerpo que a ciertas edades despierta la curiosidad de los niños. Pero estamos, sobre todo, ante un libro de magnífica factura que, sin dejar de ser instructivo, resulta a la par cordial y divertido

miércoles, agosto 05, 2009

Inés azul, Pablo Albo

Thule, Barcelona, 2009. 28 pp. 14,90 €

Ignacio Sanz

Pablo Albo es un narrador oral surrealista. Buena parte de sus historias tienen al absurdo como hilo conductor. Un absurdo con el que establece una curiosa complicidad con el público. Pero, además de narrador oral, o acaso porque es un gran narrador oral que durante años interiorizó la estructura de los cuentos tradicionales, ahora se ha convertido en uno de los escritores de literatura infantil más interesantes. Hace unos meses, sin ir más lejos, se alzó con el último premio “Lazarillo”.
Inés Azul, el libro objeto de este comentario, es un álbum ilustrado por Pablo Auladell. Por supuesto, el color azul es el dominante, un color que viene del cielo y del mar y que llega hasta las guardas.
La protagonista de este libro es Inés, una niña con una altísimo bombín en la cabeza que echa de menos a Miguel. El lector no sabe qué pasa, si es que Miguel ha marchado por un tiempo o si es que ha desaparecido para siempre. Hay un misterio latente en las páginas del libro que es el misterio de la muerte. Inés piensa en Miguel, a veces con pensamiento absurdos, propios de una mente infantil.
«Los peces se van gritando, siempre los pillamos desnudos.
Hacemos montañas de arena y las escalamos.»
Inés, como ve que se prolonga la espera y Miguel no vuelve, decide sembrar la semilla de un árbol centenario para verlo crecer.
«Cuando me acuerde de Miguel, vendré aquí a regarlo.»
Cuanta sutileza alrededor de la ausencia o de la muerte, porque eso nunca lo sabremos. Un libro sugerente que deja una estela de melancolía en el ánimo del lector, al menos de este lector adulto, que ha vuelto una y otra vez a abrir las páginas hermosas de este libro. Como un niño seducido por ese no se qué que queda balbuceando.

miércoles, enero 14, 2009

El niño perdido, Tássies

Premio Internacional de Ilustración de la Fundación SM. SM, Madrid, 2008. 32 pp. 13,55 €

Ignacio Sanz

En algunos álbumes infantiles el texto desaparece y es entonces el lector el que ha de fabricar un discurso que de contenido lógico a las ilustraciones. Son por ello álbumes que invitan a una participación activa; en otros, el texto se adelgaza hasta quedarse en un leve soplo, en un minúsculo río de letras que exige una atención pormenorizada a las ilustraciones cargadas de intenciones múltiples; en cualquiera de los dos casos el dibujo se alza como protagonista indiscutido.
Y aquí comienza el camino de la sugestión. Cada ilustrador nos abre las puertas a su mundo, un mundo cada vez más personal, sin concesiones al convencionalismo, un mundo, es decir, un estilo que discurre por vericuetos alejados del amaneramiento ternurista que hasta hace unos años invadía el mercado bajo la influencia del algún santón norteamericano. Felizmente los artistas no sólo no renuncian a búsquedas muy personales, sino que las acentúan y se vuelven, como decía Picasso, pintores con alma de niños.
El niño perdido, es un álbum típicamente navideño. El niño al que alude el título es el niño Jesús. La primera ilustración nos presenta un niño colocando las piezas del belén; pero, entre las piezas, falta precisamente el Niño.
Entonces el niño que colocaba el belén sale a buscar al Niño Jesús ausente; lo busca en un lago sin agua, entre las casas en ruinas, entre los muros que cierran las puertas al campo, en definitiva entre la vida de tanta gente que sufre adversidades. El lector adulto sospecha que el Niño Jesús está siendo buscado en Palestina.
Los dibujos, casi todos a doble página, en tonos oscuros y presentando la realidad a vista de pájaros, son de una expresividad conmovedora y no dejarán indiferente a ningún tipo de lector por más que el recorrido termine pronto. Claro que los álbumes resultan en general inagotables y a una primera lectura puede seguir una segunda y una tercera, en la confianza de que siempre encontraremos un ángulo sorprendente que antes había pasado desapercibido.
Tássies ha conseguido con este Álbum el Premio Internacional de Ilustración de la Fundación SM, 2008. Con tal refrendo, a uno que es de por sí refranero, sólo le cabe sentenciar que algo tendrá el agua cuando la bendicen.

