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lunes, noviembre 11, 2013

La vida simple, Sylvain Tesson

Trad. César Ayra. Alfaguara, Madrid, 2013. 240 pp. 18,50 €

Ariadna G. García

Sylvain Tesson (1972), escritor y aventurero, se prometió a sí mismo “vivir como un ermitaño en el fondo de los bosques” antes de los cuarenta con el propósito de alejarse del mundo y conocerse. Este empeño le llevó a las inmediaciones del lago Baikal, situado en la taiga rusa. Durante seis meses, vivió en la cabaña de un geólogo provisto de comida, una surtida biblioteca de sesenta títulos, material de supervivencia, y una admirable fortaleza interior. A lo largo de ese tiempo, recogió en un diario todo tipo de reflexiones personales, citas y poemas, que constituyen el variado, hondo y entretenido ensayo: La vida simple; Premio Médicis (2011), y finalista de los Renaudot y Femina.
El libro se estructura en seis partes correspondientes, cada una, con los meses de su aislamiento. Comienza en un aeropuerto, símbolo del trajín existencial, de la improvisación y del desarraigo. La vorágine de los desplazamientos impide el desarrollo de la intimidad y la contemplación de la belleza. Todo es efímero. La cabaña rodeada de nieve, sin embargo, se ofrece como un puesto de observación interna y externa. Allí disfrutará con los matices de la luz sobre el hielo, se sentirá integrado en el paisaje, aprenderá a ser humilde, se recogerá y valorará las cosas de modo de diferente. Cuando deje la taiga, los bosques de tilos, las rutas que el deshielo dibuja en las montañas, no será el mismo hombre.
Este ensayo nos deja un sinfín de citas memorables, así como nos invita a un replanteamiento de nuestro estar en el mundo. Su elogio de la vida sencilla, alejada del capitalismo y del consumo, recuerda a los gustos discretos de Luis de León o del capitán Andrés Fernández de Andrada. Sylvain Tesson pone su descanso en los objetos imprescindibles, aquellos que garantizan la supervivencia: una vela, un lápiz, un cuchillo, un hacha, una tetera o una estufa de carbón. No necesita más. Sus necesidades están cubiertas. La taiga, además, le proporciona cuanto necesita. De este modo, no se siente frustrado –como lo está la gente en las ciudades–, sino en paz. La vida se reduce a los pequeños gestos, y el planeta lo agradece. No hay agresión a la naturaleza. La existencia es inicua.
Una de las lecciones del libro –se trata de un ensayo, no se olvide; contiene ideología–, es la posibilidad de implantación de este modelo existencial (respetuoso con el medio ambiente, con los recursos naturales y con la biosfera) en las poblaciones humanas. ¿Cómo? Huyendo hacia los “bosques interiores”, haciendo propio el lema del ermitaño, que consiste en reducir las “ambiciones a las proporciones de lo posible”.
A la mezcla de asuntos filosóficos, ecológicos, literarios y sociales, Sylvain Tesson añade capítulos donde narra sus aventuras y expediciones por la tundra. Estos fragmentos amenizan el libro y describen tanto la imponente naturaleza rusa, como las tribulaciones de sus huéspedes: pescadores, inspectores de instalaciones meteorológicas o guardias forestales; un elenco de hombres y mujeres humildes pero fuertes y hospitalarios.
Pocas concesiones hay en el libro, sin embargo, a la expresión de la intimidad. El alcohol remplaza al lápiz cuando Tesson da muestras de debilidad.
Quien lea La vida simple aprenderá a vivir como el par de perros siberianos que acompaña al autor: exprimiendo el instante, sintiendo la alegría del estar, sin horizontes ni expectativas que anulen el presente, amando lo diverso y lo contrario.
Un libro es peligroso cuando nos abre puertas y las cruzamos. Y este lo es. Disfruten de la obra, y sobre todo, implántenla.

