viernes, mayo 13, 2011

POR PROBLEMAS EN BLOGGER
TANTO EL JUEVES 12 COMO EL VIERNES 13
NOS HA SIDO IMPOSIBLE PUBLICAR RESEÑAS.
PERDONAD LAS MOLESTIAS.
VOLVEMOS EL LUNES 16.

miércoles, mayo 11, 2011

Días de ira (Tres narraciones en tierra de nadie), Jorge Volpi

Páginas de Espuma, Madrid, 2011. 216 pp. 17 €

Miguel Baquero

Habla Jorge Volpi (México, 1968), en la introducción a este volumen, de “la media distancia”, de esos textos en torno a las 50 ó 70 páginas que parecen haber quedado “en tierra de nadie”, como asimismo reza el subtítulo. Narraciones que exceden los términos del cuento pero no llegan a alcanzar los de la novela, ni aun la novela breve. Es de estos relatos, que Volpi considera tienen unas reglas propias, una dinámica en la que sobre el cuento sopla el “aliento épico” de una novela, de los que se compone este libro. En concreto, tres “narraciones” (¿por qué no este término?): A pesar del oscuro silencio, Días de ira y El juego del apocalipsis.
Estas tres narraciones no sólo están unidas por su longitud. Aunque de registros y tonos distintos (trágico e introspectivo en la primera; acelerado y paranoico en la segunda; más desenfadado y hasta a veces humorístico en la tercera), las tres giran en torno a un tema común (tratado, como se ve, de variada manera): el tema del guion, podría decirse, de cómo nuestras vidas pueden estar dirigidas y determinadas por terceros. A lo largo de los tres cuentos se asiste a la duda, a veces desde el ojo de la tormenta, a veces desde una posición en apariencia segura desde la que se ven venir nubes amenazantes, de si todos nuestros movimientos, nuestros pensamientos, lo que creemos íntimo, no estará siendo el realidad el juguete de un tercero. Una persona que se congracia con llevarnos a su gusto de un lado para otro, con establecer y romper nuestras relaciones, con de pronto extraernos lo más oscuro que late en nuestro interior.
En estos tres cuentos de Días de ira, bajo diferentes formas y distintos tomos, se plantea al fin y al cabo el eterno problema de quiénes somos, y de cuánta libertad tenemos. A veces estamos presos de nosotros mismos, de alguien oscuro y escondido que habita con nosotros; a veces somos simples marionetas, incapaces de entender por qué actuamos y hacia dónde nos movemos, como los personajes de una mala novela; otras, por último, pese a vivir una existencia relajada y pacífica, podemos estar siendo utilizados simplemente para el placer de un viejo rico y excéntrico.
Es a través de estas tres diversas formas como Jorge Volpi nos vuelve a plantear seguramente el problema humano por excelencia, que es el problema de nuestra libertad. Y uno piensa que muchas veces no es la altura del estilo ni mucho menos de la anécdota lo que conforma una buena narración, sino la altura de la pregunta que se formula. En este caso, de tres maneras diferentes.