miércoles, diciembre 31, 2008

Historia de la resurrección del papagayo, Eduardo Galeano

Ilust. Antonio Santos. Libros del Zorro Rojo, Barcelona, 2008. 24 pp. 12,50 €

Ignacio Sanz

El papagayo es un ave de plumaje exuberante y multicolor. La historia en la que se apoya Galeano para construir este cuento está basada en una leyenda popular brasileña de carácter simple, como la mayoría de las leyendas. El papagayo, empujado por la curiosidad se asoma a una olla, le da un vahído y cae y muere. Ahí veréis, queridos niños, a todos los elementos del entorno, atribulados por el dolor y dispuestos a perder alguno de sus atributos para mostrar su dolor. La naranja se desprende de su cáscara, la pared de una piedra, el árbol de sus hojas, el fuego de sus llamas... Al enterarse de tanta desolación el hombre que quedó sin palabras y el alfarero de Ceará quiso saber que pasaba y entonces el hombre recuperó por fin su palabra y le contó al alfarero que, con todos los materiales desprendidos, como un dios antiguo, pudo reconstruir al papagayo y darle de nuevo vida. De ahí surgió el nuevo papagayo con toda esa exhuberancia que ahora tiene, con un pico duro como la piedra, con un plumaje verde como las hojas, etc, etc, etc.
Hasta aquí la parte literaria, simple e ingenua como he dicho. Y sin embargo estamos ante un libro imantado por unas ilustraciones excepcionales que supongo que harán pasearse a los niños una y otra vez por sus páginas. ¿Quién es el autor de tamaño milagro? Se llama Antonio Santos, un ilustrador nada convencional, pues lo que hace es construir con delicadas esculturas cada uno de los personajes, incluidas las ráfagas de viento, pintarlas y fotografiarlas después para que los lectores, tanto los menudos como los maduros, paseen su vista encandilada por estas páginas coloristas, llenas de vida y de ternura.
Estos juguetes-esculturas están tocadas por una gracia ingenua, por un extraordinario aliento poético que convierten el libro en objeto codiciable. Esta es la maravilla del papagayo resucitado y de tantos otros libros que, que a través de sus ilustraciones cautivan a los padres a la par que a los hijos y convierten la lectura en un gozo colectivo y familiar.

lunes, octubre 13, 2008

Colección El maletín del doctor Quitamiedos: Miedo a no ser el primero / Miedo a todo, texto Anatxu Zabalbeascoa, ilustraciones Ximena Maier

Beascoa, Barcelona, 2008, 32 pp. 9,95 €


Carmen Fernández Etreros

Cada vez son más habituales y originales las colecciones de libros infantiles que se ocupan de uno de los temas que más preocupan a los niños y a los padres: el miedo. Ya en los clásicos cuentos populares, Barba azul o Juan sin miedo, el miedo suele ser uno de los motores de la acción. Miedo al lobo feroz, miedo al ogro gigante y a la bruja de las verrugas, miedo a no saber volver a casa de noche si no encontramos las miguitas de pan,... Pero el miedo no solo existe en la fantasía y la imaginación de los niños, sino también lo sufren en su vida diaria, a los miedos en la sociedad: en el colegio, en el parque,... Miedo a perder en el baloncesto, miedo a ser rechazado por los amigos, miedo a la soledad, miedo a los truenos y a las tormentas, miedo a tener miedo,... En esta senda se publican numerosos libros infantiles y juveniles para ayudar a los niños a superar y “conjurar” estos miedos y temores como Algunos miedos de Ana Mª Machado (Anaya), Soy demasiado pequeña para ir al colegio de Lauren Child (Serres) o Prudencia se preocupa de Kevin Henkes (Everest).
De ahí el acierto de esta original y positiva colección que presenta la editorial Beascoa como novedad de otoño, dirigida a lectores de a partir de 3 años: El maletín del doctor Quitamiedos. El protagonista es un gordito, canoso y bonachón doctor Quitamiedos que con sus brillantes ideas y consejos tranquilizará y ayudará a los pequeños personajes de la colección a perder sus miedos. El doctor Quitamiedos acompaña a Irene, a Uli o a Claudia a su colegio, a la playa o al campo y prepara un divertido y sencillo plan en cada libro para que los niños pierdan el miedo.
Los dos primeros títulos de la colección son Miedo a no ser el primero en el que su protagonista la pequeña Irene tendrá que aprender a perder cuando compite con sus compañeros, y gracias al juego que le propone el doctor Quitamiedos descubre lo divertido que puede ser quedar la segunda. En el segundo libro Miedo a todo el doctor Quitamiedos le regala a Uli un mágico lazo rojo que le dará la fuerza suficiente para jugar con sus amigos y no sentirse solo. Dos sencillos remedios para los grandes temores y miedos de los niños.
Optimismo, canto a la amistad, apoyo a los sentimientos de los más pequeños son algunos de los valores que transmiten las primeras aventuras de esta colección. Además los textos Anatxu Zabalbeascoa, autora de Valentina en Nueva York o Valentina en París editado por Tusquets. demuestran de nuevo que se puede apelar a los grandes ideales con textos sencillos y directos cuyo mensaje llegue claramente a los pequeños lectores. Además Ximena Maier crea unas ilustraciones coloristas, graciosas y descriptivas de las acciones y los sentimientos de los pequeños protagonistas que transmiten la ilusión y el optimismo de la colección.
En suma unos libros prácticos y didácticos que ayudarán a los pequeños lectores a superar sus «pequeños grandes» miedos y que divertirán cuando lo lean juntos a los padres y a los profesores.

viernes, septiembre 12, 2008

El secreto de If, Ana Alonso y Javier Pelegrín

Ilustraciones de Marcelo Pérez, Premio Barco de Vapor. SM, Madrid, 2008. 264 pp. 14,90 €.