lunes, septiembre 24, 2012

El caso Casas Viejas. Crónica de una insidia (1933-1936), Tano Ramos

XXIV Premio Comillas de Historia. Tusquets, Barcelona, 2012. 443 pp. 23 €

Ángeles Prieto

Es extraño, pero muy gratificante debido a esta sociedad consumista y hueca que se nos derrumba, abrir un libro y encontrarte dentro de un viaje necesario hacia nosotros mismos profundamente ético. Lo que a mí me ocurrió tras el periplo por varios libros publicados con anterioridad sobre Casas Viejas. Y es que no me quedaba otra que leer este también, toda vez que mi apellido materno es Barba, como el autor de la frase maldita protagonista del caso, y mi abuelo, que murió antes de que yo naciera, fue guardia de asalto y natural de Medina Sidonia, tan cerca de los hechos. Es sólo que, una vez descartado el temor de que mi familia tuviera ningún tipo de relación con estos crímenes horrendos, conservé la curiosidad apremiante por saber la verdad sobre lo ocurrido, como le sucede a quien se acerca a este tema apasionante, tras tantas falacias vertidas encima y por tantos nombres ilustres como Ramón J. Sender, Federica Montseny o el gran historiador Eric Hobsbawm.
Es sólo que gracias a esa nobleza, honesta y ética (insisto) que aquí desborda y que ciertamente caracteriza al autor, nacido no por casualidad en Asturias, me quedo con este estudio precisamente no sólo por ser el más completo sobre el caso, incorporando el importantísimo sumario del juicio y los diarios de Azaña, ambos perdidos, sino por su lucha contra la damnatio memoriae y por su coraje en defender a algunos hombres buenos.
Un libro que pone punto y aparte en un camino hacia la verdad iniciado por Jerome R. Mintz, modesto antropólogo norteamericano, quien en los años sesenta y bajo el régimen de Franco, realizó en Benalup un excepcional trabajo de campo entrevistando a los protagonistas de aquella revuelta, en realidad un auténtico desatino, que desembocó en el asalto fallido al cuartel de la Guardia Civil del pueblo. Es sólo que tras el correspondiente sofocamiento y dominio de la situación, refugiados algunos anarquistas en las choza del anciano e inocente Seisdedos, apareció el capitán Manuel Rojas que, ansioso de gloria y de furia asesina, ordenó arbitrarias detenciones y el posterior fusilamiento de doce hombres, a sangre fría.
Pero sigamos. Porque tras la detención de Rojas y su encarcelamiento provisional en el Castillo de Santa Catalina, fue juzgado en mi barrio, el barrio de la Viña, en la Audiencia Provincial de Cádiz, justo en el mismo lugar donde yo estudiaría y celebraría muchos años después el final venturoso de un 23-F. Lugar donde apareció para testificar, desde Madrid, un tipo infame que ostentaba mi apellido materno, Bartolomé Barba, quien no tuvo empacho en declarar que Rojas sólo obedecía órdenes de un Manuel Azaña absolutamente desbordado y desconocido para todo aquel que lo haya leído o estudiado: “Los tiros, a la barriga”, frase prefabricada con astucia, impactante e inolvidable, que se le atribuyó falsa y criminalmente con clara intencionalidad política desde la derecha y la extrema izquierda anarquista.
Desmentir dicha falacia gracias a los diarios robados de Azaña, propiedad luego de la familia Franco, así como incorporar el sumario completo del juicio a Rojas, para luego rememorar los avatares del destino de todos estos personajes tras el estallido de la Guerra Civil, es lo que realiza Tano Ramos en este libro: parece una pieza más, rigurosa e imprescindible, para aclarar los hechos. Pero no. No es una pieza más. Porque los fantasmas ensangrentados permanecen acusadores durante mucho tiempo en la memoria de los vivos exigiendo justicia, la que aquí reciben, y porque para poder continuar, con esperanza, necesitamos conocer la existencia de “algunos hombres buenos”, esos que Tano nos da a conocer emocionado y conmovido: Manuel Azaña, quien siempre dijo la verdad sobre lo ocurrido, el valiente guardia civil Juan Gutiérrez, natural de Chiclana, que salvó a dos inocentes del fusilamiento, arriesgando su propia vida para luego perder la suya en julio del 36 a manos anarquistas, y el abogado, riguroso y honrado, López Gálvez, representante de las víctimas, perseguido por ello toda su vida.
Y para finalizar, tan sólo desear que ojalá todos los libros se escribieran en España con los mismos propósitos nobles, sinceros y valientes de Tano, porque quizá nuestra historia también hubiera podido ser diferente.

jueves, diciembre 08, 2011

La generación beat (Crónica del movimiento que agitó la cultura y el arte contemporáneo), Bruce Cook

