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viernes, diciembre 07, 2012

Tres vidas chinas, Dai Sijie

Trad. Lluís Maria Todó. La esfera de los libros, Madrid, 2012. 134 pp. 17 €

Santiago Pajares

Dai Sijie se hizo conocido a raíz de su primera novela, Balzac y la joven costurera china en 2001, de la que él mismo, en calidad de director y guionista, se encargó de trasladar al cine con gran repercusión mundial. En esta novela se narraba la vida de dos adolescentes internados en un campo de adiestramiento chino en la época de Mao y cómo cambiarían sus vidas cuando aparece una maleta llena de libros de autores occidentales. Para el que no lo conozca, a finales de los años 60, en la China dirigida por Mao se llevó al campo para su reeducación a toda clase de estudiantes universitarios, intelectuales, gente no afín al régimen o incluso ciudadanos con gafas. Lo que viene siendo conocido como: “¿Te crees muy listo? Pues a labrar el campo.”
El propio Dai Sijie estuvo en uno de estos centros de 1971 a 1974, lo que le supuso una buena labor de documentación para su novela. Tras conseguir una beca para estudiar cine en el extranjero y después de la muerte de Mao, escogió Francia para continuar sus estudios y se instaló allí de forma permanente.
Por su segunda novela, El complejo de Di ganó en Francia el premio Fémina en 2003.
El libro que tratamos ahora, Tres vidas chinas es su quinta novela. Es un libro muy corto, apenas 134 páginas, con una preciosa portada y una encuadernación bien cuidada. En él Dai Sijie nos cuenta tres historias que ocurren en la misma isla ficticia, la isla de la Nobleza, un precioso nombre al que sin embargo la isla no hace honores. Esta isla es uno de los principales centros de reciclaje de material electrónico del mundo, donde chinos sin apenas recursos tratan de extraer de los televisores, neveras, placas y ordenadores materiales como plomo, zinc, cadmio, aluminio o cobre. Ni que decir tiene que en la isla de la nobleza las condiciones laborales brillan por su ausencia, lo que crea continuos y graves problemas de salud entre los trabajadores. Desde ahora ya podemos imaginar adónde van nuestros ordenadores cuando decidimos comprarnos uno mejor y más potente.
En la primera de las historias se cuenta el destino de un niño afectado de Progeria (niños que nacen pareciendo ancianos) y cómo es vendido por su tía para oscuros fines políticos. Al parecer muchos de los niños de la isla nacen con esta enfermedad por la contaminación de los productos eléctricos. Está narrada en primera persona por la voz de un niño de 12 años que vive en un contenedor industrial reconvertido en vivienda, y cuenta todo desde su perspectiva, que ve esto como una gran aventura que vivir y no es consciente del riesgo que corre. La segunda historia narra la historia de una chica que aspira a ser patinadora sobre hielo y practica cada día en el embalse de agua congelada del que su padre es guardián. Cuando su madre, que ha perdido la memoria por trabajar en un centro de reciclaje desaparece, comienza a sospechar que su padre puede haberla asesinado. La tercera historia nos cuenta la vida de un chico, llamado sólo hijo menor, que tiene que convivir con su hermano mayor, loco por intoxicación por plomo, atado a un árbol en el jardín de su casa por una cadena forjada por su propia madre. Cuando se marcha de allí dejándolos a los dos solos descubrirá que hay ciertas historias de las que no te puedes alejar, que las llevarás siempre contigo.
Es un libro triste y hermoso al mismo tiempo, narrado con una gran sensibilidad y elegancia. Creo que nos hace más conscientes de nuestro lugar en el mundo y de a dónde van las cosas que desechamos y el impacto que puede tener en otra gente que vive a miles de kilómetros de nosotros. Un libro que podría haberse titulado “Tres pequeñas, tristes y hermosas historias chinas”. Emoción hasta el último párrafo.

