viernes, junio 10, 2011

Verdadero y falso, David Mamet

Trad. Josep Costa. Alba, Barcelona, 2011. 126 pp. 18 €

Juan Pablo Heras

Cuando apareció por primera vez en 1998, este libro detonó como una bomba en el sosegado templo de la pedagogía actoral. Años de experiencia directa en las tablas, en la lucha por conquistar al público desde la verdad insobornable del que tiene algo que contar, habían convencido a David Mamet de que algo olía a podrido en los dominios de los apóstoles de los apóstoles del Método (en el nombre de Stanislavski, Strasberg y Marlon Brando, amén). Como quiera que, llegados a este punto, no bastaba con la sugerencia razonable para combatir lo que sólo se sustenta en la fe y en la mortificación de la culpa, decidió provocar al autocomplaciente mundillo teatral con un libelo al que subtituló “Herejía y sentido común para el actor”, y que casi desde el inicio contiene afirmaciones como ésta: “El Método de Stanislavski y las escuelas derivadas de él son absurdos. No es una técnica con la que practicando se pueda desarrollar un oficio, es un culto”.
Mamet sostiene tamañas afirmaciones contra el Método desde la constancia de su inutilidad: para él, los grandes actores que han surgido de tales escuelas estaban tan dotados que hubieran triunfado de todos modos; en cuanto a los mediocres, tal pérdida de tiempo y dinero sólo les ha servido para crearles traumas que desconocían y que para colmo son incomunicables. Cuando llega el momento de aportar ese “sentido común” que debería sustituir a los mandamientos de los vendedores de humo, Mamet renuncia a ofrecer un sistema alternativo y recurre a su larga experiencia enfrentándose a actores desde su acreditado oficio como autor teatral, guionista de cine y director, y en su conocimiento compartido de la escena underground de la costa este y de los grandes estudios de Hollywood. En ese sentido, Verdadero y falso viene a ser una recopilación de anotaciones dispersas dirigidas al actor, a la vez fruto de la intuición del que ha vivido mucho y de la racionalidad del que no se deja engañar. En su ausencia de método –en todos los sentidos- recuerda un poco al entrañable Écoute, mon ami de Louis Jouvet.
Aunque quepan mil reservas ante la agresiva actitud de Mamet, lo cierto es que resulta tan persuasivo que uno siente la tentación de convertirse en discípulo, asumir sus afirmaciones como si se tratara de una nueva verdad revelada, y acatar lealmente sus enseñanzas. Es decir, justo lo contrario de lo que pretende, que es invitar al actor a desconfiar de las certezas y el confort, y a encontrar en el miedo, la incertidumbre y lo desconocido el motor y la gasolina de una interpretación verdaderamente emocionante. Un mensaje que no es fácil de asumir y que excluye a todo aquel que prefiere “ser actor” a “actuar”. Por lo tanto, para ser actor sólo serían necesarias ciertas aptitudes físicas ligadas a la voz y al cuerpo, una vocación a prueba de bombas y de meses de desempleo y, sobre todo, el valor de enfrentarse a lo incierto, porque nada que pueda ser controlado tiene interés para el público: “cuando aceptáis no saber lo que hacéis, os ponéis en el mismo estado que el protagonista de la obra. (…) Como el protagonista, estáis confusos, asustados, ansiosos”. Porque al fin y al cabo el público va al teatro para “enfrentarse a su anomia, ansiedad, culpabilidad, incertidumbre e incoherencia”.
Si abrimos la mirada más allá del rutilante pero minúsculo mundo de la interpretación, encontramos que Verdadero y falso se inscribe en una larga tradición ensayística ligada al más sano escepticismo y a la reivindicación del empirismo más riguroso. Mamet, como hicieron tantos otros, denuncia a los falsos profetas que venden a precio de oro verdades exquisitamente diseñadas, cómodas y tranquilizadoras, y en cambio nos anima a enfrentarnos a nuestra ignorancia y a aceptar la oscuridad, porque sólo en esta incertidumbre se encuentra la materia del arte. Como dice una curiosa cita del pediatra D. W. Winicott con la que Mamet inicia su libro, “la aproximación científica del fenómeno de la naturaleza humana nos permite ser ignorantes sin tener miedo, y sin, por lo tanto, tener que inventar todo tipo de teorías extrañas para explicar nuestras lagunas de conocimientos”.