Trad. Esdrás Parra. Ariel, Barcelona, 2011. 306 pp. 19,90 €

Miguel Baquero

1971, Estados Unidos. Todavía reciente el “verano del amor” californiano, y en los oídos aún el eco del famoso festival de Woodstock, es el momento de preguntarse por el origen de ese fenómeno llamado “hippy” que ha pasado como un ciclón por la realidad norteamericana. Un periodista, Bruce Cook (1932-2003), crítico literario del National Observer, cree haber encontrado las raíces de esa súbita explosión de vida alternativa, de rebeldía refractaria a cualquier norma, de manera de estar en el mundo radicalmente distinta a la “conveniente”. Para Bruce Cook, el origen de los “hippies” se halla en unos escritores que hace no demasiado tiempo tuvieron éxito, estuvieron en la cumbre, pero casi de la misma forma rápida en que ascendieron volvieron a caer. Habla de los “beats”, unos autores que comenzaron a publicar en torno a los años 50 y cuyas propuestas estéticas y predicamentos de vida tenían mucho que ver con los de esta nueva generación que acaba de alterar a sus compatriotas y al mundo entero.
Esto, que hoy nos puede parecer hasta elemental, aún suponía un descubrimiento en los años 70, no tanto por la poca claridad de las pistas como por el olvido, para el gran público, en que habían caído los escritores “beat”. El libro de Cook, nacido, como se ha dicho, del intento de buscar el origen del movimiento “hippy”, se convierte en toda una crónica, posiblemente la más completa que se ha escrito, del movimiento “beat”. Siguiendo un método de periodismo literario, Cook cuenta con la ventaja, que estuvo vedada a autores posteriores, de poderse entrevistar con algunos de los supervivientes de aquella generación y obtener de ellos testimonios de primera mano, en algunos casos “in extremis”, por ejemplo en el caso de Kerouac, con quien se entrevista en su retiro de Lowell, en Nueva Inglaterra, apenas unos meses antes de que fallezca. Igualmente, en el libro se pueden leer entrevistas con escritores como Ginsberg, Burroughs, McClure o Gregory Corso, nombres capitales del “beat”.
Lejos de seguir una investigación fría y objetiva, periodista en el sentido más neutral de la palabra, la crónica de Cook cuenta con dos valores añadidos, como son la implicación del autor en el tema, la solidaridad y la admiración que pronto demuestra tener hacia los promotores del movimiento “beat”; y como son también los elementos de crítica literaria que vierte en el libro, las valoraciones estéticas sobre algunas de las principales creaciones de estos novelistas y poetas. El resultado es un libro cálido, entusiasta, una crónica que transmite en gran manera la fiebre que asalto a aquellos jóvenes underground que un día se propusieron enfrentarse a la cultura establecida. Los “beat” buscaron una forma de expresión radicalmente opuesta al academicismo y a la árida virtuosidad de quienes se tenían por los escritores formales, y mucha de la rebeldía, de la rabia, del afán rompedor de aquellos autores se ha trasladado y pervive en esta crónica, que enseguida (y por fortuna) toma partido por ellos.
Para Cook, los “beat” representaron, en su momento, no sólo la plasmación del genio norteamericano, basado en la individualidad y siempre reacio a las normas impuestas con todo su peso por las grandes organizaciones superiores, sino también la realización de un inconformismo que debería ser consustancial a la juventud. De ahí, posiblemente, su éxito fulgurante en los principios, y la difusión que el movimiento tuvo por toda Europa y el resto del mundo (para asombro a veces del propio Cook, que no esperaba esa repercusión fuera de Norteamérica). Tal vez es por eso, porque los “beat” tocaron esa fibra eterna, ese ansia de perpetua renovación en cuyo fondo se asienta la verdadera poesía, por lo que hoy, tantos años después, los escritores “beat” se han hecho un lugar en la literatura, condenando al olvido a todos aquellos escritores sosos y académicos que en su momento se burlaron de ellos y pretendieron ostentar el verdadero gusto, tan contrario a estos locos inspirados que cantaban a las drogas, al sexo y a la vida en libertad.
A manera de ejemplo, baste extraer lo que uno de los más afamados miembros del poder literario de entonces escribe a su vuelta del celebre recital de la Galería Six, de San Francisco, donde Allen Ginsberg acaba de leer por primera vez su enorme poema Aullido:
«Allen Ginsberg, con sus poemas que nunca demuestran suficiente talento ni mucho trabajo (…) tiene, de todos modos, contra la mayoría [de los poetas que intervinieron] el mérito de estar cruelmente justificado por su perturbación mental.»

