VIII Premio Internacional de Poesía Generación del 27. Visor, Madrid, 2007. 90 pp. 8 €
«Dime tú si al final tendré que arrepentirme», concluye la voz protagonista de uno de los poemas de
Marea humana, el libro más reciente de
Benjamín Prado (Madrid, 1961). En esta galería de arquetipos morales caben los remordimientos y las acusaciones, pero también la reflexión y la alegría, pues en
Marea humana desfilan los malos y los buenos. Cada poema dibuja el modelo de una actitud, de un posicionamiento, fluctuando entre la primera y segunda persona del singular, rematándose en la mayoría de ocasiones con unos últimos versos que transforman la persona, y con ello el receptor —y el sentido— del texto. Se distribuyen en tres bloques, “Marea humana”, “El enamorado” y “Marea humana” de nuevo, aunque yo los considero uno solo, pues el segundo es un poema muy extenso —ocho partes de varias páginas cada una— que obedece a la misma estructura que el resto de composiciones del libro. Y cada poema se titula, a su vez, como esa figura a la que aluden: “La rencorosa”, “El soñador”, “El sabio”, “El derrotado”, “El humilde”...
Marea humana tiene mucho de —en el mejor de los sentidos— tratado de ética y moral. Es una obra severa, aunque tranquila: el autor obedece a
Garcilaso y se para a contemplar el estado del mundo que nos rodea, esa sociedad cuya aceleración nos condena a la uniformidad, moldeando a la marea humana más que al conjunto de todos nosotros.
Marea humana planta cara a lo colectivo, nos reivindica a cada uno por nuestro valor intrínseco. De esta forma, el lector aborda este poemario como una consecuencia lógica de su antecesor,
Iceberg (XXIII Premio Ciudad de Melilla; Visor, 2002). Mientras
Iceberg poetizaba un listado de nombres propios trágicamente desaparecidos, sirviéndose de experiencias individuales para alcanzar un objetivo global, en
Marea humana sucede al revés: se proyectan las experiencias colectivas hasta resultar un único personaje, individual e independiente. Recurriendo al simbolismo de sus nombres,
Iceberg sugería lo que en
Marea humana se desborda.
En este sentido,
Marea humana me parece una obra muy diferente a las —me limito a su obra poética, pues
Prado es también narrador y ensayista— anteriores del autor. Igual que en ellas, por
Marea humana se pasean —mediante cita de su obra o alusión directa a su persona—
Edmond Jabés,
John Keats,
Pablo Neruda,
Federico García Lorca,
Luis Cernuda,
Mahmud Darwish,
Hugo Mujica,
Rafael Alberti —el máximo referente, junto con el ya mencionado
Neruda y
Juan Gelman, de este
Marea humana—,
W.H. Auden,
Juan Ramón Jiménez y
Antonio Machado, pero a diferencia de ellas, sus vidas y palabras no derivan en poemas, sino que se exprimen para ser utilizadas por otros, y ahora sí producen literatura. En
Marea humana los poetas no viven en los poemas de
Benjamín Prado, sino que viven en los personajes —«(...) Pablo,/ el panadero;/ Hassan el sastre,/ o Evo el albañil»— de los poemas de
Benjamín Prado. Estos versos —de arte cada vez menor, algo inusual en
Prado— sirven, más que nunca, para algo: son un arma cargada de futuro.
Calificaríamos
Marea humana de libro político por su alto nivel compromiso —sirvan como ejemplo los poemas “El ecologista” y “El inmigrante”, o la cara y la cruz, “La víctima” y “El terrorista”—, pero también un libro poliédrico: sobre el amor, el respeto, la valentía... Quienes no conozcan al
Prado poeta debutarán con un libro raro en su trayectoria, y quienes no se estrenen con
Marea humana —cuya portada es una de las más hermosas de Visor, junto con la del
Poema sucio de
Ferreira Gullar— disfrutarán de una voz que afina un tono que no conocíamos. La cita con que iniciaba esta reseña pertenece, significativamente, al poema —disculpen la redundancia— “El poeta”. Sobra decir que
Benjamín Prado no puede —ni debe— arrepentirse de esta
Marea humana, de este viraje ético y estético, sino enorgullecerse: renovarse o morir.