martes, mayo 10, 2011

Sangre a borbotones, Rafael Reig

Lengua de Trapo, Madrid, 2011. 224 pp. 15 €

Luis García

Recupera la Editorial Lengua de Trapo dentro de la celebración del quince aniversario de LdT, uno de sus títulos más emblemáticos, la novela Sangre a borbotones, firmada por el entonces desconocido autor Rafael Reig, y amparada entre otras cosas por la cualidad de haber sabido ir ganándose un hueco dentro del panorama literario en curso. Conviene decir que estábamos ante una de las mayores, si no mejores, cosechas literarias de los últimos tiempos, por lo que desde el principio Sangre a borbotones estaba llamada a pasar desapercibida. Pero el tiempo, los buenos oficios del escritor y de la obra, y los piropos que algunos de sus colegas le dedicaran por ejemplo en la edición de la Semana Negra de Gijón del año 2002, obraron el milagro. Básicamente la novela es aparentemente sencilla y hasta lineal. En un Madrid irreconocible en el que El Paseo de la Castellana se configura como una de las principales vías de comunicación... marítimas, en un país en el que el Partido Comunista acaba de ganar las elecciones, en definitiva, en un contexto tan inverosímil como irreconocible, el detective Carlos Clot se enfrenta a los que posiblemente habrán de ser los tres casos más importantes de su carrera: la aparente infidelidad de la mujer de un empleado municipal, la huida de la supuesta hija adolescente, y aparentemente drogadicta, de un desesperado padre con pinta de maniquí de tercera generación, y la también desaparición —metanovela pura y dura— de la protagonista de la novela, Sangre a borbotones se titula, de un autor de tercera fila, que en un momento dado decide cobrar vida al margen de su creador. Mezcla de novela negra y de ciencia ficción y con un espectacular arranque de por sí tan disparatado como las 170 páginas siguientes, una cosa es cierta: Aunque en algunos momentos sufra altibajos narrativos y los árboles no dejen ver el bosque, no deja a nadie indiferente. Y eso de por sí ya es importante

lunes, mayo 09, 2011

La ciudad líquida y otras texturas, Filipa Leal

Trad. Luis González Platón. Ediciones Sequitur, Madrid, 2010. 80 pp. 10€

Alba González Sanz

Filipa Leal (Oporto, 1979) tiene a sus espaldas varios libros de poesía que permiten hablar de su obra con cierta perspectiva. La ciudad líquida y otras texturas se publicó originalmente en 2006. Es su segundo poemario, tras el cual aparecieron un tercero y un cuarto (O problema de ser Norte y A inexistencia de Eva) que bien merecen ser excusa para un viaje al país vecino o una incursión virtual por el fondo de su editorial lusa, Deriva.
Las vecindades, la habitabilidad de los espacios urbanos (de nuestra propiedad identidad como espacio vivible o meramente soportable), su configuración geográfica pero también espiritual recorren las páginas de esta primera traducción al castellano de su poesía. El concepto de lo líquido, lo fluido, lo inabarcable, opera como nutriente esencial en la visión de la ciudad que nos ofrece la poeta. Una ciudad en la que hay amor en formas diversas (colectivo, personal), como hay también un intento entre la filosofía y el desgarro por humanizar el hormigón y sus imágenes. Por vivir, en suma.
Filipa Leal es una poeta preocupada en extremo por el lenguaje. Es, en ocasiones, teórica. Sus símbolos trascienden la mera belleza y nos acercan a una personal visión del mundo en el que la palabra crea nuestra relación con el espacio. No es una banalidad, no es mera mímesis. El sujeto andante no pisa el mundo, lo interpela desde el lenguaje y sus usos: lamenta, alaba, protesta o mejora lo que observa desde lo textual. También crea alternativas o las desmonta. Una visión irónica bien medida para no caer en el escepticismo paralizante completa las armas de la autora para enfrentarse a lo urbano, a la postmodernidad, a sus (malditos) teóricos y a la propia vivencia a ras de cuerpo y de suelo. Todo ello con un punto de saudade pero sin clichés: hablamos de una poeta plenamente insertada en su contemporaneidad y lúcidamente crítica hacia ella.
Pero la poesía de Filipa Leal es a la vez bella. Decir que sus metáforas hacen trascendente lo cotidiano suena a trending topic de reseñista en apuros, pero lo cierto es que la mirada de esta escritora vecina se detiene en asuntos no comunes en la poesía de este lado de la frontera y eso es un plus para el deslumbramiento. No es sitio este para debatir las razones históricas que nos han configurado como dos países con geografías imaginarias alejadas la una de la otra ni soñar con la Iberia de Saramago. Sólo un apunte para celebrar que la obra de esta autora llegue aquí, por fin y ojalá vengan más.