martes, septiembre 25, 2012

Años de prosperidad, Chan Koonchung

Trad. Barbero Moraño. Destino, Barcelona, 2011. 416 pp. 19,50 €

Miguel Sanfeliu

Así como los autores japoneses nos llegan con relativa facilidad, y todos conocemos a algunos de los más representativos, con la literatura china no ocurre lo mismo. La literatura china que llega hasta nosotros es muy escasa y, por lo general, lo hace por algún tipo de acontecimiento excepcional. Así ocurrió con Gao Xingiang, que nos llegó gracias a la concesión del Premio Nobel de Literatura. Y el Premio Nobel de la Paz nos ha hecho tomar conciencia de la difícil situación que vive Liu Xiaobo, de quien nos llega ahora el libro Elegías del 4 de Julio. También la escritora Wen Hui y el supuesto escándalo producido por una muchacha joven que escribía literatura con una fuerte dosis erótica en un país comunista en el que, de hecho, se habían prohibido sus libros, llegando a quemarse públicamente 40.000 ejemplares. O Hong Ying, que tiene prohibido regresar a China por haber publicado El verano de la traición, una novela en la que se habla de la matanza de Tiananmen, y cuya última obra publicada en nuestro país se titula Hija del río. También la masacre de Tiananmen se encuentra muy presente en la obra Pekín en coma, de Ma Jian. Al margen de estos casos, se encuentra también el autor Dai Sijie, que se convirtió en un best-seller con su libro Balzac y la costurera china, Yu Hua, de quien se acaba de publicar su novela ¡Vivir!, o Mo Yan, un autor al que se suele calificar como el Kafka chino. Por cierto, buena parte de los autores que acabo de citar no viven en China.
Ahora, nos llega la obra Años de prosperidad, del escritor Chan Koonchung, de la que se nos asegura en la faja promocional que es la novela que toda China está leyendo en secreto. De Koonchung se sabe que vive en Pekín, aunque ha estado muchos años asentado en Hong Kong, que completó sus estudios universitarios en Estados Unidos, que entre su labor periodística se encuentra la fundación de la revista City en 1976, que produce películas y que pertenece o ha pertenecido a Greenpeace.
Años de prosperidad es un libro que parte de una premisa interesante: Por algún motivo, parece que un mes ha sido borrado del recuerdo colectivo de los chinos. Sólo unos pocos empiezan a darse cuenta de ello y sospechan que se trata de una maniobra del gobierno. Nos encontramos en un futuro cercano, en el año 2013, por lo que podríamos estar hablando de una novela de ciencia ficción, pero también tiene una estructura de novela de investigación, de novela negra, y en algunos momentos se acerca al reportaje periodístico para describir distintos aspectos de la realidad china. Lao Chen, el protagonista, es un hombre despreocupado, ajeno a lo que le rodea, hasta que se encuentra con dos personas a las que no ve desde hace bastante tiempo y que sospechan que algo extraño está ocurriendo. Una sucesión de personajes, entre misteriosos y esperpénticos, en un ambiente que se va volviendo más opresivo conforme se va desvelando la naturaleza del suceso.
Detrás de esta historia hay, por supuesto, una crítica evidente a la situación política de China. El autor cuenta en distintas entrevistas que la juventud actual china no conoce los sucesos sucedidos en Tiananmen. Sus familias no se lo han contado y en los libros de texto ni se menciona. Como si nunca hubiese ocurrido. Así que la situación propuesta por Koonchung es más real de lo que pueda parecer en un principio, y sucede continuamente, aunque de un modo más sutil que el propuesto en este libro cuya trama, a fin de cuentas, disfraza de distopía la manipulación de la historia y la lleva a un extremo aparentemente inocuo.
Años de prosperidad es una novela ingeniosa, que combina diversos géneros e introduce personajes esperpénticos para reflejar una realidad aterradora. Hay momentos en los que se producen algunos altibajos en el ritmo narrativo, la acción se interrumpe para hablar de la situación económica china, de su estrategia política y comercial, aspectos interesantes pero que ralentizan la acción. No obstante, su estilo es dinámico y los sucesos que nos describe funcionan como uno de esos espejos que deforman la realidad a fin de hacerla más reconocible. La prosperidad no debe obtenerse a costa de eliminar el pasado, parece decirnos Koonchung, que asegura no haber tenido problemas hasta el momento con las autoridades chinas, pese a que el libro no puede comprarse en ninguna librería del país y las páginas de internet que facilitaban su descarga han sido cerradas.