Carmen Fernández Etreros

La obra ganadora del Premio El Barco de Vapor 2008 El secreto de If, escrita por Ana Alonso y Javier Pelegrín, autores también de la conocida colección fantástica La llave del tiempo, sigue en principio la estructura de cuento fantástico tradicional: un príncipe, una princesa, un reino en peligro, un mago, una torre, un hechizo,... Sin embargo sus protagonistas no son los habituales de este tipo de cuentos, planos y lineales, sino volubles y sorprendentes: por ejemplo la princesa Dahud puede manejar la espada con mayor destreza que muchos de los caballeros del reino y Arland el príncipe del mágico reino de If no posee todos los poderes que debe tener y oculta un secreto que la princesa no parará hasta descubrir.
Los protagonistas, Dahud la princesa de Kildar y Arland el príncipe de If prometidos en matrimonio desde su infancia, deben enfrentarse con su destino para alcanzar la libertad y luchar por los derechos de los súbditos de sus reinos. Kildar es un país bello pero pequeño y sin gran relevancia política pero If es un país mágico y poderoso en el que ocurren sucesos inexplicables y misteriosos: “Conteniendo a duras penas las lágrimas, Dahud fijó la vista en el Mar de las Visiones, que hacían brotar ante sus ojos los más variados espejismos. Tan pronto creía ver surgir una torre de plata sobre las aguas, como se estremecía al contemplar la cola de un gigantesco monstruo marino serpenteando junto al barco”. (p. 202)
¿Por qué fue prometida la princesa de Kildar un pequeño país con el heredero de If, uno de los reinos más deseados? La princesa de Kildar Dahud, acompañada de un fiel sirviente y oculta bajo una identidad masculina, se lanza a una intrépida aventura en busca de la verdad. Una caprichosa anciana moribunda, una laberíntica torre invisible en la que está encerrado un inteligente joven que nunca ha visto la luz del día, unas criaturas mágicas y terroríficas parecidas a los tradicionales dragones y unas montañas peligrosas imposibles de cruzar para llegar al reino de If pondrán a prueba su valor y su entrega.
Será el lector el que con su destreza tendrá que descubrir donde se encuentran los secretos de este mágico reino. El valor y la libertad para vivir con éxito deberán conseguirlos los protagonista por sí mismos confiando en su propia identidad, en sus cualidades y en los designios de su corazón.
En esta ocasión el premio Barco de Vapor sorprende por su cuidada edición en cartoné y por las increíbles ilustraciones de Marcelo Pérez a modo de bocetos de trazos seguros y certeros, que ocupan el faldón de todas las páginas del libro completando e ilustrando la acción de la novela. Un acierto.
En esta edición del premio se celebra el 30 aniversario del grupo editorial y por este motivo donará el 70 por ciento de los beneficios de las ventas de este libro y del ganador del Gran Angular recaudados durante el año a la Campaña Mundial para la Educación, que reclama el acceso a una educación de calidad para todos antes del 2015. Un libro recomendado para niños a partir de los doce años, ameno y cuya calculada e interesante intriga enganchará a los pequeños lectores con las aventuras de sus protagonistas hasta que descubran el verdadero secreto que oculta la ciudad mágica de If.

viernes, agosto 29, 2008

Mi bruja estrafalaria quiere ser chef, Hiawyn Oram / Sarah Warburton

Trad. Estrella Borrego del Castillo. Beascoa, Barcelona, 2008. 96 pp. 7,95 €

Care Santos

Las aventuras de Horacio Conjurator Maúllez, el atribulado gato de Ágata Maga, la bruja que no quiere serlo, comenzaron para los lectores españoles hace algo más de un año, cuando Beascoa publicó el álbum ilustrado Las cartas de Horacio y su bruja estrafalaria. Las claves de estas historias posteriores se sentaron allí: Ágata es una bruja joven, inquieta y guapa, que no acaba de resignarse a las obligaciones de su trabajo. Horacio es un gato licenciado en acompañamiento de brujas que durante siete años, muy a su pesar, está unido profesionalmente a Ágata, a quien se encargará de hacer entrar en razón una y otra vez. Si en la primera —y deliciosa— entrega de la colección, ilustrada también por la estupenda mano de Sarah Warburton, Ágata se encaprichaba de un príncipe con quien deseaba asistir a un baile, en las nuevas aventuras —esta vez de pequeño formato—, la bruja mostrará sus inquietudes hacia actividades tan diversas como la danza, la canción o la gimnasia. En este cuarto título de la serie, recién aparecido, se convertirá por un día en una reputada chef de cocina que triunfa en televisión, mientras que en las dos próximas entregas, que Beascoa publicará en otoño, sentirá la necesidad de ser trapecista y supermodelo. Todos devaneos que Horacio, el sensato felino, se encargará de atajar con buena mano, utilizando la magia si es menester, como ha hecho en las anteriores ocasiones.
En la primera entrega, el gato desesperado pedía consejo a su tío Serafín —«Socorro. Mi bruja no quiere ser una bruja. No ríe con malicia. No se sube a una escoba ni por equivocación. (...) Se niega a asustar a los niños»—, dando pie así a un relato en forma epistolar, muy bien resuelto en las ilustraciones y enriquecido con diversas pestañas. Ahora, los nuevos libros recurren a la escritura diarística. El gato se desahoga escribiendo un cuaderno donde explica todas y cada una de sus cuitas diarias. A veces, el cansancio le vence, y se duerme en mitad de una frase, pero siempre logra retomar el hilo. Otras, debe interrumpir la explicación de sus aventuras para atender sus compromisos: «Te cuento más en cuanto pueda. Las ranas hambrientas están croando tanto que acabarán despertando a toda Villa Siniestra». Su existencia, en suma, es lo bastante trepidante y alocada para sustentar unas narraciones donde él siempre acaba metido en los líos que le correspondían a su bruja, a quien siempre libra de sanciones, castigos o ridículos. Es cierto que el menor formato resta vistosidad a la parte gráfica, pero el equilibrio entre texto e ilustraciones es mayor ahora. Texto y dibujo trabajan aunados en conseguir el dinamismo y el sentido del humor que forman parte del producto final, multiplicando así las cualidades que se apuntaban en el álbum.
La peripecia de esta cuarta entrega nos sitúa en el mundo de los humanos —«el otro lado» para Horacio, por el que su bruja siente predilección— donde Ágata descubre casualmente que puede ser una estrella televisiva de los fogones. Las Cuatro Arpías en persona están a punto de descubrir sus continuas negligencias, pero Horacio consigue gracias a su astucia y a una tele recién comprada que se distraigan de sus propósitos. Enm resumen, aventuras alocadas, cargadas de sentido del humor, para lectores de siete años en adelante. Y para aquellos que superáiteis esa edad hace tiempo, preparaos: después del éxito internacional de la colección —que ha seducido a muchos lectores en todo el mundo, de Estados Unidos a Japón—, la adaptación a la gran pantalla de la bruja sin vocación ya está en marcha. Sólo es cuestión de tiempo, y sentiréis a Ágata Maga como parte de la familia. Esa misma familia a la que también pertenecen Shrek, Baloo o Wall-E.

viernes, agosto 22, 2008

La historia del Rainbow Warrior, Rocío Martínez

Kalandraka, Pontevedra, 2008, 36 pp. 15 €.

