viernes, abril 24, 2009

El Padrino, Mario Puzo

Trad. Ángel Arnau Casas. Ediciones B, Barcelona, 2009. 477 pp. 20 €

Recaredo Veredas

Las peripecias de Vito Corleone y su desventurada prole no pueden separarse de los rostros de un maduro Marlon Brando y de un gélido Al Pacino. La trilogía ha devorado totalmente a la novela. No ha dejado ni los huesos. La obra que nos ocupa gozó de un tremendo éxito en el momento de su publicación. Luego fue totalmente desplazada, tanto que estaba fuera de catálogo antes de la actual reedición. Irremediablemente el lector no establece la comparación de la novela con la versión —como sí ocurre con Guerra y Paz, El Gatopardo o A Sangre Fría— sino al contrario.
El padrino es una obra magnífica e imperfecta. Puzo posee un consumado oficio y es capaz de manejar cientos de personajes y decenas de subtramas sin perder en ningún momento el control, sin dejar de emplazar a los personajes exactamente donde quiere y para lo que desea. Es un gran artesano, que posee arrebatos de genio. Entre las muestras de maestría destaca su capacidad para crear un mundo propio, regido por un código muy distinto al de los vulgares ciudadanos, unas leyes ágrafas que derrumban la omnipotencia y la presunción de inocencia del estado de derecho. La imperfección aparece en el tramo intermedio donde zonas apasionantes de la historia -el crecimiento del negocio durante la época que rodea a la segunda guerra mundial y la reveladora actitud de los Corleone frente al conflicto- están narradas con demasiada rapidez, parecen cercanas a la sinopsis sin que existan causas claras que lo justifiquen.
El planeta edificado por Puzo está regido por el Don, un personaje situado en los límites de la divinidad y la omnisciencia, protegido por una meticulosa red de pasos intermedios que imposibilitan su roce con los tribunales o la policía. Es un protagonista parco en matices, porque no los necesita. El mundo que ha creado los tiene por él. Su debilidad más destacada es su afición por Johnny Fontane, ese cantante arruinado, trasunto de Frank Sinatra. Por lo demás es una pieza de acero, llena de grietas, pero de interior macizo.
La mirada sobre el mundo de los Corleone es una traslación lógica de la lúcida filosofía siciliana, magistralmente expuesta en El Gatopardo o en El Breviario de los Políticos de Mazarino (que también tenía orígenes sicilianos). El estado nunca cuidará por sus ciudadanos. Es, únicamente, una plataforma que permite el enriquecimiento de los políticos, de los privilegiados y los arribistas. Quien no sitúe a su familia en alguno de esos escalafones, aunque sea a costa de su propia vida, será un esclavo hasta su muerte. Así lo afirma la cita de Balzac que abre el libro: «Detrás de cada gran fortuna hay un crimen». Y así lo constata el propio Puzo, escondido bajo los pensamientos del Don: «De pronto comprendió las mil oportunidades que para un hombre de su talento existían en aquel otro mundo, que antes había estado cerrado para él, como lo seguiría estando para todos los hombres honrados». Nos encontramos frente al mundo trazado por Hobbes sin otro Leviatán que uno mismo y su prolongación familiar. Todo está permitido y todo se perdona siempre que la causa del desmán sean los negocios, adquirir una mejor posición que permita la protección de la familia, incluso la muerte de un hijo. El peor delito es la colaboración con el estado: no en vano, el mayor enfado del Don ocurre cuando su hijo Michael decide alistarse al ejército: servir a los intereses de otros. Así contempla la Segunda Guerra Mundial: «El mundo era un oasis de paz para todos los que habían jurado fidelidad a su persona, mientras para otros muchos que creían en la ley y el orden era un infierno donde se moría como una rata». Su omnipotencia se define en una de las primeras escenas, omitida en la versión cinematográfica, en la que El Don se despide de su viejo consiglieri, enfermo terminal de cáncer, quien le solicita que medie ante Dios, porque sólo él puede evitar la condena eterna que le aguarda por sus imperdonables pecados. Son sus hijos, finalmente, quienes pagan las consecuencias de su temeridad: Sonny con la muerte, Fredo con la estupidez y Michael con la caída en el infierno. Sin duda este último es el gran personaje de la novela, como también lo es de las tres películas. La causa reside en el crecimiento: Michael evoluciona, de forma a la vez compleja y comprensible. El lector asiste a su descenso al horror con plena conciencia de su inevitabilidad. Es un auténtico personaje de tragedia griega, que debe afrontar un mundo mucho más cruel que el vivido por su padre (Algo debe cambiar para que todo continúe igual, afirmaba Lampedusa). Un mundo que ya no respeta las férreas tradiciones sicilianas, que deben combinarse con el feroz capitalismo de Wall Street, formando un cóctel que, irremediablemente, aboca a la perdición, a un nihilismo brutal e irremediable, una vez destruido el vínculo con el código de honor siciliano. No en vano la novela se cierra con los rezos de su esposa por la irremisible pérdida de su alma.
¿Cuál es la opinión de Puzo sobre los desmanes de sus personajes? Tal vez ahí resida el aspecto más revolucionario de esta obra. Como en la versión cinematográfica, oscila entre el repudio y una velada admiración. Al menos poseen una mirada sobre el mundo propia y actúan en consecuencia. Nos encontramos frente a una novela que ha mantenido su capacidad reveladora. Un oscuro manual de autoayuda, cuyas enseñanzas permanecen vigentes cuarenta años después de su escritura.