jueves, enero 26, 2012

El erudito de las carcajadas, Jin Ping Mei II

Trad. Alicia Riquelme. Atalanta, Girona, 2011. 1620 pp. 48 €

Ignacio Sanz

A los chinos, tan comedidos y circunspectos, tan protocolarios, también se les calienta la sangre. Cómo no. Aunque, a veces, nos cueste creerlo desde nuestra perspectiva. Todo lo que nos ha llegado de Oriente ha venido filtrado por el peso de los rituales. Tanto en Japón como en China. Esas inclinaciones de cabeza tan ceremoniales que nos hablan de respeto y distancia. Por ello, nos creíamos que no perderían el control y mucho menos las formas. Pero no. Por suerte, cuando un chino se desata la coleta, se olvida de los viejos protocolos y obedece a las viejas pulsiones de la sangre, que nos igualan como personas.
El erudito de las carcajadas es una novela erótica, la primera novela erótica china. Antes de ser publicada en 1617, sus capítulos circularon sueltos de mano en mano para escándalo de algunos bienpensantes. Es, por tanto, una novela coetánea de El Quijote. Mucha aventura y mucha intriga recorre sus páginas descaradas y descarnadas en las que el sexo juega un papel fundamental.
Pero no solo el sexo abierto recorre sus páginas. También las costumbres. Era inevitable. En ese sentido la novela refleja una sociedad estamental muy jerarquizada. Cada personaje está muy marcado en función de la procedencia o del cargo que ejerce. Es decir, que nadie puede saltarse a la torera las normas. Aunque se las saltan. Por ahí comienzas los conflicto que derivan en una intriga riquísima. Hay muchas pendencias y mucho pendenciero salpicando las páginas de esta novela gigantesca en la que los personajes entran y salen como en las clásicas comedias de enredo.
«Este bribón es un monje. ¿Cómo puede ser que, en lugar de observar las reglas de la prudencia, pases las noches con una prostituta y bebiendo vino, alterando el orden de mi territorio? Asistente, lleváoslo y dadle veinte bastonazos. Queda revocado el certificado de ordenación y deberá regresar a la vida laica. En cuanto a la prostituta de la familia Zheng, que le apliquen el aprieta-dedos cincuenta veces y que regrese al prostíbulo, donde quedará al servicio de este tribunal.»
Es un párrafo elegido casi al azar, pero cuyo contenido supongo que sonará a los lectores familiarizados con cierta obras de nuestra tradición occidental, especialmente con La Lozana Andaluza o con La Celestina.
A veces el lector se pierde entre tanto enredo, entre tantísimo personaje como entra y sale, pero la lectura deja un regusto amigable y la certeza de que, pese a las formas, los hombres tenemos las mismas pulsiones y parecidos afanes, ya vivamos en Dinamarca o en Guinea Ecuatorial.
Buena parte de la narración está salpicada de poemas de aliento lírico que nos sitúan en una sociedad que muestra gran respeto por la naturaleza. Las ilustraciones muestran, a veces de manera descarada, las posturas que adoptan los amantes en los momentos de la coyunda.
En definitiva, El erudito de las carcajadas es una rara joya, una obra caótica, traducida y anotada puntualmente por la profesora Alicia Riquelme Eleta, un libro que tiende puentes entre dos culturas que han vivido de espaldas durante siglos y que ahora, por lo que parece, comienzan a mirarse de frente y hacerse cosquillas. Sea bienvenida.