Carmen Fernández Etreros

Cada vez tenemos más claro que nuestro planeta está en peligro y por ello más libros infantiles y juveniles tratan de temas como la biodiversidad, la ecología, la educación ambiental... No sólo se trata de libros útiles para que los niños intenten mantener prácticas ecológicas en la vida cotidiana que ayuden a salvar el planeta en un futuro —como ideas para aprender a reciclar o consejos ecológicos— sino libros como en éste, que muestran un ejemplo práctico de uno de esos esfuerzos de algunas organizaciones por conservar el planeta.
Se trata del álbum ilustrado La historia del Rainbow Warrior, con el que su autora e ilustradora Rocío Martínez, logra un doble reto: el primero dar a conocer una página de la historia mundial y de la lucha por el planeta, y lo segundo crear un conmovedor cuento que llegue al corazón de los niños. Para ello Rocío Martínez muestra con sus dibujos imágenes de gran plasticidad, exhibe un manejo elegante del color y una gran delicadeza con sus trazos minuciosos. En cuanto al texto destaca por su interés en contar una sensible y sencilla historia que ayude a comprender a los niños la importancia de la vida de los animales marinos y su aportación al ecosistema del planeta. Un álbum ilustrado publicado por Kalandraka que ha sido posible gracias a que Greenpeace aprobó la realización de la obra y certificó que cumple con los requisitos del proyecto «Libro Amigo de los Bosques», porque en su elaboración se utilizó papel fabricado a partir de madera procedente de plantaciones ambientalmente sostenibles.
La autora intenta contar la historia del Rainbow Warrior, el barco de Greenpeace, y su lucha para proteger la vida de las ballenas y de las focas en peligro por la acción humana. Como fue una historia rodeada de matices políticos y de luchas en ocasiones cruentas, la autora e ilustradora utiliza la metáfora de una madre ballena y su hijo: «Por eso dibujo dos ballenas que nadaban en un mar helado. La más pequeña remoloneaba. No quería hacer un viaje que con toda seguridad sería largo. La más grande la empujaba suavemente y le cantaba una historia: "Hace años, cuando los hombres comenzaron a construir barcos de corazón mecánico, un día crearon el primero para proteger a nuestra especie…».
En 1978 un barco, el Rainbow Warrior de Greenpeace, comenzó a surcar los océanos del planeta para denunciar prácticas como la caza indiscriminada de ballenas y focas, la contaminación con los residuos tóxicos y radiactivos o el uso de redes mortíferas para especies marinas indefensas. Algunos países fueron sensibles a esas protestas y aprobaron leyes que contribuyeron a que el mundo fuera más habitable. Han pasado 21 años desde que aquel primer barco fue hundido en el fondo de las aguas y convertido en arrecife artificial, pero su réplica actual sigue surcando los océanos manteniendo su misma causa.
Rocío Martínez se dedica profesionalmente a la ilustración de libros infantiles y juveniles para editoriales de varios países y ha recibido diversas distinciones, como el Premio del X Concurso de Álbum Ilustrado «A la orilla del viento» 2006 con De cómo nació la memoria del bosque, y en 1999 y 2001 sendos accésit del Premio Lazarillo de Ilustración. Entre sus obras destaca el álbum Gato Guille y los monstruos y el más reciente La rana Rony, de Antonio Muñoz Puelles (MacMillan).
En suma, un álbum ilustrado que cuenta con sencillez una página de la historia centrada en la lucha por el planeta, desconocida para muchos niños. Las ilustraciones de Rocío Martínez aportan un nuevo enfoque al fomento de la ecología y la educación ambiental.