lunes, octubre 24, 2011

El violento oficio de escribir, Rodolfo Walsh

451 Editores, Madrid, 2011. 556 pp. 21,50 €

Pedro M. Domene

La vida de Rodolfo Walsh (1927-1977) transcurrió entre grandes momentos de tensión por su activa militancia política, por su vocación literaria, y sobre todo por su curiosidad periodística. En la década de los cuarenta, tras pasar por varios domicilios familiares y colegios, se trasladó a Buenos Aires para completar su educación secundaria. Mediada la década, su vida adquiere una actividad casi febril: un frustrado intento de ingresar en el Liceo Naval, colabora con la editorial Hachette, participa en la Alianza Libertadora Argentina, cursa algunas asignaturas en la Facultad de Humanidades, y ya en 1950 obtiene una mención en el Primer Premio de Cuentos Policiales que organiza la revista Vea y Lea. A partir de este momento se dedica al periodismo y trabaja para Vea y Lea y Leoplán, donde publicará cuentos, artículos de crítica literaria y divulgación cultural. Sus abundantes colaboraciones en la prensa lo señalan como la cumbre del periodismo argentino y, en ocasiones, acompaña sus textos con fotografías que convierten sus reportajes en auténtico periodismo gráfico, y sobre los temas más diversos. A partir de 1956 sus continuas denuncias contra la represión y los fusilamientos de José León Suárez desembocarán en los libros, Operación masacre (1957), hito del género testimonial en la literatura argentina y al que seguirán ¿Quién mató a Rosendo? (1969), y su famosa Carta abierta de un escritor a la Junta Militar (1977). Ernesto Ekaizer relata en el prólogo a El violento oficio de escribir (2011), como, desde varios meses, el periodista y su esposa Lilia Ferreyra viven en una casa modesta, sin luz eléctrica, agua corriente o gas, que han comprado a unos 52 km del centro de Buenos Aires, de donde Walsh viajaría el 25 de marzo de 1977 a la capital para acudir a varias citas y echar en diferentes buzones varios sobres que contienen su famosa Carta abierta..., que condensa toda la labor informativa del año, basada en la fuente documental que forman los cables de noticias difundidas, denuncia el asesinato, la desaparición y tortura de miles de ciudadanos en virtuales campos de concentración que ha creado la dictadura del general Jorge Rafael Videla en las guarniciones militares. Walsh va armado con una pistola Walter PPK calibre 22 que no le salvará la vida, pero será más difícil que lo cojan vivo. Un llamado «grupo de tareas» de la Escuela Mecánica de la Armada y un pelotón de policías le han preparado una encerrona. El militante con quien Walsh debía encontrarse ha desvelado el lugar de la cita, aun le da tiempo a sacar su pistola pero varios disparos le cruzan el pecho en diagonal y apenas llega vivo al campo de concentración de la ESMA. Esa misma noche los militares que se han hecho con la escritura de compra venta que portaba el periodista, organizan el saqueo y bombardeo de su casa, a donde a la mañana siguiente llega su esposa sin conocer la tragedia y advierte que la han volado llevándose su carpeta de documentos y escritos personales.
La edición que 451 Editores presenta con el título de El violento oficio de escribir (2011, aunque la original es de 2007), con prólogo de Ernesto Ekaizer y nota preliminar de Daniel Link, recoge, según este último, la totalidad de los artículos publicados con la firma de Rodolfo Walsh o sus iniciales R.W., o R. J. W.) o el seudónimo, Daniel Hernández. De sus libros o grandes investigaciones, se incluyen ejemplos aislados necesarios para dar una visión fiel del progreso de la obra periodístico; tampoco se recogen sus artículos y prólogos que se considerarían de crítica literaria, tampoco los escritos íntimos y del resto de la obra conocida quedan muchas notas sin publicar y se ofrece una edición incompleta por definición. Según su editor, este libro se titulada así porque el propio Walsh, escribió en un texto autobiográfico que decía los siguiente: «En 1964 decidí que, de todos mis oficios terrestres, el violento oficio de escritor era el que más me convenía». Cuando leemos los abundantes textos de la presente edición, se percibe el espíritu de Walsh cuando afirmaba que pretendía devolverle al periodismo la voz y la identidad de las noticias, los acontecimientos o la dignidad a los personajes que habían sido protagonistas y que de alguna manera dejaban testimonio con sus actuaciones o con su propia vida. El «caso Padilla», su estancia en Cuba y la creación de la agencia de noticias Prensa Latina, los diversos artículos sobre la baja condición social de los trabajadores de la Argentina, son algunos de los textos más sugerentes; en ocasiones, se funde literatura y periodismo, y este último aspectos tanto literario como político, testimonio de una objetividad que, de alguna manera, en la totalidad de la obra de Walsh se completó con los informes de Cadena informativa que ampliaba así su compleja visión del periodismo. La lectura de «La Carta abierta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar» vislumbra ese «acto de libertad» con que invitaba a sus últimos lectores y aun hoy a quienes confiamos en ese voluntarioso periodismo caracterizado por la honradez y la exactitud verificada.