jueves, junio 09, 2011

Wakefield, Nathaniel Hawthorne

Trad. María José Chuliá. Nórdica, Madrid, 2011. 80 pp. 15 €

David Vicente

La editorial Nórdica celebra sus cinco años de vida, lo que, en un mercado (el del libro) a veces selvático y quizá sobre saturado en relación con el número de lectores existentes, ya es todo un mérito en sí mismo. Aunque no el único, desde luego.
Junto con otras, no muchas, Nórdica se ha convertido en una editorial de referencia en lo que a libros ilustrados para adultos se refiere. Se agradece que en un negocio donde parece que el debate se ha desviado en torno a si es mejor leer en papel o mejor leer en “tableta”, obviando cuestiones de mayor envergadura y transcendencia para el convento, alguien apueste por deliciosas ediciones casi de coleccionista.
Para celebrar este lustro sus editores rescatan Wakefield de Nathaniel Hawthorne, ilustrado para la ocasión por Ana Juan, Premio Nacional de Ilustración 2010.
Para quien no conozca el relato (imprescindible para cualquier lector con un mínimo de interés más allá del bestseller de turno), Wakefield es un inquietante cuento sobre un marido que en el Londres victoriano decide tomar una decisión extravagante e incomprensible: abandonar su hogar y a su esposa e instalarse en la casa de enfrente, pasando completamente desapercibido, con el único objetivo de observarla sin que ella sea consciente de ello y apartarse del mundo.
El tiempo va pasando y ambos se van haciendo más viejos en soledad, pero apenas distanciados por unos cuantos metros. Wakefield será testigo de cómo la pena de su esposa por su desaparición se va amortiguando con el paso del tiempo, mientras su desasosiego va en aumento.
Tras veinte años y, gracias a una tormenta que le coge justo enfrente de la que fue su casa, Wakefield decide entrar de nuevo en ella buscando refugio, como si nada hubiese pasado, para así reencontrarse tras dos largas décadas con su esposa.
Un breve relato que tiene la virtud, como los grandes textos, de prolongarse más allá de sus páginas durante mucho tiempo en la cabeza de sus lectores, obligando a cada uno de ellos a sacar sus propias conclusiones. Esta, sin duda, podría ser una de ellas:
[En medio de la aparente confusión de nuestro misterioso mundo, las personas están tan pulcramente adaptadas a un sistema, y los sistemas engarzados entre sí y a un todo, que si una persona se ausenta por un momento, se expone al aterrador riesgo de perder su puesto por siempre, pudiendo llegar a convertirse, como le sucedió a Wakefield, en el Desterrado del Universo.]
Nórdica recupera a un autor, Nathaniel Hawthorne, de una prosa ágil y elegante, que construye una literatura, más que actual, atemporal, que ha superado con creces el tamiz del paso de los años.
Pero sería injusto poner aquí el punto y final, sin destacar el otro 50% de esta edición: las ilustraciones de la valenciana Ana Juan. La prestigiosa ilustradora y autora de cuentos infantiles que ha colaborado con publicaciones de la talla de Time o New Yorker, ha creado para la ocasión unas láminas que retratan a la perfección los dos mundos paralelos y completamente diferenciados de los que consta el relato: el del Sr. Wakefield y el de su esposa, la Sra. Wakefield. Uno, sombrío y turbador, el otro, aunque sosegado, cargado de una resignada melancolía.
Según Borges, uno de los mejores cuentos de la historia de la literatura. Lo que ya es motivo suficiente, máxime si tenemos en cuenta que él no pudo disfrutar de los maravillosos dibujos de Ana Juan cuando lo leyó.