viernes, agosto 01, 2008

El bosque encantado, Ignacio Sanz

Ilustraciones de Noemí Villamuza. Macmillan, Madrid, 2008. 32 pp. 10,90 €

Elena Medel

«Si quieres conocer/ los dedos de la mano,/ en este libro están/ fielmente dibujados./ Todos juntos parecen/ un bosque encantado». Lector, lectora, no importa el año de nacimiento que refleje su carné de identidad: abróchense los cinturones. La nota de contraportada no miente, e invita —empuja— al viaje. Emociones intensas y felices aguardan tras la portada, con ese árbol transformado en niño/a, o viceversa, que nos implica y amplifica con sus manos: eh, tú que estás al otro lado, ¿vienes? Nos guiarán las palabras cantadas de Ignacio Sanz, y las ilustraciones de Noemí Villamuza, empeñada en trasladar nuestros sueños al papel. Comienza la travesía.
Y es que leemos El bosque encantado como un libro mágico; una sesión de hipnosis que restituye las hojas del calendario, y nos devuelve a la infancia. Porque los ecos de este bosque encantado nos hablan de las canciones tarareadas entre galletas y vasos de leche caliente, de las tonadillas que al pie de la cuna —o de la cama recién estrenada— nos arrullaban para dormir la siesta o animarnos a vivir el día, para entretenernos o empujarnos a aprender. Un texto breve, para recitar de memoria a —y con— los pequeños, que reúne los hallazgos más intensos de lo escrito, pero también los aciertos más vivos de lo oral.
Lo deducirán: El bosque encantado ocupa un lugar intermedio entre la poesía y la narrativa, con una potencia musical admirable, que ayuda a sus lectores más jóvenes a tomar conciencia de su cuerpo, reconociendo el nombre de cada uno de los dedos de la mano. A la vez, El bosque encantado nos convierte —«Pegado a mi cuerpo/ me cuelga este brazo,/ pero si lo estiro/ se parece a un árbol»— en un elemento más de la naturaleza, logrando una identificación complicada en época de cementos excesivos y zonas verdes recalificadas. Ya les digo: cosa de milagro. Aliñado, faltaría, por el trabajo exquisito de Noemí Villamuza, hermoso y sugestivo, capaz de inventarse una atmósfera propia con los colores —verde y marrón— del bosque.
Añadimos El bosque encantado a la ruta de libros con poderes sobrenaturales: es un gustazo dejarse llevar por sus sonidos, por sus imágenes. La editorial indica que se trata de una obra recomendada entre los tres y seis años, pero yo me lo he pasado genial canturreando los versos de Ignacio Sanz, ilusionándome con las ilustraciones de Noemí Villamuza. Caminar entre el dedo corazón, «rey/ siempre coronado», o el meñique, «el dedo simpático;/ el más pequeñito/ y el más renacuajo», es retroceder en nuestra memoria hasta el principio, hasta el origen, en que nos costaba atarnos los zapatos y nos negábamos a apagar la luz por las noches. En el fondo, la mejor literatura infantil —y juvenil— carece de adjetivos: es la mejor literatura.

viernes, julio 25, 2008

Estás en la Luna, Carmen Montalbán

Ilustraciones de Pilar Millán. Kalandraka, Pontevedra, 2008. 112 pp. 15 €

Carmen Fernández Etreros

Baraka es una niña de doce años que vive en una jaima del desierto con su madre, sus tías y su abuela Bahía. Pero un día la abuela Bahía empieza a perder todos los objetos que le rodean: el fuelle para encender el fuego, las zapatillas rojas... La enfermedad de Alzheimer comienza a arrancarle sus recuerdos:
«—Tu abuela ha perdido la cabeza —me dijo aquel día mi tía Fatma, cuando volví de la escuela.
A la vez que se ponía las sandalias, sacudió mi cojín y me acercó el plato. Luego salió. Daba unos pasos tan rápidos, que la arena que levantaba del desierto empezó a flotar en mi sopa y a pegarse entre mis dientes.
Porque, como es natural, yo tenía la boca abierta. Quería pedirle a tía Fatma que repitiera en hassania, nuestro idioma, eso de que mi abuela había perdido la cabeza. Tía Fatma apenas sabía español. Era raro que no se equivocase. Habría dicho “cabeza” donde tendría que haber dicho “tetera”, por ejemplo» (p. 7).
Una cabeza que se pierde, un idioma que se olvida, un pueblo que se refugia solo en la memoria de los ancianos. Esta terrible enfermedad simboliza el olvido que se cierne como una amenaza sobre su pueblo: expulsados hace más de 30 años del Sahara Occidental, habitan en la inhóspita Hamada argelina. Sólo los ancianos sienten ese vacío que deja el destierro de su patria. Los jóvenes solo la conocen por las historias de los abuelos porque jamás la pisaron. Los jóvenes ya no piensan en recuperar su pasado sino en mirar al futuro: en recorrer Europa, en visitar Asturias y Madrid, en conocer la luz eléctrica, el ventilador... Un mundo diferente a sus tiendas de lona, al suelo de arena pisoteada de sus cocinas, a las tormentas de arena del desierto.
La abuela Bahía va a dejar un legado a su nieta con sus conversaciones: su memoria. Una herencia incalculable gracias a otro gran valor en vías de extinción: la transmisión oral de la cultura. La abuela Bahía guarda en un baúl todos sus objetos de valor: el dibujo de la casa con el tejado circular en la que vivió con el abuelo, el espejo preferido... Una vida dentro de un baúl. La autora también refleja en la novela las complejas relaciones familiares reflejadas en las peleas y las risas de la madre y las tías de Baraka por los olvidos de la abuela, la amistad con Aya otra niña del campamento, el contraste entre la vida en los campamentos de refugiados y las comodidades del mundo desarrollado y las pocas posibilidades para las mujeres una vez que acaban de estudiar primaria, limitadas a trabajar y a casarse.
Lo mejor del libro son las cartas geniales que se inventa para que su abuela pueda comunicarse con su casa, ese lugar que más siente haber perdido, esas macetas con margaritas, esa vida feliz con su abuelo. Un abuelo aventurero cuya mayor ilusión era pisar la luna con la NASA y conocer el mundo que le rodea.
Carmen Montalbán plasma en Estás en la luna editada por Kalandraka —y recomendada para lectores de a partir de ocho años— la honda impresión que le produjo su estancia en Tinduf, la fascinación por el paisaje del desierto, la hospitalidad de su gente. «Estuve en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf para asistir a su festival de cine, FISAHARA, en marzo de 2005. Mi familia me pagó el viaje como regalo de cumpleaños porque mi gran sueño desde que era niña era ver el desierto. El desierto no me decepcionó. Es un símbolo que siempre me ha fascinado; un espacio en el que puede suceder cualquier cosa; especialmente, dentro de uno mismo. El desierto puede ser, por lo tanto, mi primera razón», cuenta la autora. Carmen Montalbán fue finalista del Premio Felipe Trigo de Narración Corta. Es autora de la novela La casa del manzano (Libertarias/Prodhufi, 1994).
Las acuarelas de Pilar Millán, ilustradora que ha recibido por sus obras el Premio Planeta Agostini, el Premio Duquesa de Alba y el Premio de Ilustración Infantil de la Diputación de Badajoz, aportan calidez y color y nos transportan al reino de la arena, a sus y costumbres, pero también al mundo de las emociones y los sueños.
En suma, una obra tierna y comprometida, que encoge el corazón en ocasiones pero que con la que se disfruta de una lectura amena y didáctica, ya que nos da a conocer como viven los niños de los campos de refugiados. Estás en luna es como el té que beben la abuela y la nieta: suave, amargo y dulce, como el amor, la vida y la muerte.