miércoles, septiembre 28, 2011

Honrarás a tu padre, Gay Talese

Trad: Patricia Torres Londoño. Alfaguara, Madrid, 2011. 640 págs. 21,50 €

Ángeles Prieto

El pasado año, los lectores españoles fuimos asombrosa y gratamente sorprendidos con el primer desembarco de unos de los indiscutibles padres del nuevo periodismo norteamericano: Gay Talese. Autor que, con una evidente clase, patente en su forma de vestir y dirigirse al público mezclando sencillez en el trato con elegancia innata, abogaba por el acercamiento íntimo a los indiscutibles personajes públicos de Retratos y encuentros, de manera perspicaz y cálida. Nada que ver con el periodismo sensacionalista hacia el star o political system al que ahora estamos desgraciadamente acostumbrados.
Además de esta enseñanza ética y magistral de un periodismo artesano y sabio, donde triunfaba la dignidad en el trato, conseguíamos también en ese libro indiscutibles lecciones literarias de cómo abordar y cómo retratar a un personaje. Magisterio que después aprovecharía en el libro que hoy presentamos: Honrarás a tu padre, un extenso y documentado estudio sobre la neoyorquina familia Bonanno, una de las más representativas de la historia mafiosa de los Estados Unidos, junto a los Luciano, Capone, Genovese, Gambino, Costello y Lucchese.
Un libro de larga gestación, iniciado en 1965 con motivo del espectacular secuestro y detención de Joseph y Bill Bonanno, respectivamente, y terminado en 1971, fecha de su publicación. Volumen indiscutiblemente motivado por la necesidad de una comunidad italoamericana, trabajadora y cumplidora de la ley, de poner coto a la machacona imagen gangsteril que los poderes públicos y los medios de comunicación, proporcionaban constantemente sobre ella en los años sesenta y setenta.
Iniciado con un secuestro cuya resolución acapara toda nuestra atención lectora, la historia se va desarrollando bajo el interesante prisma rector de las tres películas que componen la saga del Padrino, la historia de la familia Corleone: La lucha por la subsistencia de los emigrantes sicilianos, el ascenso social, económico y amoral de un padre rector, el choque generacional con aquellos hijos que reciben una educación superior, y como resultado, la pérdida de ese estatus, no sin un coste emocional devastador, en la disyuntiva de cumplir con el cuarto mandamiento y continuar con los turbios negocios familiares, o bien, apostar por la integración social. Por ello, aunque la editorial publicite el libro como inspirador de la más reciente, y exitosa serie de los Soprano, pronto se encontrará el lector con una historia real y centrada en las relaciones padre-hijo, mucho más cercana a la que se establece entre Vito y Michael Corleone.
Talese es muy exhaustivo en su trabajo, y por ello nos retransmite con todo detalle el proceso jurídico que provoca la decadencia final, amén de relatarnos los últimos grandes enfrentamientos entre las grandes familias mafiosas de Nueva York. Nos retrata con magisterio el barrio de Brooklyn y su posterior evolución, así como también viajará a Sicilia y allí procurará rastrear los orígenes de la Mafia, retrayéndose nada menos que a las Vísperas Sicilianas de 1282, cuando la población de Palermo masacró a los franceses, conquistadores de la isla, por la versión tradicional de que un soldado borracho había violado a una joven recién casada. Cuyo padre, al grito de “Ma fia, ma fia” (mia figlia, mi hija), daría paso así al origen de la palabra. En cualquier caso, esta terminará convirtiéndose en una institución arraigada y compleja en una isla constantemente invadida, cuyos habitantes no pudieron gozar de instituciones de gobierno propias hasta fechas muy recientes. Y de ahí, esta necesidad de contemporizar con los poderes públicos extranjeros, mediante el empleo de métodos no ortodoxos y de doble moral que veremos más tarde en los Estados Unidos a inicios del siglo XX.
Así, con una traducción bastante correcta, donde sin embargo se deslizan americanismos que chocan al lector europeo (riesgoso por arriesgado; abalaceado por disparado), llegaremos sin duda a disfrutar de la lupa singular de Gay Talese sobre este tema, deseoso de descubrir sus orígenes y a sí mismo, pero enfocando sin miedo y con inteligencia los claroscuros de su propia colectividad, en la lucha por la subsistencia y en la obligación final de integrarse en la siempre apasionante sociedad norteamericana.