miércoles, junio 08, 2011

Vidas elevadas, Miguel Baquero

Editorial Talentura, Madrid, 2011. 134 pp. 12,50 €

Abel Posse
firma invitada*

Después de un libro de relatos, como Diez cuentos mal contados, y de la curiosa y fresca miscelánea que constituyó A esto llevan los excesos, Miguel Baquero (Madrid, 1966) vuelve al terreno de la novela con Vidas elevadas, publicada por la reciente y prometedora editorial Talentura (antigua Policarbonados). En Vidas elevadas, su nueva novela, Baquero mantiene ese tono humorístico, ese registro de sorna, gamberro en muchas ocasiones, al que nos tiene acostumbrados y que en el fondo, tras todo el aparato de las sonrisas y en ocasiones (bastantes) de la risa franca y sonora, encierra una crítica, en forma de caricatura, contra nuestra actualidad.
En esta ocasión, el objeto de la sátira es el mundo de la literatura, o más en concreto el mundo de la poesía, personificado en tres protagonistas, poetas todos ellos de mayor o menor prestigio y en general escaso arte, que vienen a coincidir en el espacio de un pequeño pueblo. Lastrados todos ellos por la inevitable pose, la mentira, el truco que parece ser consustancial a la expresión artística actual, se irán viendo desarbolados y descubiertos por la sencilla vida cotidiana, o lo que es lo mismo: por la vida verdadera. Burla de toda esa… digámoslo: tontería que en muchos casos rodea al mundo de las Letras, los protagonistas de Vidas elevadas irán exponiendo ante el risueño lector todos sus tics de “gente literaria”.
He oído decir a Baquero en una entrevista que él mismo se incluye en la caricatura de Vidas elevadas, que muchos de las ridiculeces que pone al descubierto él mismo las ha practicado, a lo mejor inconscientemente, y seguramente las volverá a practicar. No observa el autor su cuadro desde una posición superior y mayestática, sino que busca tan solo registrar lo que ocurre a su alrededor, en medio del fregado, lo que él también aporta a toda esa feria de vanidades. Debido a ello, la risa que busca Baquero en el lector, y que doy fe que en numerosas ocasiones consigue, tiene mucho de catártica, de reírnos de nosotros mismos, de dejar a un lado nuestra solemnidad como medio último de ver el alcance de nuestros errores. Verlos claramente y —¿a quién le cabe duda?— volver a cometerlos.
Desde la solapa —¡al menos no se pierdan esto!— hasta la conclusión, pasando por el mismo argumento, donde el suceso principal y determinante de todo nunca acaba de describirse, todo en esta pequeña novela, Vidas elevadas tiene un sentido humorístico o, mejor dicho, bienhumorado. El lector, sin duda, acertará a identificar a varios de los protagonistas y muchos de los latiguillos de los que se hace mofa en el texto le sonarán bien cercanos y quién sabe si familiares. Pero detrás de todo ello no hay un dedo acusador, una voz tronante que denuncie y amenace con la excomunión; en su lugar, hay un escritor que ha aceptado el juego pero que sabe que está jugando. Y esta propuesta lúdica que se desprende de toda la novela, el divertimiento bien entendido —es decir, sin perder de vista la realidad—junto con la limpieza y calidad del estilo a que el autor nos tiene acostumbrados, es uno de los mejores activos de esta novela con la que Baquero vuelve para alegría de sus seguidores.