lunes, noviembre 08, 2010

Ru, Kim Thúy

Trad. Manuel Serrat Crespo. Alfaguara, Madrid, 2010. 152 pp. 16 €

Ariadna G. García

Asuntos como el amor, la pérdida, el viaje forzado, la familia o a guerra están presentes en Homero y Virgilio. Temáticamente, los humanos no hemos avanzado nada en 3000 años. Nuestras preocupaciones siguen siendo las mismas. Sin embargo, sus causas ahora son otras, y por eso el enfoque de la realidad también es diferente. Los motivos temáticos son poliedros que cada tradición aborda desde una arista, variando la trayectoria de los puntos de fuga. Y eso hace Kim Thúy en Ru, su primera y sutil novela. Habla de viejos temas desde la perspectiva de su periodo histórico y con el lenguaje de sus contemporáneos.
Tseng Kuo-Fan, poeta y militar chino del siglo XIX, ya adelantaba en un manuscrito la atmósfera y las obsesiones que desarrolla Thúy en su emotivo relato: «Recuerdo un viaje, navegando sobre el río,/ en medio de la noche…/ los viajeros, crispados en sus lechos, estaban verdes de miedo./ Suplicaban todos a los cielos que protegieran sus vidas./ Todos veían que no era más que arenas flotando por el mundo./ Ahora que habéis partido, ¿dónde estáis y qué fue de vosotros?». La escritora de origen vietnamita, afincada en Canadá desde que huyera de Saigón en un barco clandestino con tan sólo diez años, parece responder a esta pregunta con la voz delicada de su libro.
Ru es un conjunto de escenas de extensión breve: una página o dos. La memoria del sujeto que enuncia va realizando saltos en el tiempo para mostrar las vivencias de una amplia gama de personajes localizados en tres espacios distintos: Vietnam, Malasia y Canadá. Así, el yo protagonista de la obra se convierte en testigo de la desgracia o la alegría ajena. El arco cronológico abarca desde la ocupación francesa de Indochina hasta la actualidad.
La narradora del texto, Nguyén An Tinh, a través de la corriente de conciencia (ru, en francés, significa flujo) recupera del olvido tanto la historia de su propia familia como la del sufrido pueblo vietnamita. Los episodios elegidos para reconstruir el puzzle del pasado nos enfrentan a un mundo dominado por el miedo y las humillaciones; aunque pronto aparece un veta de ilusión que recorre la obra como un nervio vibrante. De este modo, frente a los secuestros financiados por las autoridades francesas; las expropiaciones, encarcelamientos y reclusiones en campos de reeducación a los que fueron sometidos los vietnamitas del Sur, tras ser acusados de colaborar con los americanos; los peligros del mar; las pésimas condiciones del campo de refugiados malayo…tensa la cuerda de la realidad una fuerza contraria: la del amor, expresado de distintas formas. Kum Thúy rinde homenaje en su novela a aquellas personas que no se dejaron vencer por la inercia de su momento histórico y exprimieron lo mejor de sí mismas para darlo en ofrenda a los demás. Es el caso de la madre de la protagonista del relato, quien proveyó a sus hijos de herramientas con las que construir sus sueños; o de la Tía Seis, que escondió en las bolsitas de una caja de té los nombres de distintas profesiones a los que una joven exiliada política podría dedicarse en el futuro, segura de sus fuerzas; pero sobre todo, es un canto a las mujeres de Vietnam, una restitución de su imagen. Esa fortaleza heredada, junto a la experiencia de la maternidad, anclan a la narradora del texto en el presente, lo mismo que una argolla. Lejos quedan, al fin, el desarraigo espacial y lingüístico.
Articuladas en torno a contrastes y paralelismos, las secuencias del libro sorprenden por su alta capacidad connotativa. Como si se tratase de poemas, cada una explora los límites del lenguaje para imprimir en el público un amplio espectro de emociones. Ru es una obra espléndida que invita a la honda reflexión sobre la identidad, que embriaga con su estructura laberíntica, que seduce con la plasticidad de sus imágenes.
En el fututo habrá que estar pendientes de su autora, por si dentro de un tiempo nos ofrece otra obra perfecta.