viernes, julio 18, 2008

Muerte de tinta, Cornelia Funke

Trad. Rosa Pilar Blanco. Siruela, Madrid, 2008. 704 pp. 24’90 €

Carmen Fernández Etreros

Parecía que con el colofón de Harry Potter, la séptima y última entrega de sus aventuras, el “fantasy” juvenil iba perdiendo fuelle. Pero no es así. Nada más lejos de la realidad a la vista de las últimas novedades editoriales y al aumento de lectores mayores de doce años y adultos aficionados al género. En este nuevo renacer del “fantasy tras la era Potter” destaca con fuerza una de sus coetáneas: la trilogía del Mundo de Tinta de Cornelia Funke, autora de otros libros infantiles y juveniles como El jinete del dragón o El señor de los ladrones.
«Así el Mundo de Tinta le enseñó con más claridad el propio... y le recordó algo que Mo había dicho tiempo atrás: ¿No piensas tú también que de vez en cuando se deberían leer historias en las que todo es distinto a nuestro mundo? Nada enseña mejor a uno a preguntar por qué los árboles son verdes y No rojos y por qué poseemos cinco dedos en lugar de seis» (p. 105).
¿No lo piensas tú? ¿No se deberían leer historias en las que todo es distinto? Estas palabras de Mo en Muerte de Tinta resumen los ojos con los que hay que acercarse al original universo creativo de la escritora alemana Cornelia Funke. Esperar la magia en todas sus páginas. El avisado lector se encontrará en este libro con historias en las que todo es distinto a nuestro mundo y a nuestra realidad cotidiana, pero en la que subyacen sentimientos universales como el amor, la paz o la justicia. El Bien y el Mal en su lucha interminable.
En Muerte de Tinta una ya casi adolescente Meggie y su padre Mo, convertido en un bandido valiente Arrendrajo oculto en el Bosque Interminable, se ven envueltos en una nueva aventura. Umbra se ha convertido en un lugar triste y pobre en el que malviven sus atemorizados moradores. Una ciudad en la que sin embargo se pasean con normalidad los hombrecillos de cristal, las mujercitas de musgo o las temidas Mujeres Blancas. El lector volverá a sufrir los sentimientos humanos y reales de sus personajes como el enamoramiento juvenil entre Meggie y Farid (que ha heredado su habilidad para jugar con el fuego del desaparecido y adorado Dedo Polvoriento), el amor incondicional entre un padre y una hija Mo y Meggie que siguen compartiendo el don de dar vida a los personajes de lo libros cuando leen en voz alta, el dolor de Roxana por la muerte de su amado esposo Dedo Polvoriento... Pero la mágica aventura proviene de la imaginación y fantasía del viejo Fenoglio y de las malas artes de un escritor sin escrúpulos que vende su arte por dinero, Orfeo. Un libro en el que los escritores no controlan las palabras hermosas y los terribles personajes que han creado y que mueven los hilos de este Mundo de Tinta sin su permiso.
Como en las otras dos entregas de la trilogía la lectura, los libros y las bibliotecas se convierten en la piedra de toque que da significado a este universo de tinta. Los libros son objetos bellos en los que trabajan escritores, encuadernadores e iluminadores para convertirlos en mundos posibles. En Muerte de tinta se oye entre sus páginas los ecos de libros como La historia interminable de Michael Ende, Las mil y una noches o Las aventuras de Robin Hood. Hay que advertir que el lector que nunca se haya acercado al este Mundo de Tinta, deberá empezar por leer el primer libro de la trilogía, porque en Muerte de Tinta se multiplican los personajes y los escenarios (el Castillo de Umbra, el Bosque Impenetrable), se enreda de nuevo una trama argumental ya de por sí muy elaborada, aumenta la riqueza expresiva en las descripciones, se precede de nuevo cada capítulo con una cita literaria, se crean nuevos nombres y nuevos personajes (el Príncipe Negro, Violante, Balbulus o los numerosos bandidos) y se duplican las acciones y las intrigas.
¿Se acaba la trilogía? La escritora Cornelia Funke, considerada por muchos como la J.K. Rowling alemana, cuando visitó Madrid para presentar Muerte de Tinta en junio, comentó que no descarta escribir una cuarta parte de este Mundo de tinta con lo que dejó a todos los presentes boquiabiertos y nuestra pregunta inconclusa. Por lo tanto no sabemos si con Muerte de Tinta acaba esta trilogía que comenzó ya en 2003 con Corazón de tinta, que se encuentra en las listas de libros más vendidos tanto en Alemania como en Estados Unidos. Libro del que además se espera que llegue pronto a nuestro país la versión cinematográfica realizada por Newline Cinema y protagonizada por el actor Brendan Fraser en el papel de Mo. Deseo expreso este último de la propia autora que ya le dedicó Sangre de tinta, el segundo volumen, por haberle servido de inspiración para el personaje de Lengua de Brujo.
En suma, una trilogía que no desaparece con este libro sino que quizás se multiplica en personajes e intrigas y que alimenta con éxito la sed de aventuras de todo buen lector aficionado a la fantasía ya sea joven o adulto.