jueves, abril 23, 2009

Sólo un muerto más, Ramiro Pinilla

Tusquets, Barcelona,2009. 274 pp, 18.29 €

Salvador Gutiérrez Solís

Si Ramiro Pinilla hubiera trazado una trayectoria literaria “normal”, no me cabe duda de que ahora nos encontraríamos ante uno de los grandes autores en lengua española. Es más, y acogiéndonos a que lo “bueno” y lo “tardío” no casan mal en el refranero popular, a pesar de no haber trazado una trayectoria literaria “normal”, no me cabe duda de que nos encontramos ante uno de los grandes autores en lengua española.
Tras treinta años “apartado” de las grandes editoriales, tras haber ganado el Premio Nadal y el Premio Nacional de la Crítica con su primera novela, Las ciegas hormigas, Ramiro Pinilla ocupó su hueco en el escaparate de la actualidad regalándonos una trilogía tan épica como inmensa titulada Verdes Valles, Colinas rojas, con la que volvió a conquistar los galardones nacionales más prestigiosos.
Debo reconocer que he conocido a Pinilla en su regreso, y también he de reconocer que desde entonces busco su obra, presente y pasada, que saboreo como un raro y exquisito manjar. Antonio B. el Ruso se sitúa en ese presente y pasado que parece coexistir armoniosamente en este autor vasco, que, desde su vuelta, demuestra una vitalidad y fecundidad inusual, muy especialmente si comprobamos su fecha de nacimiento.
Como en Verdes Valles, Colinas Rojas, Ramiro Pinilla acude a su argumentarlo social, sentimental y/o geográfico en Sólo un muerto más. Y no sólo eso, en Sancho Bordaberri, el protagonista de la novela, hay mucho del propio autor. Pinilla, como Sancho, devoró a los Hammett, Chandler y compañía, y como su propio personaje, comenzó a escribir novelas negras en su juventud –necesitado de ser como ellos-, con idéntica fortuna. Y como Sancho, Pinilla un buen día descubrió que las historias, su historia, estaban ahí, sólo tenía que abrir los ojos y contar lo que veía.
Tras una guerra tan cruenta como la nuestra, la extraña muerte de uno de los gemelos Altube, años atrás, no merecía una especial atención. Remitámonos al título: Sólo un muerto más. Sin embargo, la resolución del misterio se convierte en el primer caso del librero/escritor Sancho Bordaberri, bautizado en su nueva faceta detectivesca como Samuel Esparta, en claro homenaje a Sam Spade. Sólo un muerto más es una novela negra, sí, pero es mucho más. Es un maravilloso ejercicio de metaliteratura, de creación en directo, una lección de cómo ha de ordenarse y contarse una historia. El enfrentamiento entre el poeta falangista y el novelista republicano me parece uno de los mejores y mayores ejercicios de estilo que he podido encontrar en una novela.
Y apoyándose en el género, ampliando sus fronteras o mestizando las reglas, Ramiro Pinilla nos habla del nacionalismo, de los desastres y odios generados por la Guerra, de España, del País Vasco, de la importancia de la tierra en la que uno nace y de las sombras que se esconden tras todos nosotros. Además, Sólo un muerto más es un homenaje a la Literatura, y así podemos encontrar el aliento del Quijote, la pulsión de los maestros de la novela negra y los grandes fundamentos de la novela realista. Pero, sobre todo, es la demostración del talento de un hombre/nombre esencial de la Literatura –con mayúsculas, por supuesto- en lengua española.

miércoles, abril 22, 2009

Premios Tormenta 2008: ganadores

Premio Tormenta al mejor libro publicado en castellano en 2008

Todos los cuentos, Cristina Fernández Cubas.
Tusquets, Barcelona, 2008.
507 pp. 24,00 €


«Yo tenía quince años cuando me enteré de que el demonio se llamaba nylon y a él, y sólo a él, deberíamos achacar los malos tiempos que se avecinaban. Me dijeron también que el mundo era cruel y pernicioso. Pero eso lo sabía ya, mucho antes de atravesar la herrumbrosa verja del jardín, escuchar sorprendida el lamento de los goznes oxidados y preguntarme, bajo un sol de plomo y con el cuerpo magullado por el viaje, cuántas chicas de mi edad habrían franqueado aquella misma verja y escuchado el chirriante y sostenido auuuu..., un saludo que tenía algo de consejo o advertencia.»