*Abel Posse (Sevilla, 1970) es licenciado en Filología y aficionado a la literatura. Como tal, ha sido finalista de diversos concursos locales de cuentos y microrrelatos y ha colaborado como reseñista en revistas culturales digitales, como Digitalone, Caleidoscopio, Literaturas.com, La vieja factoría y otras. Actualmente está ultimando la publicación de su primera novela, Memorial de envidias. Es autor asimismo de poemas y escritura creativa.

martes, junio 07, 2011

5 de junio, 20:30 horas, librería La Buena vida: entrega de los V Premios Tormenta


El Lector Tormentoso, estatuillas de Ignacio Sanz,
listas para ser entregadas

Elena Medel presentó los premios junto a Care Santos


Elvira Navarro, ganadora del año pasado, presentó el
Premio Autor Revelación


Daniel Sánchez Pardos agradeciendo su premio


Eduardo Riestra obtuvo el I Premio Editor Tormentoso,
por haber publicado a dos de los tres ganadores

Marta Sanz presentó y recogió el Premio Tormenta
al mejor libro del año en lengua extranjera,
que obtuvo Alice Munro

ÓscarEsquivias, ganador del Premio Tormenta
al mejor libro del año 2010, recoge su galardón

Lola Sanabria, ganadora del I Premio de Microrrelatos
Tormenta en un Vaso, durante su discurso de agradecimiento

Foto de familia de los ganadores y los maestros de ceremonias.
De izquierda a derecha, atrás: Eduardo Riestra, Daniel Sánchez Pardos,
Care Santos, David Vicente, Óscar Esquivias, Elvira Navarro,
Elena Medel. Delante: Andrés Neuman, Lola Sanabria.



Silvia Querini, editora de Lumen, agradeció el premio a Alice Munro de esta forma.

lunes, junio 06, 2011

Premios Tormenta 2010: ganadores

Premio Tormenta al mejor nuevo autor en castellano:
El cuarteto de Whitechapel, de Daniel Sánchez Pardos

El cuarteto de Whitechapel, Daniel Sánchez Pardos.
Ediciones del Viento, A Coruña, 2010.
389 pp. 20 €

«Escrita con una prosa ágil, salpicada de ironía, y con unos personajes perfectamente definidos, El cuarteto de Whitechapel pertenece a ese tipo de novelas que nos atrapan sin remedio. En su elaboración se aprecia la pericia de un relojero que logra que cada pieza ajuste con precisión en el engranaje final de la obra. Especial mención merecen sus últimas cien páginas, muy sorprendentes, y que se leen a un ritmo vertiginoso. Se me ocurren muchas razones para recomendar El cuarteto de Whitechapel: es turbadora, divertida a veces, vibrante, demoledora y lúcida. Pero sobre todas estas razones se impone otra de más peso: es una NOVELA (con mayúsculas).»

(de la reseña de José Gutiérrez Román)


Daniel Sánchez Pardos nació en Barcelona en 1979. Es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Sus narraciones han sido premiadas en concursos como el NH de Relatos o el Joven & Brillante de Novela Corta, y han aparecido en diversas revistas y antologías. Ha publicado las novelas El cuarteto de Whitechapel (Ediciones del Viento, 2010) y El jardín de los curiosos(Bohodón, 2010) .
Desde La tormenta en un vaso creamos hace dos ediciones esta nueva categoría, con el objetivo de resaltar la obra de un autor o autora, con un máximo de dos libros publicados, y que suponga ya una apuesta no de futuro, sino de presente. Elcuarteto de Whitechapel ha sido el título que, cumpliendo estos requisitos, ha obtenido más votos entre nuestros colaboradores.



Premio Tormenta al mejor libro traducido al castellano en 2010:
Demasiada felicidad, de Alice Munro

Demasiada felicidad, Alice Munro.
Traducción de Flora Casas.
Lumen, Barcelona, 2010.
339 pp. 22,90 €

