Joan Fontaine Odisea se presentó al mundo en Palma de Mallorca el pasado mes de febrero; como maestros de ceremonia, actuaron Román Piña, Marta Aguado, y un ¿testimonial? bote de Nocilla, dado que el autor está embarcado en un proyecto artístico experimental denominado Proyecto Nocilla, inspirado en la teoría del rizoma de Deleuze y Guattari y en los aspectos más fascinantes de la globalización. El cuerpo de la odisea, cuya lectura os recomiendo, está formado por 81 atípicos poemas en los que se reivindica la postmodernidad de una manera lúdica y extraordinariamente creativa, en perfecta coherencia con el concepto de «Poesía postpoética» acuñado por el autor y brillantemente expuesto en la revista Lateral en diciembre del 2004. No debería sorprendernos, en quien opina que la realidad es básicamente información —códigos a interpretar— la concepción de un libro-performance basado en la ininterrumpida proyección de la película Rebeca, protagonizada por Joan Fontaine, durante 365 días. Huelga decir que, como profesional concienzudo que es, Fernández Mallo nos presenta un acta notarial que da fe de lo anteriormente expuesto, amén de un registro documental en video fijo diurno y nocturno; una experiencia remotamente emparentada con la mística (me pregunto si se trata de una performance o una deconstrucción) en la que el poeta rozó, al menos en intención, la erótica del éxtasis. Hasta aquí llega la parte lúdica del poemario; entremos ahora en materia.
El pensamiento que destilan sus 137 páginas presenta contenidos muy profundos a través de elementos rabiosamente contemporáneos, donde las matemáticas y la física juegan un papel decisivo. Objeción: Quien no tenga unos conocimientos científicos mínimos, quedará al margen de los hallazgos más notables. En cualquier caso, estamos ante una iluminadora mezcla de ciencia y poesía cuyos antecedentes se remontarían a la obra de Tales, Heráclito o Anaximandro, a un tiempo en el que la separación entre ciencia y poesía no era del todo efectiva. Estructurado en secciones y subsecciones numeradas, réplica del Tractatus Lógico Philosophicus de Wittgenstein, el poemario huye del fundamentalismo poético dando paso a una estética peculiarísima; La proposición 25, o, si se quiere, el poema número 25, está formulado como un teorema. Como una rara mutación, la obra supondría una interrogación sobre el lenguaje y la crisis de la representación convencional, la reformulación de la estética poética contemporánea. Antológica resulta la metáfora con la que el autor relaciona la subjetividad y la función delta de Dirac, aquella que permite pasar del mundo continuo de los objetos al discontinuo de los procesos cuánticos. Si, como él dice, la vanguardia irrumpió hace más de un siglo en las artes plásticas, ¿Por qué no habría de reflejarse similar renovación en el campo poético? Para aquellos que se resisten a aceptar el uso de ciertos «signos» en un poema, les recordaré que verso y ecuación comparten lo más básico; ambas son expresiones sintéticas de algo complejo de definir, a las cuales no es posible añadirles o restarles nada sin detrimento o total fracaso del resultado. Con todo, Fernández Mallo no inventa nada nuevo por más que emplee elementos propios de la física en su juego postpoético; lo experimental, ligado o no a la filosofía o al arte, ha existido siempre. Lo que sí me resulta muy refrescante es el resultado de su trabajo, la hibridación de su lenguaje y las imágenes que nos ofrece alguien que parece estar sumido en un permanente tête à tête con lo invisible. Suele decirse que nunca aspira la belleza a producir relajo, tranquilidad o hedonismo, sino tensión, y el libro de Fernández Mallo, una de las voces más interesantes y honestas del panorama poético actual, es un buen ejemplo de ello. Leedlo sin prejuicios y disfrutad mientras tanto de este pequeño aperitivo:
Entre dos contajes consecutivos de un contador Geiger
hay una fracción infinitesimal de tiempo
en la que al circuito no le es posible contar nada. A esa
pequeña desaparición de la realidad se le llama
Tiempo Muerto (T). Así viene escrito en cualquier texto
de física atómica este fenómeno
fascinado toda la noche en tus ojos
porque al terminar no ha mermado ni aumentado
mi conocimiento acerca del mundo
bendita seas
otoño en el que el verano cae
de nuevo a mi cielo mi wild puppet I love you so
muñeca de cera o de algodón
meditativa
y simultáneamente instantánea, tu ruido es blanco,
en qué estado de la materia te consumes.
Luz y sombra saturas.
También nosotros somos custodios
de un metal pesado, lujosas gotas
de mercurio amante,
amantes en Tiempo Muerto.
Bendito sea el reloj que desaparece (T)
(para dos nuevos estados
de la materia)
hay una fracción infinitesimal de tiempo
en la que al circuito no le es posible contar nada. A esa
pequeña desaparición de la realidad se le llama
Tiempo Muerto (T). Así viene escrito en cualquier texto
de física atómica este fenómeno
fascinado toda la noche en tus ojos
porque al terminar no ha mermado ni aumentado
mi conocimiento acerca del mundo
bendita seas
otoño en el que el verano cae
de nuevo a mi cielo mi wild puppet I love you so
muñeca de cera o de algodón
meditativa
y simultáneamente instantánea, tu ruido es blanco,
en qué estado de la materia te consumes.
Luz y sombra saturas.
También nosotros somos custodios
de un metal pesado, lujosas gotas
de mercurio amante,
amantes en Tiempo Muerto.
Bendito sea el reloj que desaparece (T)
(para dos nuevos estados
de la materia)