(Primeras líneas del relato "Mundo")


Cristina Fernández Cubas nació en Arenys de Mar (Barcelona) en 1945. Es autora de cinco libros de relatos (Mi hermana Elba, Los altillos de Brumal, El ángulo del horror, Con Agatha en Estambul y Parientes pobres del diablo), dos novelas (El año de Gracia y El columpio), una obra de teatro (Hermanas de sangre) y las memorias narradas Cosas que ya no existen, títulos que han recibido un caluroso tratamiento por parte de la crítica y del público, y que configuran uno de los universos literarios más singulares de la literatura contemporánea. Su obra está traducida a diez idiomas. En 2008 ha publicado con Tusquets, su editorial de toda la vida, Todos los cuentos: todos sus libros de narrativa breve, más algún relato disperso y un jugoso prólogo de Fernando Valls.
Hablar de Cristina Fernández Cubas es hablar del cuento en España en los últimos veinticinco años; de hecho, la publicación de sus relatos reunidos se ha convertido en el acontecimiento literario español de 2008, refrendado por los premios Ciudad de Barcelona, Salambó, Cálamo, y ahora este Tormenta.



Premio Tormenta al mejor nuevo autor en castellano

Rosas, restos de alas, Pablo Gutiérrez.
La Fábrica, Madrid, 2008.
103 pp. 14 €


«Página impar, autodefinido: vivo de mi trabajo, gano lo justo para poder tener deudas, me educaron con tibios valores, ayudaría a una anciana pero no si la anciana, además de cruzar la calle, quisiera tomarse un café con leche y hablar conmigo de todo lo que echa de menos. Desconfío de la administración, creo que la política es un cuento, miro las etiquetas de caducidad, no bebo agua del grifo, en una discusión defendería con vehemencia mis puntos de vista pero al llegar a casa sentiría vergüenza de mi soberbia, pues de nada estoy tan seguro. Educación pública y por tanto clase media sin aspiración de tirar de las riendas de nada, podría permitirme tener hijos, el gobierno desearía que los tuviera pronto, nuevos afiliados a la seguridad social y sobre todo cons tante consumo de diversos productos de alimentacióne higiene, además de seguros de vida, créditos personales, electrodomésticos, un coche nuevo, compromisos que harán que en el trabajo mire para otro lado cuando sienta que muero por escurrirme de la ajustada camisa de mis rutinas. Como los demás, antes de hacer nada todo lo pienso, heredé miedos católicos y ralo cartesianismo, desprecio a quien de otro modo actúa, al que defrauda y decide levantar en una cañada una casa con piscina y pozo ciego, no es el modo correcto de hacer las cosas, los chicos que beben en la calle comienzan a parecerme unos vándalos.»

(Primeras líneas de Rosas, restos de alas)


Pablo Gutiérrez nació en Huelva en 1978. Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Durante un tiempo trabajó como redactor para algunos periódicos locales, pero pronto decidió dedicarse a la enseñanza: actualmente es profesor de lengua y literatura en un instituto de enseñanza secundaria, y vive en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). En 2001 publicó Carne de cerdo, una obra de teatro que quedó finalista del Premio Miguel Romero Esteo de dramaturgia. Rosas, restos de alas, que en 2008 publicó La Fábrica en su muy notable colección de novela corta, es su primera novela.
Desde La tormenta en un vaso hemos creado esta nueva categoría con el objetivo de resaltar la obra de un autor o autora, con un máximo de dos libros publicados, y que suponga ya una apuesta no de futuro, sino de presente. Rosas, restos de alas ha sido el título que, cumpliendo estos requisitos (se trata del segundo título que se edita de Pablo Gutiérrez), ha obtenido más votos en la categoría absoluta de mejor libro en castellano.



Premio Tormenta al mejor libro traducido al castellano en 2008

Lo infraordinario, Georges Perec.
Traducción de Mercedes Cebrián.
Impedimenta, Madrid, 2008.
128 pp. 15,50 €


«Jueves 27 de febrero de 1969, sobre las 16 h

La rue Vilin empieza a la altura del nº 29 de la rue des Couronnes, frente a unos edificios nuevos, viviendas de protección oficial recientes que ya tienen algo de viejas.
Sobre la derecha (acera de los pares), un edificio de tres cuerpos: una fachada que da a la rue Vilin, otra a la rue des Couronnes, la tercera, estrecha, describe el débil ángulo que forman las dos calles entre ellas; en la planta baja, un café restaurante con escaparate azul cielo adornado en amarillo.»