martes, septiembre 01, 2009

Brothers, Yu Hua

Trad. Vicente Villacampa. Seix Barral, Barcelona, 2009. 870 pp. 27 €

Carmen Fernández Etreros

Brothers es una de esas novelas que pretende transmitir la experiencia de una generación a través del relato de las pequeñas historias de sus personajes. La novela de Yu Hua se vale para su propósito de cuarenta años de la vida de dos hermanos, Li Guangtou y Song Gang, que sobreviven en Liu una pequeña y desconocida ciudad china. El escritor relata sus aventuras desde su niñez, en la que sufren los abusos de la Revolución Cultural de las décadas de 1960 y 1970, hasta que alcanzan la edad adulta en la difícil era de la apertura. En cuarenta años la ciudad de Liu vivirá un cambió tan increíble en sus calles, sus paisajes y sus comercios, que sus habitantes se sentirán en ocasiones abrumados y desorientados.
Lo mejor de la novela: el humor negro y ácido que imprime el narrador en cada una de las historias. El horror más terrible se mezcla con una risa frenética al leer alguna de las pequeñas historias de sus personajes. Los habitantes de Liu vivirán el hambre, la violencia militar, el despegue económico, los ascensos fulgurantes y los fracasos sociales y personales.
El argumento es sencillo: Dos hermanos, Li Guangtou y Song Gang, están unidos por la promesa de apoyarse siempre que el mayor Song Gang realizó ante el lecho de muerte de su madre. Pero una hermosa mujer, la más bella de Liu, Lin Hong se interpone entre ambos hermanos. Song Gang, el intelectual, se casará con Lin Hong pero no logrará adaptarse a los cambios económicos y sociales del país, mientras que Li Guangtou, el canalla y el vividor, sacará el mejor partido del capitalismo salvaje hasta convertirse en el hombre que genere por sí solo la mayoría del PIB de su ciudad. Sin embargo Li Guangtou nunca superará su fracaso en el amor y la felicidad de su hermano con Lin Hong.
En la primera parte los dos jóvenes hermanos sobreviven a la Revolución cultural unidos por sus desgracias y alegrías. Momento crucial será la terrible muerte de su padre Song Fanping, un buen maestro, atacado y pateado por los partidarios de la revolución cultural por proceder de una familia de terratenientes. En la segunda parte ambos vivirán las reformas económicas de 1980 y como China va acelerando sus cambios. El ascenso imparable de Li Guantou ahogará las expectativas de su hermano Song Gang y su mujer Lin Hong. Escenas hilarantes reflejarán el cambio en la vida por aquellos que enriquecerá Li Guantou y que al dejar sus trabajos de dentista o heladero pasarán el día vagando por el mundo como turistas, pateando las calles sin saber qué hacer o viendo la televisión.
Brothers está plagado de escenas casi cinematográficas en las que parece que el lector está viendo por un agujerito en la pared los pequeños avatares de los hermanos. De las más increíbles es la descripción del adolescente Li Goantou espiando los “traseros” de cinco mujeres en los baños públicos de Liu (entre el que se encuentra el maravilloso “trasero” de Lin Hong) o el certamen que organiza Li Goangtou para elegir en la ciudad a la mujer virgen más bella en el que Zhou el Trotamundos ganará una buena suma de dinero vendiendo hímenes artificiales.
Por supuesto Brothers no ha pasado desapercibido en su país y ha escandalizado y conmovido tanto a la crítica como al millón de lectores de la novela. El escritor Yu Hua nació en 1960 en una pequeña ciudad cerca de Hangzhou donde su padre era médico. Cuando tenía 6 años comenzó la Revolución Cultural de Mao y el escritor vivió como las escuelas fueron cerradas y la mayoría de los libros prohibidos. Yu Hua acabó sus estudios y trabajó durante cinco años como dentista, un oficio que odiaba. Curiosamente uno de los personajes que más llama en Brothers es Yu El Sacamuelas que dejará de trabajar en cuanto se enriquezca con Li Guangtou. Al final Yu Hua encontrará trabajo en una oficina cultural local y comenzará a escribir relatos y novelas. Su primera novela Leaving Home at 18 fue publicada en 1987 y le valió el reconocimiento de algunos círculos literarios de su país. En 1992 publicará To Live, que será llevada al cine como Vivir por el director Zhang Yimou y que ganará el premio del jurado en el Festival de Cannes en 1994, lo que convirtió a Yu Hua en unos escritores más conocidos de China. Sus obras todavía no se han publicado en nuestro país, aunque serán publicadas próximamente por Seix Barral.
Un drama, una comedia, una tragicomedia quizás, que mantiene al lector pegado al libro con un ritmo en el que dosifica el humor, la alegría y el horror. Una buena edición y traducción en la que no puedo dejar de anotar pequeños errores con algunos de los nombres de los personajes y omisiones de letras que comprobará el lector. Con las pequeñas historias de los habitantes de Liu, Yu Hua logrará dibujar unas pinceladas sobre los destinos de unos hombres impulsados o machacados por las circunstancias sociales, políticas y económicas que les ha tocado vivir o superar. Un sorprendente y buena lectura.

jueves, noviembre 27, 2008

Mariposas para los muertos, Diane Wei Liang

Trad. Lola Díez Pastor. Siruela, Madrid, 2008. 228 pp. 18,90 €

Carmen Fernández Etreros

Mariposas para los muertos es el título de la nueva novela negra de Diane Wei Liang en el que cuenta un nuevo caso de la detective china Mei Wang, tras el éxito de El ojo de jade. Una novela que supera con creces sin duda en complejidad argumental y pasión a la primera. La autora en esta ocasión vuelve a poner a la protagonista, la detective Mei, en peligro para investigar la verdad en una sociedad que tiene día a día que convivir con los secretos del pasado.
La escritora se enfrenta en Mariposas para los muertos a ese silencio tácito, no en vano sus libros están censurados en China, y relata una historia del pasado reciente del país: la masacre de Tian’anmen. ¿Qué fue de los chicos que participaron en esa revuelta? ¿Dónde están casi veinte años después? La escritora se enfrenta al silencio oficial, a esa plaza vacía que se cierra siempre cuando se cumple un año más de la masacre y que ella misma no puede pisar. Muchos huyeron al extranjero y otros fueron encarcelados. La propia autora Diane Wei Liang, (Pekín, 1966) se encuentra entre los que tuvieron que huir, en su caso a Estados Unidos, ya que participó en las protestas estudiantiles de la plaza de Tian’anmen en 1989. La escritora conoció en persona el infierno que supuso aquella noche y con este libro parece que quiere contar la historia de aquellos que fueron encarcelados y como se rompieron todas las esperanzas que tenían esos jóvenes que participaron.
Mariposas de papel comienza con la puesta en libertad en un pueblo remoto de China de Lin, un activista político encarcelado nueve largos años tras la masacre de Tian’anmen. Lin ahora es un hombre avejentado, triste y sin ilusiones, que se dirige a la capital del país, donde espera encontrar de nuevo a los suyos y quizás rehacer su vida. Pero han pasado nueve años y a veces la vida cambia para siempre en la tristeza de una noche...