viernes, julio 11, 2008

El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza, Werner Holzwarth / Wolf Erlbruch

Trad. Miguel Azaola. Alfaguara, Madrid, 2007. 24 pp. 15,95 €

Care Santos

A finales del curso académico que ha quedado atrás, tuve la oportunidad de contarles la historia del topo que quería saber quién había hecho aquello en su cabeza a un grupo de alumnos de cuarto de la ESO —es decir, chicos y chicas de 15 años—. Me escucharon con mucha atención. Cuando terminé, mientras aún se reían, uno de ellos me preguntó: «Y ese cuento, ¿qué enseña?».
Les respondí que el topo enseña muchas cosas pero, sobre todo —y a mi juicio— dos: a reírse con un libro en las manos y el significado de la dignidad individual. El cuento del topo les dice a los niños aquello que a menudo no se les puede decir en voz alta: si alguien te hace algo que consideras terrible, no te quedes parado lamentando la afrenta recibida: deja claro que no estás dispuesto a conformarte. No es un mensaje fácil de transmitir en los tiempos que corren. Por eso el topo es un personaje literario controvertido, nada complaciente, nada «políticamente correcto», sino todo lo contrario. He aquí su interés. O uno de ellos.
Nos encontramos ante un clásico de la moderna literatura para niños, escrito e ilustrado hace más de veinte años por dos autores alemanes. Holzwarth, el escritor (1947) y Erlbruch (1948), uno de los mayores ilustradores de nuestro tiempo, Premio Andersen —el denominado «Nobel de la literatura infantil»— en el año 2006. La historia que aquí cuentan conquista a los niños por el acierto y la sencillez de su propuesta, pero también por el carácter de su protagonista, ese topo tan poco conformista que no para hasta saber quién diantre le ha hecho «aquello» en la cabeza.
Para entrar en harina argumental: «aquello» es una caca. Una monumental mierda que le ocupa toda la cabeza y le corona de un modo humillante y asqueroso. El topo descubre semejante tocado una mañana, nada más salir de su madriguera. Alguien le ha distinguido de ese modo, y desea averiguar quién ha sido tan irrespetuoso. Pero no tiene ni idea de cómo ni por dónde comenzar a buscar. Para tratar de encontrarle abre una investigación agotadora, que consiste en preguntar uno por uno a todos los animales que va encontrando a su paso: «¿Has sido tú quién me ha hecho esto en la cabeza, señor caballo..., señor cerdo, señora cabra...?»El topo podría habitar en una granja, a juzgar por quiénes son sus vecinos. Uno por uno, los animales encuestados tratan de demostrar su inocencia de un modo simple y rotundo: lanzando frente a las narices del improvisado detective una muestra suficiente de sus propios excrementos como para disipar toda duda. En la vida se ha visto fase de presentación de pruebas más contundente. Así, el caballo, la vaca, la cabra, la liebre, el pájaro... todos defecan frente a los ojos del enojado topo-detective, y uno por uno van demostrando su falta de culpa en el estropicio.
Cualquiera que haya contado cuentos alguna vez sabrá el júbilo con que los pequeños reciben las cuestiones escatológicas. Mucho más en este caso, donde la escatología no ahorra detalles y se nos muestra en todo su esplendor, aunque sin nombrarse explícitamente ni una sola vez. El lector irá descubriendo las diferencias que existen entre una diminuta caquita de cabra o una enorme boñiga de caballo, por no hablar del emplaste que desde el cielo lanzan las aves o de la pastosidad maloliente que expelen los cerdos y al terminar la lectura será todo un experto en excrementos animales. La identificación con el lector que debe pretender toda historia está aquí clarísima, palpable: se dirige a un recetor en pleno proceso de descubrimiento de su propio cuerpo o que tal vez esté aprendiendo también —con la dificultad que la cuestión entraña— dónde demonios se hace «aquello». El éxito por identificación con el personaje y el tema está, pues, garantizado. Y la risa también. La historia ya contiene grandes dosis de sentido del humor, pero si ayudamos un poco con algunas entonaciones a la pregunta repetitiva del topo y ciertas onomatopeyas —que el texto, y esta nueva edición con desplegables y pestañas ayudan a enfatizar— cada vez que aparece «aquéllo», el cuento se convertirá muy pronto en uno de los favoritos de los lectores, en un éxito garantizado.
¿Y cómo acaba la investigación? ¿Resuelve el topo su incógnita?
Por supuesto, pero como toda buena historia de intriga, esta tiene también sus especialistas. Se trata de dos moscones verdes, expertos en el análisis científico de todo tipo de excrementos, quienes dictaminan a quien pertenece el molesto asunto. Y lo hacen con una precisión que recuerda a los más reputados investigadores de la ficción. En un pispás dictaminan que el autor del crimen sólo puede ser uno: Napoleón, el perro del carnicero. Resuelto el miserio, sólo falta el desenlace, que se haga justicia. Y esto llega cuando el topo, con la dignidad, la seriedad y la diligencia que le ha caracterizado durante todo el relato, le devuelve a Napoleón «aquello» que le hizo en la cabeza. En este caso, parece lo más justo. Sin triunfalismos ni alaracas. Sólo que la venganza del topo es una basurita minúscula en la cabeza del enome perrazo Napoleón. Sin embargo, poco importa eso: rematada la faena, el topo regresa a su madriguera, más digno y crecido que nunca.

viernes, julio 04, 2008

Cuentos de hadas, Charles Perrault

Ilustraciones de Lucien Laforge. Edición y traducción de Luis Alberto de Cuenca. Rey Lear, Madrid, 2008. 102 pp. 25 €