(Primeras líneas de "La rue Vilin", que abre Lo infraordinario)


Georges Perec es un viejo y querido conocido de La Tormenta en un Vaso. Nació en París en 1936, y fue uno de los escritores más sorprendentes, geniales e imaginativos del siglo XX. Miembro de Oulipo, su obra literaria abarca todos los géneros: narrativa, poesía, ensayo, teatro y guión cinematográfico. También elaboró los crucigramas semanales de la revista Le Point de París.
Su primera novela, Les choses (Las cosas; trad. Josep Escué, Anagrama, 1992), obtuvo el premio Renaudot y se publicó en 1965. En 1969 vio la luz La Disparation (El secuestro; trad. Marisol Arbués et al., Anagrama, 1997), una curiosa novela en la que nunca aparece la letra e (a, en la traducción al castellano). Con La Vie mode d'emploi (La vida: instrucciones de uso; trad. Josep Escué, Anagrama, 1988), una original mirada parcial pero totalizadora de un edificio, sus lugares y sus habitantes, obtuvo el Premio Médicis en 1978.
Un año antes había publicado Je me souviens, inexplicablemente inédito en castellano hasta que, en 2006, Yolanda Morató lo tradujo como Me acuerdo para la editorial Berenice, en una edición que ya obtuvo el Premio Tormenta en esta misma categoría. Perec murió en Ivry-sur-Seine, víctima de un cáncer, en 1982.
Según la nota de contraportada, «la materia de Lo infraordinario [que publicó Seuil en 1989] son los cimientos que sustentan la literatura, la observación apasionada y asombrada de lo usual, el cuestionamiento de lo que parece incuestionable; son los paseos de un escritor que trata de ver la realidad con ojos de recién llegado y que pinta una y mil veces el mismo cuadro, como un impresionista». Impedimenta publicará este mismo 2009 otro nuevo Perec, Un hombre que duerme, también traducido por Mercedes Cebrián.

Mercedes Cebrián (Madrid, 1971) es autora del libro de relatos y poemas El malestar al alcance de todos (Caballo de Troya, 2004) y del poemario Mercado Común (Caballo de Troya, 2006). Sus textos han aparecido en los diarios El País y La Vanguardia y en las revistas Turia, Revista de Occidente, Diario de Poesía (Argentina), Eñe o Clarín. Por esta traducción de Lo infraordinario ha recibido el Premio Mots Passants, que el Departamento de Filología Francesa y Románica de la UAB concede a la mejor traducción literaria del francés al castellano publicada en 2008.

martes, abril 21, 2009

Premios Tormenta 2008: finalistas (mejor libro traducido al castellano)



El ladrón de chicles, Douglas Coupland.
Traducción de Bruno Menéndez.
El Aleph, Barcelona, 2008.
288 pp. 18 €






La maravillosa vida breve de Óscar Wao, Junot Díaz.
Traducción de Achy Obejas.
Mondadori, Barcelona, 2008.
309 pp. 22,90 €






Ágape se paga, William Gaddis.
Traducción de Miguel Martínez-Lage.
Sexto Piso, Madrid, 2008.
116 pp. 17 €






Los hombres que no amaban a las mujeres, Stieg Larsson.
Traducción de Martin Lexell y Juan José Ortega Román.
Destino, Barcelona, 2008.
666 pp. 22,50 €






Lo infraordinario, Georges Perec.
Traducción de Mercedes Cebrián.
Impedimenta, Madrid, 2008.
128 pp. 15,50 €






Botchan, Natsume Soseki.
Traducción de José Pazó Espinosa.
Impedimenta, Madrid, 2008.
238 pp. 19 €

lunes, abril 20, 2009

Premios Tormenta 2008: finalistas (mejor libro en castellano)



Todos los cuentos, Cristina Fernández Cubas.
Tusquets, Barcelona, 2008.
507 pp. 24,00 €


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Derrumbe, Ricardo Menéndez Salmón.
Seix Barral, Barcelona, 2008.
192 pp. 16,63 €


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Amarillo, Félix Romeo.
Plot, Madrid, 2008.
160 pp. 15 €


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El país del miedo, Isaac Rosa.
Seix Barral, Barcelona, 2008.
320 pp. 19,50 €


La lección de anatomía, Marta Sanz.
RBA, Barcelona, 2008.
300 pp. 18 €


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