Sin descanso he viajado
buscando por todas partes;
y lo que no he encontrado
es mi corazón de antes
(pág.93)

Lin busca el pasado que tuvo que abandonar abruptamente hace nueve años, pero ya él no es el mismo, ni los familiares que dejó, ni sus amigos, ni su barrio,... Un vida rota en el silencio de una noche.
Mientras tanto la detective Mei Wang acepta investigar la desaparición de una fulgurante estrella del pop, Kaili, joven, hermosa y brillante. Una joven que sin embargo desaparece sin explicaciones en un pasado turbio que debe descubrir Mei. La detective volverá a encontrarse con el glamour de las clases altas del Pekín moderno, la droga y el lujo de los garitos nocturnos de la capital. Pero al mismo tiempo este mundo le llevará a los viejos, sucios y desvencijados “hutongs” de la periferia de Pekín donde se sigue viviendo de manera silenciosa, donde se sigue tirando a la calle el agua sucia. La pista de una delicada mariposa de papel que Mei encuentra en el apartamento de Kaili, descubrirá toda una trama de traición y secretos guardados durante años.
La protagonista, la detective Mei, no participó, muy a su pesar, en la revuelta de Tian’anmen, oyó los disparos y se escondió entre sólidas paredes. Mei siente esa falta de actividad como una deuda ante los que participaron y pusieron en peligro sus vidas y así lo va reflejando a lo largo de la historia. Un peso que lleva arrastrando estos nueve años y que le acerca a la desgraciada vida de Lin y su entorno.
La escritora gana en esta novela en ritmo, en complejidad de la intriga, en profundidad, en construcción de los personajes y logra crear esa atmósfera de silencio sobre el pasado que domina toda la novela. Las cartas de Lin a su amada dan un toque maestro a toda la novela y nos acerca a los sentimientos de este joven. En suma una novela sobre traiciones y sobre desengaños, que pretende recordar la historia de los olvidados de Tian’anmen y recuperarlos del silencio dejando en la puerta de sus casas mariposas de papel.

miércoles, agosto 20, 2008

Las baladas del ajo, Mo Yan

Trad. Carlos Ossés. Kailas, Madrid, 2008. 489 pp. 19,90 €

Elena Medel

El gobierno de China anima a los campesinos a ocupar sus tierras con plantaciones de ajo. La obediencia es tal que la idea, a priori positiva, desemboca en catástrofe: no existe demanda que cubra el altísimo nivel de producción, y ni siquiera los almacenes poseen capacidad para semejante marea. Esta pobreza añadida a la pobreza ya existente, las quejas de los agricultores afectados —reflexionen: ¿en qué país se desarrolla la acción?— y las odiseas personales de los cultivadores Gao Yang y Gao Ma constituyen el motor de Las baladas del ajo, un apabullante y muy recomendable —por su realismo, y por su sugerente escritura— fresco sobre la China oculta para atletas y turistas.
El texto de solapa cita a Kundera y García Márquez, los titulares señalan a Mo Yan como primo asiático de Kafka, pero estas Baladas del ajo nos suenan a la épica rural de Faulkner y, por el infortunio que padecen —sin poder evitarlo: nada poseen, a nada aspiran— sus personajes, a un crucero por la tragedia griega. Enlazada por fragmentos de las baladas que —en alusión al cultivo como motor secundario, y al eterno conflicto entre sus personajes como mecha principal— entona el rapsoda ciego Zhang Kou como apertura de capítulo, también se diría que al otro lado del papel nos topamos con un hijo ilegítimo de Homero y Eurípides. Prometedor árbol genealógico el de Mo Yan...
Novela coral, en Las baladas del ajo se entretejen —con una prosa que apela a los sentidos— pequeñas historias igual que en una labor de miniatura, cuentos fascinantes que nacen de la tradición y nos enganchan bien por su exotismo, bien por el fuste narrativo del autor. Sin embargo, esta sencillez formal contrasta con la bomba de relojería de su argumento: Las baladas del ajo es —sobre todo— un libro de meditado amor a China, no a una historia de revoluciones u opresiones, sino de respeto por su origen, por sus paisajes, por quienes la habitan, fruto de una reflexión y un posicionamiento que no debe resultar fácil a su autor. «Los novelistas siempre tratan de alejarse de la política, pero la novela en sí gira en torno a la política. A los novelistas les preocupa tanto el “destino del hombre” que suelen perder de vista su propio destino. Y ahí radica su tragedia». Las baladas del ajo se abre con esta cita de Stalin; aun así, obviémosla y acerquémonos a esta novela libres de prejuicios, sin ideologías que nos predispongan a favor o en contra.
La literatura de Mo Yan es, al menos en este libro, y en el sentido más puro del adjetivo, profundamente política. Nada, sin embargo, de panfletos ni programas: en esta obra late el pueblo, pues Las baladas del ajo nos habla de los chinos, de quienes no deciden, sino que se limitan a soportar. Novela coral, he escrito antes, pero también novela río, inagotable, cuyo dibujo firme compite con la Gran Muralla, aquí Mo Yan nos descubre la China más atípica gracias a las historias de la gente normal. Déjense llevar por la corriente...