«La prosa de Alice Munro es elegante, natural, de una técnica refinada y versátil que a la vez es precisa, afilada y pulcra, de una sobriedad y delicadeza en la que lo sereno se vuelve de repente punzante. En la misma página podemos sentir cómo se nos raja la cara de un navajazo y palpar simultáneamente la posibilidad de su cura. Porque en eso reside quizás la grandeza de Alice Munro, en su riqueza emocional, en la manera que tiene de dotar a la vida de sentido aunque sea narrando sus pequeños, inexplicables y numerosos sinsentidos. Cada escena cotidiana tiene la justa dosis de ambigüedad para entender el misterio que la habita. Leemos con placidez y armonía estos relatos que, sin embargo, encierran lo terrible, insoportable y tremendo como si nos adentráramos lentamente, sin estridencias ni artificios, en las aguas de una laguna llamada realidad. De ahí que Alice Munro sea una de las más grandes escritoras vivas, si no la que más: porque sabe conjugar complejidad y sencillez con la misma maestría con la que hace visible la maldad junto a la redención, la penumbra y lo epifánico, y las heridas con la bonheur de vivre. Leer a esta mujer que desprende sabiduría, comprensión y piedad es encontrarle sentido a la vida. Desde su hondura irónica, tibia y feroz, Alice Munro nos invita a amar la buena literatura o, lo que es lo mismo, a compartir con ella instantes de verdadera dicha.»

(de la reseña de Coradino Vega)


Alice Munro nació en Wingham (Ontario, Canadá) en 1931. Antigua librera, escritora-residente en la Universidad de Western Ontario, sus relatos breves analizan la vida cotidiana de manera cercana, sobria y realista: no en vano la llaman la Chéjov canadiense, y su nombre resulta habitual en las quinielas de grandes reconocimientos como el Nobel. Ha ganado en tres ocasiones el principal galardón canadiense a la creación literaria, y ha recibido los premios National Book Critics Circle (1998) y Reino de Redonda (2005). Traducida a trece lenguas, el lector en castellano puede disfrutar de sus más significativos libros de relatos: Las lunas de Júpiter(1982), El progreso del amor (1986), Amistad de juventud(1990), Secretos a voces (1994), El amor de una mujer generosa (1998), Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio (2001), Escapada (2004), La vista desde Castle Rock (2006) y este Demasiada felicidad, editado en Canadá y Estados Unidos en 2009, traducido al castellano en 2010, premiado en 2011 por La tormenta en un vaso.



Premio Tormenta al mejor libro publicado en castellano en 2010:
Pampanitos verdes, de Óscar Esquivias

Pampanitos verdes, Óscar Esquivias.
Ediciones del Viento, A Coruña, 2010.
160 pp. 16 €

«¿Qué música late en estos cuentos para que nos atrapen como nos atrapan hasta convertirnos en lectores rendidos y encandilados? Quizá sea la naturalidad, la fluidez narrativa, esa manera de contar como si estuviera meando, que diría Delibes. Lo cierto es que Óscar Esquivias despliega en estas historias un poder de seducción que nos arrebata. Y no es que se ponga estupendo estilísticamente hablando, no, qué va, son sus personajes desvalidos y atormentados, con sus pequeñas neuras, con sus flaquezas, sometidos a situaciones extremas en su cotidianeidad, los que misteriosamente nos atrapan.»

(de la reseña de Ignacio Sanz)


Óscar Esquivias nació en Burgos en 1972. Es licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Burgos. Dirigió “Calamar, revista de creación” (1999-2002). Ha colaborado con sus poemas, artículos y relatos en revistas y antologías de España e Hispanoamérica. Ha publicado las novelas El suelo bendito (Premio Ateneo Joven de Sevilla; Algaida, 2000), Inquietud en el Paraíso (Premio de la Crítica de Castilla y León; Ediciones del Viento, 2005), La ciudad del Gran Rey (Ediciones del Viento, 2006) y Viene la noche (Ediciones del Viento, 2007); los libros de cuentos La marca de Creta (Premio Setenil; Ediciones del Viento, 2008) y Pampanitos verdes (Premio Tormenta al mejor libro publicado en castellano en 2010; Ediciones del Viento, 2010); las novelas juveniles Huye de mí, rubio (Edelvives, 2002), Mi hermano Étienne (Edelvives, 2007) y Étienne el Traidor (Edelvives, 2008); y La ciudad de plata (El pasaje de las letras, 2008), una evocación literaria de su ciudad natal.