Trad. Pedro Tena. Alba, Barcelona, 2009. 475 pp. 28 €
Julián Díez
Por alguna conversación con amigos y conocidos, parece que no soy la única persona que se siente interesada por la historia y que tiene la sensación de estar quedándose obsoleto por momentos. La mayor parte de las revistas del sector parecen bien demasiado superficiales, bien excesivamente especializadas; no hay un reflejo apenas en los medios de comunicación generales. Y cuando aparece un tema en televisión, generalmente resulta difícil discernir si la última novedad se trata de una macgufada, o de un descubrimiento de auténtico relieve.
El concepto de Gran Historia sirve para encajar bastantes de las novedades que pueden habernos pasado inadvertidas. La idea, lanzada por David Christian y que la profesora Stokes Brown convierte aquí en un libro divulgativo pero de aspiraciones totalizadoras, es la de reflejar en escala todo lo ocurrido desde el arranque del universo hasta hoy, con una perspectiva global, y utilizando avances en disciplinas como la geología, la ecología o la biología evolutiva para la interpretación de la historia humana.
El empeño no acaba de reflejarse por completo en el volumen, que dedica la mitad de sus páginas a la Era Cristiana, pero sí abre el apetito por buscar más información sobre el tema, y aporta datos de interés en diferentes campos. Así, mientras la información sobre Europa Occidental parecerá a muchos lectores superficial y acelerada, se dedican muchas páginas a las culturas orientales, africanas y americanas, con aspectos innovadores y que realmente contextualizan nuestro conocimiento estándar europeo de la historia.
En el debe del volumen, precisamente, están los excesos en la apreciación de cuestiones que parecen menores en el contexto de ese gran propósito; que la especulación sobre las posibles vías de expansión del boniato por Micronesia ocupen –literalmente- el doble de líneas que la I Guerra Mundial resulta una decisión un tanto excéntrica, y refuerza la sensación de que la autora se ha dejado llevar en bastantes momentos por sus entusiasmos, que obviamente están del lado de un sector de la historiografía que considera la era de los cazadores-recolectores como una cierta Arcadia feliz, y la civilización –concepto que incluso cuestiona- como una evolución sin demasiado rumbo.
Sin embargo, precisamente esa heterodoxia es la que trufa de datos novedosos –al menos para un lego como yo- el libro, que por lo demás se lee con agrado por el buen pulso de su autora y su capacidad para contagiar la fascinación que obviamente siente por ciertos hechos y periodos.
Julián Díez Por alguna conversación con amigos y conocidos, parece que no soy la única persona que se siente interesada por la historia y que tiene la sensación de estar quedándose obsoleto por momentos. La mayor parte de las revistas del sector parecen bien demasiado superficiales, bien excesivamente especializadas; no hay un reflejo apenas en los medios de comunicación generales. Y cuando aparece un tema en televisión, generalmente resulta difícil discernir si la última novedad se trata de una macgufada, o de un descubrimiento de auténtico relieve.
El concepto de Gran Historia sirve para encajar bastantes de las novedades que pueden habernos pasado inadvertidas. La idea, lanzada por David Christian y que la profesora Stokes Brown convierte aquí en un libro divulgativo pero de aspiraciones totalizadoras, es la de reflejar en escala todo lo ocurrido desde el arranque del universo hasta hoy, con una perspectiva global, y utilizando avances en disciplinas como la geología, la ecología o la biología evolutiva para la interpretación de la historia humana.
El empeño no acaba de reflejarse por completo en el volumen, que dedica la mitad de sus páginas a la Era Cristiana, pero sí abre el apetito por buscar más información sobre el tema, y aporta datos de interés en diferentes campos. Así, mientras la información sobre Europa Occidental parecerá a muchos lectores superficial y acelerada, se dedican muchas páginas a las culturas orientales, africanas y americanas, con aspectos innovadores y que realmente contextualizan nuestro conocimiento estándar europeo de la historia.
En el debe del volumen, precisamente, están los excesos en la apreciación de cuestiones que parecen menores en el contexto de ese gran propósito; que la especulación sobre las posibles vías de expansión del boniato por Micronesia ocupen –literalmente- el doble de líneas que la I Guerra Mundial resulta una decisión un tanto excéntrica, y refuerza la sensación de que la autora se ha dejado llevar en bastantes momentos por sus entusiasmos, que obviamente están del lado de un sector de la historiografía que considera la era de los cazadores-recolectores como una cierta Arcadia feliz, y la civilización –concepto que incluso cuestiona- como una evolución sin demasiado rumbo.
Sin embargo, precisamente esa heterodoxia es la que trufa de datos novedosos –al menos para un lego como yo- el libro, que por lo demás se lee con agrado por el buen pulso de su autora y su capacidad para contagiar la fascinación que obviamente siente por ciertos hechos y periodos.
Miguel Baquero
Ignacio Sanz
Sofía Castañón
Inés Matute