(Mo Yan entrevistado por ADN)



MÁS CHINA EN LA TORMENTA:
Los buenos deseos, de Yiyun Li. Reseña de Leah Bohnín. Para leerla haz click AQUÍ.

jueves, agosto 14, 2008

El pabellón de las peonías, Lisa See

Trad. Gemma Rovira Ortega. Salamandra, Barcelona, 2008. 350 pp. 20 €

Ángeles López

Aquello de «es difícil vivir sin amor pero más difícil es amar» le viene como anillo a este libro, semillero de angustia, nostalgia y vía crucis emocional que provoca las enigmáticas reverberaciones de un gong. La sinopsis sus páginas sería algo así como: joven china del siglo XVII (ajena al cataclismo político de que los manchúes se hayan alzado con el poder tras derrocar al mítica dinastía Ming) regresa del más allá para cumplir su destino. En medio, claro está, hay amor, deber e idealización. La autora de El abanico de seda, se convierte en una touroperadora histórico-emocional para un occidental ávido de relatos exóticos. Es Lisa See, narradora irremediablemente sensitiva, turgente y hasta carnal; pero sobre todo melancólica en su más puro estado. Cada página huele a jengibre, anís estrellado e hinojo y rezuma la luminosidad con ambages, propia del mítico Imperio del Sol Naciente: obediencia a las tradiciones, la poesía de la ópera, costumbrismo, rituales, leyendas ancestrales...
De caudal sincero, esta americana de ascendencia china, buena sabedora de la historia y versada en el corazón de las mujeres, sabe encajar las piezas del tetris amatorio oriental, en un “menú degustación” para profanos. Una lástima, no obstante, comprobar que si hay algo parecido al amor, solo puede tratarse de la pérdida del amor...Sea en la cultura que fuere.
Se intuye que la literatura de Lisa See sirve para decir “yo soy” o “yo sé quien soy”, en una revisión constante de su raíces. Shakespeare dijo que todo autor se emplea siempre en escribir la misma historia y, fiel a sus palabras, la novelista de El pabellón de las peonías, ha encontrado su espacio narrativo en un triángulo muy aquilatado: mujer, emociones y oriente. Pero, a diferencia de otros autores que se han sumado al rebufo de Memorias de una geisha, la autora sí conoce el tiempo y el espacio que relata, y no es una impostora literaria que chupe rueda narrativa de nadie.
No son páginas escritas para nutrir y aleccionar conciencias, ni para que reverenciemos a la antigua Catay o veneremos su poderosísima historia, sino que están escritas en el ecuménico idioma de la melancolía con el fin de acariciarnos y provocar que llovamos lágrimas. Novela galante, costumbrista, nostálgica, atmosférica, con la mirada puesta en la melodía y el ritmo íntimo de la propia historia. Dotada de buen instinto narrativo y magnífico archivo de fragancias, descripciones –en ocasiones excesivas- y sensaciones que acunan al lector. Prosa, en definitiva que, cuando es preciso, sabe convertirse en ascua para hablar del ardor del alma. Instantes atrapados en esa sensual atmósfera de ámbar que es el verbo cuando debe lidiar con la historia eterna e inmutable del corazón.
Así, El pabellón de las peonías se lee con gusto, pues con placer parece haber sido escrita. Me atrevería a decir que está contada desde la embriaguez que produce envolver de palabras el choque de trenes que supone el la idealización de una piel hacia otra. Por todo ello, el decir de Lisa See —en esta, su quinta novela— resulta cada vez más franco, intimista, bello y, por qué no decirlo, de un delicioso catastrofismo sensitivo.