Doménico Chiappe

El espanto puede apoderarse de cualquier padre que, una noche, ese espacio propicio para la lectura de cuentos, comienza la entonación de una historia mal recordada, o conocida de oídas, o aprendida de alguna otra edición. Puede sentir cómo tiembla el pulso a medida que se avanza en una lectura, en voz alta; con un niño espectador, atento no sólo a la historia sino a las señales que encuentra en lo que su padre, ese ser que le salva la vida a menudo y en quien confía, le refiere. Así que aquel que lee (y que cree que le hace un gran favor a su hijo al dedicar el tiempo a un libro y no a una cómoda proyección de peli disney o de Caillou en que puede ausentarse) conoce el poder de su acto y descubre que todo su ideario de inteligencia y coherencia se derrumba al servir de emisor a un cuento que, aunque está basado en los hermanos Grimm o en Andersen, ha sido adaptado por no se sabe qué energúmenos que revenden su bodrio al grupo Prisa para encartarlo con El País, o a la gente de Mediapro, que lo regala con Público. Lo barato no es un juego de niños.
Para qué indagar en el contenido machista, supersticioso, alentador de la mediocridad, de la desigualdad social y de todo tipo de costumbres medievales que contienen estos libros reescritos desde la simplicidad. Mejor hablar de una adaptación más autorial, donde estas circunstancias criticadas no tengan una relevancia que acapare el tema. Es el caso de este libro: Cuentos de hadas, de Charles Perrault, traducido y prologado por Luis Alberto de Cuenca, quien cuenta, en las palabras introductorias, que su labor de traductor la dedicó sólo a los ocho cuentos en prosa que componían una edición que él había encontrado casi por casualidad en una librería de viejo de Madrid. Descartó las “moralités” en verso.
Estos ocho cuentos son: La bella durmiente del bosque, Caperucita Roja, Barba Azul, El gato con botas, Las hadas, Cenicienta, Riquete el del copete y Pulgarcito. Estos textos mantienen aquella generalidad que les hizo fácilmente recordables (una trama sencilla y archiconocida) pero contienen, cada uno de ellos, una cantidad de detalles que les hace verosímiles (esa cualidad imponderable de la buena literatura) y que mantiene la complejidad de los personajes (alejados felizmente de la superficialidad que parecen envolver invariablemente a la “princesa” o del estereotipo del “príncipe”).
Por otra parte, este libro merece un lento paseo visual por las caminerías de la contemplación, que se puede realizar antes o después de haberlo leído. Porque mantiene con fidelidad aquello que cautivó a Luis Alberto de Cuenca: las ilustraciones de Lucien Laforge, dueño de un trazo minimalista y expresivo, que posee aquello que hoy cautiva a los lectores de cómic: un proceso de doble lectura, eficaz tanto para el adulto como para el infante. Ilustraciones que rematan cada página, con algo más que un simple adorno, y que se luce sobretodo en las secuencias de El gato con botas.

viernes, junio 27, 2008

Diario de Greg, Jeff Kinney

Trad. Esteban Morán Ortiz. Molino, Barcelona, 2008. 218 pp. 15 €

Francesc Miralles

La primera vez que oí hablar de esta novela ilustrada —en principio orientada a lectores de 10 a 12 años— fue a su editora en castellano, Joana Costa. Me dijo que estaba a punto de publicar un “libro gamberro” que casi gustaría más a los adultos que a los niños. Cuando lo tuve ya en las manos, dossier de prensa incluído, le hinqué el diente con cierta prevención, más que nada porque el subtítulo «un pringao total» me producía desconfianza. Veinte páginas después ya estaba enganchado y riéndome de lo lindo.
Su autor, Jeff Kinney, es un estadounidense que diseña juegos por ordenador y, a juzgar por esta obra, tiene su pasado escolar muy fresco. Diario de Greg narra las desventuras de un preadolescente de perfil bajo que languidece en una escuela donde lo más emocionante es la maldición de la cancha de baloncesto, provocada por una loncha de queso pegada al suelo desde tiempos inmemoriales. Nadie se acerca a este lugar monstruoso, donde una vez un alumno osó tocar el queso convirtiéndose en apestado. Repudiado por todos, se acabó mudando a California, pero se llevó con él «la maldición del queso».
El micromundo de Greg está formado por Rowley, su único amigo y a la postre el tonto de la escuela, y su diminuto hermano Manny. Entre las pequeñas desventuras que ocurren en este primer volumen está la idea de Greg de convertir su habitación en La Casa Embrujada, una especie de túnel del terror cutre —a 50 centavos la entrada— donde la atracción principal es la cama de Greg, rebautizada como «el vestíbulo de los aullidos».
Tras ser seleccionados como árboles en una horrenda obra de teatro musical, la siguiente misión de Greg es idear una tira cómica que siempre termina con la exclamación: «¡Gajes del oficio!» para un concurso de la escuela. Contra ellos compite la tira cómica de Creighton el Necio, cuyo protagonista suelta en la consulta del médico esta perla: «Doctor, necesito un culo nuevo. El mío tiene una raja.»
Como colofón de esta historia, Rowley es obligado por unos rufianes a tragarse el queso putrefacto de la pista de balonceso, pero su amigo Greg asume el papel de apestado haciéndose depositario de la maldición.
En suma, un libro divertido para los jóvenes lectores, que arrancará en los adultos una sonrisa agridulce. Todos nos hemos sentido alguna vez como Greg, perdidos en el desierto escolar, cuando el domingo por la tarde uno deseaba literalmente que se lo tragara la tierra.
Esperemos que las correrías de Greg no terminen aquí y podamos disfrutar en nuevas entregas de este «pringao» existencialista a su pesar.
Felicidades también a Patrizia Campana, su editora en catalán (Empúries), por la excelente adaptación.