MÁS CHINA EN LA TORMENTA:

-La buena tierra, de Pearl S. Buck. Reseña de Leah Bonnín. Para leerla haz click AQUÍ.

viernes, agosto 08, 2008

Yo, Ming, Clotilde Bernos (texto) y Nathalie Novi (ilustraciones)

Trad. Esther Rubio, Kókinos, Madrid, 2006. 30 pp. 14 €

Villar Arellano

China, un marco atractivo, sugerente y exótico, encuadra a la perfección esta amorosa ensoñación, la fantasía emocionada de un abuelo que se sabe la persona más afortunada del mundo.
Podría haber nacido reina de Inglaterra o cocodrilo egipcio, vivir como un rico emir o una horrible bruja, seducir como un toro semental, dirigir un ejército de soldaditos de plomo o gobernar a todos como emperador del mundo... nada de eso podría compararse a ser Ming, porque si cualquiera de esos personajes hubiera sido Ming tendría la manita de Nam apretando su mano y sería el abuelo más feliz del mundo.
Con este sencillo argumento, Clotilde Bernos elabora un texto poético, que emana ternura y musicalidad. La autora se sirve de un esquema repetitivo para crear una cadencia rítmica, enunciando una serie de situaciones extraordinarias que nos transportan a un evocador mundo fantástico. A partir de ahí, el relato trasciende los símbolos y estereotipos del poder en los cuentos para componer un conjunto de situaciones disparatadas que las ilustraciones envuelven en una atmósfera onírica y absurda

«Habría podido, incluso, nacer Toro.
Hermoso, fuerte y seductor.
Le haría la corte
a todas las vacas de los alrededores
y las llevaría de luna de miel
al norte de China,
una tras otra.»

En definitiva, un amplio despliegue de recursos que muestra al lector el poderío de los más grandiosos personajes, todo aquello aparentemente digno de envidia. Sin embargo, el relato da aquí un giro para situarnos en el plano real:

«Pero heme aquí, soy Ming. Y nadie más.
Vivo en el interior de China,
junto al lago Kokonor»

Pasa a continuación a describirnos su vida cotidiana, los pequeños gestos y rutinas que componen sus días. Como el paseo diario hasta el pueblo con la pequeña Nam.

«Así es nuestra vida.
Cada día.
Tan sólo cambia el color de los arrozales
y el aroma de las cajas de té»

Sencillez y calma frente a la opulencia de los sueños. Eso parecen decirnos también las ilustraciones, que aquí recrean con naturalismo el paisaje chino, el colorido de los cerezos en flor, el perfil de las montañas sobre el lago y también el ajetreo de las calles comerciales...
El trabajo de Nathalie Novi se caracteriza por una gran vistosidad, sobre todo con la presencia de motivos vegetales. El uso de tonos pastel se enriquece con una pintura densa y empastada, que desarrolla texturas variadas, sirviéndose del rayado para marcar pequeños detalles o como elemento ornamental.
Finalmente, como en un zoom, sus dibujos nos acercan hasta el rostro de la niña para mostrar un primer plano de su sonrisa y reforzar así la ternura del texto:

«Su risa zigzaguea en la noche
que va cayendo delicadamente»

Y con ella nos quedamos en la última página, admirando la paz de su imagen dormida y la explosión de color de los estampados florales mientras Ming escribe en su cuaderno:

«Nam, mi ángel, te quiero»

Esta dulce pasión llega envuelta en un álbum estético, de los de disfrutar a toda página; alegre y divertido, sin cursilería. El acierto de las autoras es su capacidad para transmitir la emoción y el cariño y hacerlo explícito sin endulzar en exceso. La clave está en una inspirada combinación de costumbrismo (en un contexto exótico) y sentimiento, con el preciso contrapunto del humor.
Una delicia para aproximarse a China en estos días olímpicos, acompañados por el eco de lejanos sueños de infancia o de la mano de algún pequeño que nos haga sentir verdaderamente afortunados.

Otros títulos sobre China, muy recomendables para lectores infantiles son:
-La bella mandarina, de Laura Pons Vega (texto) y Elena Odriozola (ilustraciones), editado por ItsImagical.
-El caballo mágico de Han-Gam, de Chen Jiang Hong (texto e ilustraciones), editorial Corimbo (traducido por Rafael Ros Sierra).
-China, de Arthur Cotterell (texto) y Geoff Brightling, Alan Hills (fotografías), editorial Pearson Educación / Alhambra (traducido por Alquimia Ediciones)
-El deseo de Ruby, de Shirin Yim Bridges (texto) y Sophie Blackall (ilustraciones), editorial Serres (adaptado por Marta Ansón).
-Una dulce historia de mariposas y libélulas, de Jordi Sierra i Fabra (texto) y Pep Monserrat (ilustraciones), editorial Siruela.
-Tras la mirada del dragón, de Alexia Sabatier (texto) y Xavier Besse (ilustraciones, editorial Edelvives (traducido por P. Rozarena).